El fulgor del hospital de Jove

Por Alberto del Río Legazpi (23 de octubre, 2009)

La investigación asturiana logra, en Gijón, un extraordinario avance médico.

Hace unos días nos desayunamos con el hallazgo científico logrado por la Unidad de Investigación de la Fundación Hospital de Jove, centro médico enclavado en una cresta gijonesa, sobre El Musel y frente al Océano Atlántico.
Jean Rostand, escribió que la investigación científica es la única forma de poesía que está retribuida por el Estado. Eso se acabó en buena parte, y hoy universidades y empresas privadas se implican en ella.
En la Universidad de Oviedo, varios equipos realizan labores de investigación, poco publicitadas, exceptuando las que dirige López Otín.
El pequeño centro de de Jove es el hospital asturiano más activo en estas labores. Hace poco los doctores Safwan Escaf y Francisco Vizoso fueron noticia, al haberles financiado un laboratorio inglés su importante investigación sobre el cáncer de próstata, en la que Escaf sigue trabajando, compabilizándolo con cirugía y consulta en su servicio urológico.
Por su parte, el cirujano Vizoso, jefe de la Unidad de Investigación, dirige varias líneas de trabajo, una de ellas -la formada por un equipo de nueve especialistas- fue la que logró el reciente y extraordinario avance en medicina regenerativa, gracias al descubrimiento de un tipo de células madre procedentes del útero de mujeres en edad fértil, que tienen un «extraordinario» potencial para regenerar tejidos dañados y por tanto con aplicaciones en el tratamiento de enfermedades como el alzheimer, la artritis o la metástasis tumoral.
En algún sitio leí que mientras la historia de la generosidad humana avanza con vertiginosa lentitud, la de la técnica científica avanza a velocidad de vértigo. Pero, echándole humor: todo es relativo, porque si clonas a un hombre eres un científico, pero si clonas a un billete eres un estafador.
Los poderes públicos, carentes de sentido del humor, sabrán que la cosa de la investigación que llevan a cabo en Jove es importante en grado sumo. Decía Arthur Schawlow que “para hacer investigación científica con éxito no es necesario saberlo todo, basta con saber una cosa no conocida”. En Jove han dado con ese quid, pero necesitan ahora de urgente inversión económica, hasta ahora participada por la empresa biotecnológica Project.
La expectación generada por el descubrimiento de Jove hace necesaria la urgente intervención de las instancias oficiales, para que el trascendental proyecto siga desarrollándose en Asturias y no nos lo mastiquen en Houston (Texas), por ejemplo.
Nunca, la investigación científica asturiana estuvo ante desafío de tal magnitud. Es un razonado diagnóstico, ante el que se espera que tanto el Principado de Asturias como el Reino de España, se den por enterados. Y actúen. Pero ya.

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Plaza y plazo

Por Alberto del Río Legazpi (16 de octubre, 2009)

He leído que se estudia cambiar los nombres de algunas calles y plazas de Avilés

Es histórico que de vez en cuando el callejero de Avilés sufrió meneos, cuando no turbulencias descomunales, en las denominaciones de sus calles y plazas.
Algunos piensan que estos cambios forman parte de un deporte concejil, pero aun habiendo algo de eso, lo que está en el origen del bamboleo del nomenclátor -de calles, plazas, avenidas y demás familia- son los acontecimientos sociopolíticos nacionales.
Anteayer se presentó la pasarela que unirá, peatonalmente, el centro de la ciudad con el Niemeyer y que partirá de la plaza del Pescado, como así viene siendo conocido este lugar desde que en 1918 se construyera en él un edificio (diseñado por Antonio Alonso Jorge) destinado a mercado de pescados. Antes, en 1866, fue parque (diseñado por el ingeniero municipal Adolfo de Soignie) bautizado como Alameda Vieja, y posteriormente, en 1892, rebautizado como Plaza de San Sebastián. Pero en 1929 se le recambia el nombre por el rumboso de Plaza de La Reina Doña María Cristina y en 1938 -vuelta la burra al trigo- le asignan el que ha resistido hasta nuestros días y que es la de Santiago López, rotulada como “Plaza de Santiago López. Marqués de Casa Quijano”, caballero al que nadie conoce en Avilés ni a las horas de comer.
En todo ese tiempo, que va de 1918 hasta ahora, y exceptuando a los carteros por cuestión de oficio, nadie ha conocido a dicha plaza por otro nombre que la Del Pescado.
En ella desemboca, la que será la calle postmoderna del casco antiguo: la de Ruiz Gómez (en tiempos Cuesta de Corugedo), pero a la que todo el mundo conoció siempre como “Calle de La Cárcel”, pues allí está ubicada la actual oficina de turismo, en tiempos cárcel del partido judicial. La vía se desliza cuesta abajo, a toda leche, proveniente del corazón del casco histórico (es decir de la Plaza de España -El Parche para los avilesinos desde 1893- y anteriormente Plaza de la Constitución o Plaza Mayor o Plaza de Fuera de la Villa) desembocando en la plaza Del Pescado, antesala de uno de los futuros de Avilés: el Centro Internacional Oscar Niemeyer.
Dos plazas y una calle, en un palmo de terreno, que nadie conoce por su nombre oficial. Que hay que actuar, y a corto plazo, es evidente.
Sería conveniente crear una comisión municipal encargada de darle otro envite al callejero y a ver si de una puñetera vez se cuadra el puzzle de nombres con la dichosa tradición. Hágase un sosegado -que no lento- estudio con estudiado rigor, porque como dicen que dijo Campoamor: no correr que ye peor.

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Hay que tener huevos

Por Alberto del Río Legazpi (9 de octubre, 2009)

Hay que tener huevos en casa. Y frescos, porque es alimento que encierra muchas virtudes tras la cáscara.
Prueba de ello es que hoy, por ser segundo viernes de octubre, se celebra -en 153 países- el Día Mundial del Huevo, con múltiples actividades. La International Egg Comisión (Comisión Internacional del Huevo) afirma que “no nos imaginamos un mundo sin huevos, porque sin él dejarían de existir muchas creaciones gastronómicas, ¡bendito huevo!”. En España, estos actos de los huevos están organizados por el Instituto del Huevo.
Pero también es importante gramaticalmente, porque su variedad terminológica le hace resolver, con gran éxito expresivo, situaciones de todo tipo. Desde este punto de vista, el léxico gramatical español, vale un huevo.
Políticamente hablando, cuando se dice que Rajoy no ve un huevo, es porque recomienda indiferencia al PP ante el enorme caso de corrupción en su partido. Y que tiene huevos que no haga frente a situación tan grave.
Desde el punto de vista económico, hay quienes opinan que Zapatero es un huevón. Hay quien califica a sus asesores financieros de huevazos. Si hay dudas consulten el diccionario de la Real Academia.
Variando el tiro, ese tal Juan Laporta, presidente del Barça y aspirante a político nacionalista radical, se está convirtiendo, en el mayor “rompe huevos” del reino.
Cuando oyes “¡manda huevos!” sabrás inmediatamente que el que está leyendo el periódico, a tu lado, ha topado con la noticia de que Fomento libera de peajes a autopistas de Aragón y descarta la del Huerna “por la crisis”. O que el AVE de Asturias será el más lento de España. Y te preguntas porque el ave no nos pone, de una dichosa vez, un huevo con rapidez.
También cabe la vehemencia como en esa confesión, capturada en grabación policial, del presidente valenciano Francisco Camps (el hombre mas presuntamente trajeado del país) al Bigotes, imputado en trama corrupta, al que le dice textualmente: “te quiero un huevo”.
Cuando oigas aquello de que “te va a costar un huevo y la mitad del otro” bien se pueden estar refiriendo a que viajar en Iberia, de Asturias a Madrid con dos maletas costará tanto como ir a Nueva York con Air France.
Un par de huevos se dice de persona con coraje. Es tan definitorio que se queda, finamente, en “tiene un par”. Y entonces pienso en Nelson Mandela o en Madre Teresa de Calcuta.
Y termino ya con el dichoso término, llegando al origen de las especies al plantear la inocente pregunta colegial de ¿Quién fue primero: el huevo o la gallina?

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Calles y Callas

Por Alberto del Río Legazpi (2 de octubre, 2009)

En Atenas (Grecia) hay un museo dedicado a la famosa soprano Maria Callas

Los diversos nombres que a lo largo del tiempo han tenido las calles céntricas de Avilés son, generalmente, un reflejo del tiempo histórico español.
La ciudad ha sido tan rigurosa a la hora de colocar en paralelo su callejero con los acontecimientos sociopolíticos nacionales, que muchos, estudiosos y curiosos, acaban hasta el moño de tanta nomenclatura alterada y trastornada, que ha hecho que haya calles que cambiaron hasta cinco veces de nombre.
En Avilés (en cuyo centro y radiales hay 238 calles, 16 avenidas, 22 plazas, 11 travesías, 22 caminos, 3 callejas y 1 pasaje) el asunto de los nombres viarios es conflictivo y se suele llevar a extremos donde se calienta peligrosamente y pone al personal al borde de un ataque de nervios.
Por ejemplo, cuando, en 1982, el Ayuntamiento quiso cambiar el nombre a una calle transversal de La Cámara (bautizado ya por la gente como “De Los Cuernos”) para “dignificarla” con el nombre de Alfonso VII, monarca castellano que refrendó el Fuero medieval de Avilés. La medida Originó un pifostio cuyo reflejo, en la prensa de entonces, fue una encendida soflama rimada por José Martín Fernández y que titulada “Alfonso VII” llamaba, casi, a la insurrección callejera: “Nombre que han querido dar / a una estrecha travesía. / No hay avilesino hoy día / que la quiera así llamar, / pues, lector, como sabrás / hay nombres que son eternos / y calleja de los cuernos…/ ¡será por siempre jamás!”. Un encabronado asunto callejero, como ven.
Pero Avilés también fue, en trances de este tipo, ejemplo de pintorescos comportamientos. Como aquel del que hizo gala el popular poeta local, apodado “Marcos del Torniello” quien, con ocasión de concedérsele a una calle su nombre, dio a las autoridades las gracias, armonizadas de esta guisa: “Con este calor que fai / azúmbame la pellella, / con este guirigay / d’honráme con una cai / sobrándome una calella”.
Tuve yo un conocido empeñado en que Avilés se internacionalizara en función de ponerle el nombre de una calle a su idolatrada María Callas, y se pasó una temporada mandando cartas a los periódicos, razonando que si Avilés era la Atenas de Asturias, que menos que dedicarle una calle a la gran diva de la ópera. La cosa acarreo las consiguientes dosis de coña, cuando le preguntábamos, con sorna: ¿Calle Callas? Y él contestaba iracundo: ¡Cállate! Y reventábamos a carcajadas.
Lo cierto es que aquel asunto de insistir en la Callas para ponerle una calle, fue un verdadero callo. No cayó nada bien.
Y ya me callo.

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