Avilés y el Imperio romano

Por Alberto del Río Legazpi (27 de noviembre, 2009)

Avilés llegó a tener cerca de 140.000 habitantes, hace cerca de mil seiscientos años.

Los romanos llegaron a Avilés en el año 379, “cuando el emperador Teodosio ciñó la diadema del Imperio”, según un legajo de manuscritos que cuida como oro en paño el sacristán de Vallines, en San Pedro Navarro. Como el archivo histórico de San Cristóbal de Entreviñas, que guardaba considerable cantidad de pergaminos, fue destruido por un incendio, sólo quedan por testimonio único, los manuscritos del rapavelas, trascritos por José Benigno García y difundidos a continuación.
Por ellos sabemos que los romanos vinieron a Avilés en corto número, pero como “las avilesinas gozaban ya por entonces la fama de hermosura se casaron casi todos”, multiplicándose de tal forma, que la población llegó a ascender a 140.000 habitantes, aunque “es de advertir que las murallas de la villa no existían todavía en aquel tiempo”.
La indumentaria femenina consistía en holgada bata de seda, la masculina en una toga, “enaguas y calzoncillos eran desechados por incómodos”.
El gobierno estaba formado por una curia de diez individuos, elegidos por sí mismos, entre los de mayor riqueza o audacia. Eran paganos y entre los ídolos que veneraban descollaba la diosa Galiana.
Las mercancías entraban libres de toda gabela, excepto azafrán y garbanzos, manjar predilecto de los avilesinos de aquel tiempo, así como la fabada con morcilla. La industria la formaban fábricas de sombreros de paja y alpargatas de cáñamo “exportadas a todo el globo terráqueo”, así como productos alfareros de Miranda, del Martinete del Vidriero, los finos paños de lino y los jamones, que ya entonces tenían fama universal.
El idioma era un latín “tan bastardeado y maltrecho, que de oírlo Cicerón, dudaría si los que en él se expresaban eran oriundos de China o nacidos en Bañuges”. La esclavitud había desaparecido y nobles y plebeyos “fraternizaban a menudo en los lagares de sidra”.
Todo esto que trascribo lo ha dejado por escrito José Benigno García, famoso literato de Avilés, al que en agosto de 1927 cuando se colocaron las placas que llevaban el nombre de la nueva calle (Marcos del Torniello) a él dedicada, agradeció el homenaje con estas palabras: «Ye tanto el calor que fa-i, que azumbame la pelle¬ya, con esto de guirigay, de honráme con una cai, sobrándome una caleya», que descolocaron a las autoridades y provocaron el jolgorio del personal, algo habitual en tan singular como campechano ciudadano de Avilés, autor de mucha obra poética en bable y co-autor de la “Historia cómica de Avilés” en castellano.
Mañana, 28 de noviembre “Marcos del Torniello” (o sea José Benigno García) cumpliría 152 años de su nacimiento. Felicidades.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(71) | noviembre 2009 |

Las nanas y los ni-ni

Por Alberto del Río Legazpi (20 de noviembre, 2009)

Crecen los ni-ni (los que ni estudian, ni trabajan) y decrece el canto de nanas.

El declive de la oralidad sigue haciendo estragos. Este ocaso de la palabra, es uno de los más desgraciados signos de este tiempo tan brillante en otros Cristianos, Almodóvares y Alonsos.
Ejemplo de esta estúpida mudez, de esta apatía de comunicación, es “El gran libro de las nanas”, de Carme Riera, que recoge esta poesía infantil desde tiempos medievales hasta ahora. Nos descubre una práctica, toda una “medicina” literaria -hoy en declive- para sumirte en los sueños. Pena, penita, pena. Nunca he conocido sedante tan encantador como efectivo para acercarte a Morfeo. D niño me aprovechaba de las nanas que mi madre cantaba para dormir a mi hermano pequeño, embarcándome yo de polizón en aquel navegar hacia los benditos sueños.
Dice Riera que la historia de las canciones de cuna es también la de la sensibilidad, trasmitida de generación en generación, aunque en el siglo XX se convierte en un género literario trabajado por poetas como Pepe Hierro, Gloria Fuertes o Miguel Hernández con sus nanas de la cebolla, tan popularizadas por Joan Manuel Serrat.
Y mientras este pan melancólico decrece, crece vertiginosamente la generación ni-ni: jóvenes que ni estudian, ni trabajan. Ni en Asturias y en la Conchinchina.
En esta aborregada caída de valores éticos a la que -agilipolladamente- asistimos en directo, ya ha surgido el fruto lógico: toda una generación apática, indolente y consentida en su burbuja familiar. Y crece esta actitud ni-ni entre adolescentes y jóvenes, que rechazan estudiar y trabajar.
Anteayer, si no podías -o no querías- estudiar te ponías (o te ponían) a trabajar. Ayer se fue bajando ese listón. Hoy nada, casi.
Una encuesta de Metroscopia muestra que el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años, dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. Y ahora resulta que la crisis remata esta actitud indecisa de la generación citada, tan consentida como apijotada.
Puede que gran parte de los ni-ni, en su niñez, no hayan sido dormidos con nanas cariñosas, sino con somníferos, método más rápido -y prosaico- para poder ir cuanto antes a ver la tele o a tomar una caña.
Esto, tan espantoso, es sin embargo acorde con demasiadas conductas sociales y familiares actuales. O sea que es lógico. Y derrumba la teoría de aquellos que defienden que la lógica no tiene explicación.
Se acabaron los síntomas de decadencia que sentíamos hasta ayer. Hoy son una realidad. Y no hay cataplasmas éticas para remediarlo.
Asi que si de las nanas “ná de ná”… de los ni-ni, ni eso.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(53) | noviembre 2009 |

Atlántico, mejor que Cantábrico

Por Alberto del Río Legazpi (13 de noviembre, 2009)

Hay que utilizar, a fondo, la terminología para universalizar la imagen de Asturias.

En un coloquio, una señora me preguntó por qué escribía océano Atlántico, cuando me refería el mar Cantábrico. Pues, por universalizar Asturias, señora, por darle ese empujón que necesitamos hacia la modernidad.
Escribió Rosa Corujedo, que somos pocos, pero vagos y mayores. O sea que hay que tender -para lograr ese futuro de pocos pero más hermosos- hacia las nuevas tecnologías, cosa que vamos enroscando poco a poco. Y hacia la multiplicación mediática en la difusión nacional e internacional del territorio astur. Virgen y triunfal, paraíso natural, trazado desde el verde hacia azul, un arco entre Taramundi y Llanes.
Aunque no hay mayor símbolo asturiano que los Picos de Europa, tremendas, hermosas y míticas montañas que se desploman inmediatamente sobre el Atlántico
Europa y Atlántico, son términos de universalidad.
Hace siglos, cuando los navegantes provenientes de otros continentes avistaban grandes montañas en las cercanías de la costa, sabían que habían llegado a Europa. De ahí el nombre, casi de leyenda.
Por tanto, esto pide multiplicación de promoción, al igual que se está haciendo con las tres ciudades asturianas. Mostradas, hace un par de años por dos influyentes periodistas, tal como sigue.
El francés Jacques Thomet, en crónica titulada “La bella durmiente” escribe que: Entre ver Gijón, como lo vi en el año setenta y hoy, impresiona. Era una ciudad negra, como su «Semana» actual, y se volvió limpia. Sólo le falta no sustituir sus sidrerías antiguas por cafeterías sin vida. La sidra es un icono que atraerá a buena parte de los turistas hacia Asturias en el futuro… Oviedo se ha convertido en la capital más bella del norte de la Península. Avilés planean adornarla con un centro cultural imaginado por Oscar Niemeyer, el fundador de Brasilia, frente a aguas hoy verdes que vi negras y hediondas hace pocos años.
El danés T. Nielsen destaca que: “Gijón tiene un acuario emocionante y una universidad laboral increíblemente pomposa (…) Oviedo un elegante barrio antiguo alrededor de la catedral con graciosas tiendas antiguas. Y en Avilés (por la que la mayoría de la gente pasa de largo pensando que es una pesadilla industrial a causa de las vistas desde la autopista) el centro de la ciudad es un pequeña perla que un día será nombrada patrimonio de la humanidad por la Unesco. Si uno es joven y quiere conocer a jóvenes españoles, este es el lugar dónde hacerlo. El centro de la ciudad con largas aceras de soportales, se llena todas las noches de gente joven”.
Reconforta ver como nos ven. Pero trabajo costó. Y sigue costando.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(58) | noviembre 2009 |

Autodefensa de Asturias

Por Alberto del Río Legazpi (6 de noviembre, 2009)

Anteayer fui testigo de la reacción de una señora, aparentemente subida ya en los ochenta años, cuando un “chorizo” intentó apropiarse de su bolso. Fue en el barrio de Sabugo, que como dice la copla traidora es “barrio muy puñetero donde todo huele a besugo y a suelas de zapatero”.
De repente aparece un tipo corriendo como un descosido y al llegar a la altura de la señora le tira del bolso, intentando arrebatárselo. La dama muy aferrada a su bolso, y por el efecto del arrastre, giró sobre si misma por dos veces como un muñeco de feria, mientras mantenía a duras penas el equilibrio con su paraguas. Y al completar el segundo volteo tal y como si actuara movida por un resorte, le solmenó un paraguazo al tipo en plena cara, dejándole maltrecho, aunque no lo suficiente como para que pusiera pies en polvorosa en medio de alaridos de dolor.
Luego, la señora, muy digna se dirigió a los tres o cuatro que, en un visto y no visto, habíamos presenciado tan efectivo ejercicio de autodefensa: “A lo mejor, ahora detiénenme a mí por dai un paraguazo”.
Hace quince días en una aldea de Siero tres ancianos, mayores de 77 años, evitaron un atraco a mano armada en su vivienda, defendiéndose con lo que tenían a mano: una muleta, un insecticida y aguafuerte embotellada.
Los agresores que iban armados efectuaron un disparo de escopeta, pero a continuación recibieron una somanta inenarrable, entre uno que les atizaba muletazos a destajo y los otros dos que los regaban sin parar con los agresivos líquidos. Ante semejante despliegue defensivo comenzaron los cacos a retroceder. Y fue tal su frustración que acabaron arrojando una pistola contra una ventana de la vivienda para luego emprender la huida en medio de aullidos de dolor, dejando rastros de sangre.
Uno de los ancianos, Benigno Suárez, declaró a la Guardia Civil haber sentido gritar a los atracadores, «pero como toy un poco sordu, no sé muy bien lo que me decíen».
Habrá que replantearse eso de que los asturianos estamos en crisis. Al menos mientras nos dure esta cosecha de tercera edad. Y que un pelín sorda gana en finura.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(37) | noviembre 2009 |