La regeneración de Avilés

Por Alberto del Río Legazpi (26 de noviembre, 2010)

Una vistazo a los últimos treinta y cinco años nos revela la metamorfosis de la ciudad.

Hace unos días estuve paseando y charlando con un escritor, que no identificaré por expreso deseo suyo, encargado por un importante medio europeo, de analizar y calibrar “a esa ciudad que había sido elegida como sede del Niemeyer”. Se quedó asombrado, pues la imagen estereotipada que traía de Avilés, no se correspondía con la que pudo conocer.
Lo que viene ocurriendo en Avilés, entre el último tercio del siglo XX y comienzos del XXI, figurará algún día en los libros de historia, sociología, etc. Los textos podrían ser del siguiente talante descriptivo: “Fue por entonces cuando, la antigua ciudad asturiana de Avilés, inició un sorprendente renacimiento…”
Dado que lo estamos viviendo en riguroso directo, puede que no dispongamos de la perspectiva suficiente para poder apreciar en toda su dimensión este fenómeno de la transformación de Avilés, en el que cuenta la adquisición de nuevos valores, mientras se recuperan otros histórico-artísticos. Esta modernización se está efectuando a un ritmo vertiginoso, a pesar del enorme trauma que supuso la pérdida de miles de puestos de trabajo originados por el cierre de instalaciones siderúrgicas, aquí asentadas desde 1950.
A lo mejor hay que pensar que otra ciudad hubiese sucumbido a aquella tragedia empresarial. Puede que nos tengamos que mirar en espejo más fiables, para comprobar que en realidad somos un poco más guapos de lo que creíamos o nos hacían ver algunos. Hay que restarle mucho terreno al pesimismo.
A efectos de agitar memorias, acudimos a algunos hechos de calibre singular, que son los que sirven para medir el cambio:
Adquisición -para uso público- de terrenos que conforman el actual parque de Ferrera. Sus 92.000 metros cuadrados lo convierten en el mayor, entre los céntricos, de Asturias.
Rescate y rehabilitación de los monumentales palacios de Ferrera, como hotel de cinco estrellas (único en Asturias, junto con el Reconquista ovetense, de tal categoría) y el de Camposagrado como sede de la Escuela Superior de Arte del Principado, que ya otorga títulos universitarios.
Saneamiento integral de la Ría de Avilés. La mayor obra pública en la historia de la ciudad, complementada con la restauración, lenta pero continuada, de su casco histórico, totalmente peatonalizado.
La instalación de nuevas empresas que ya destacan internacionalmente por su tecnología punta. Capítulo al que se ha unido el Ayuntamiento, pionero en España a niveles informáticos, por la instalación gratuita, de la red wifi por amplias zonas de la ciudad.
Y la guinda del pastel, claro, es el Niemeyer.
Esta innegable regeneración de Avilés, está por calificar si como evolución o como revolución.
La Historia juzgará.

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Una histórica merluza

Por Alberto del Río Legazpi (8 de noviembre, 2010)

Los laberintos de la historia son sigilosos, pero si coges un buen cabo de hilo y empiezas a tirar del ovillo te pueden llevar a madejas sorprendentes. Algo así como lo del sector inmobiliario y esta crisis del copón del mundo mundial.

El otro día le expliqué cuidadosamente a un amigo, que ha venido a mojarse aquí, la forma de condimentar la merluza a la avilesina, una de las originalidades culinarias locales. Y lo hice tal como Aurelio Fernández, el recordado “Aurelio, el de La Serrana”, me lo transmitió a mí en su día. Advertí al veraneante sobre el toque mágico que singulariza a este manjar marinero de otras merluzas cocinadas.

Cuando ayer le pregunté por el guiso, su respuesta fue sorprendente:

-Pues mira. No se si sabrás que las dos principales fiestas de Avilés tienen su origen en el estado norteamericano de Florida. Cuando Ponce de León descubrió, hace 488 años ese territorio fue el día de la festividad de la Pascua Florida y por ello lo bautizó como Florida. Y San Agustín es hoy la gran fiesta estival de aquí gracias a que Pedro Menéndez de Avilés le puso ese nombre al primer asentamiento europeo en los EE UU, porque arribó con su flota aquel día de agosto de hace 436 años. O sea, que tanto la fiesta de Pascua como la de San Agustín son un reflejo regalado de las Américas.

–Oye, oye… Que el fundador de las fiestas de Pascua avilesinas fue Claudio Luanco, hace poco mas de cien años.

–No olvides que era un médico erudito de Castropol, él selló científicamente la Pascua Florida con San Agustín. ¿No has leído nada sobre las tesis equidistantes de la escuela de Francfort?

–Pero hombre, ¿Qué demonios dices? San Agustín es patrono -y artificial- de Avilés desde el siglo XIX. El tradicional es San Nicolás.

–Elemental tío: San Nicolás es Santa Claus, el icono navideño de los norteamericanos. Y este debe ser el toque mágico al que tú te referías.

–Bueno, anda. Vale, vale… ¿Y que tal la merluza?

– ¡Jo, tío! Cogí una de campeonato. Fueron diez botellas de sidra, desde las diez de la noche hasta las dos de la madrugada, en una tasca de Sabugo, mientras leía un libro histórico sobre Avilés en el país de las maravillas. O algo así…

Las reflexiones históricas son, en ocasiones, inescrutables. El de la merluza a la avilesina, de mi amigo, debe ser una de ellas.

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