Cerdos asturianos, de diseño

Por Alberto del Río Legazpi (26 de junio, 2009)

Ocurrió el martes, día 2, del presente mes, en el valle de Carreño y en la misma jornada en que se anunció que España se acercaba a los 47 millones de habitantes.
Fueron seis, y pesaron al nacer cerca de kilo y medio cada uno. Su madre había sido inseminada con millones de espermatozoides de semen refrigerado, ya que su padre -bautizado como “0,97”, como un James Bond cualquiera- no estaba para trotes, tanto por sus problemas visuales como por su cadera caída, que le impedía hacer una montura natural en la coyunda.
Los técnicos tuvieron mucho que adiestrar para que la monta tuviera lugar en el potro artificial, sobre un plástico de color azul impregnado de un líquido que estimulaba sexualmente al animal. La madre quedó preñada y parió, históricamente, los primeros lechones, de diseño, de la raza de gochu astur-celta.
La modernidad ha llegado a la fauna asturiana, bastante escoñada ella y si no miren el tinglado del idilio montado -y nunca mejor dicho- para engendrar un oso en cautividad, cuestión que ha convertido en un circo las relaciones sexuales oseras y sus intimidades en pasto de la prensa rosa, que como escribí otra vez, debería nombrarse, en casos así: “prensa osa” y recomendaría al Principado que declarase como “denominación de origen periodístico” esta variedad informativa autóctona.
En Europa hay fundada alarma ante el peligro de extinción de las razas de ganado doméstico por lo que este avance genético porcino asturiano es la pera. El Serida (Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario) cuida de forma especial la genética y futuro de los emblemas ganaderos asturianos: caballo asturcón, ovejas bermejas y xalda, vaca casina o el gochu astur-celta.
El cerdo (y la cerda) está considerado el animal doméstico más inteligente. Ya el alegrías de Pío Baroja escribía que “el hombre: un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo”. Autores universales (George Orwell, Patricia Highsmith, etc.) han descrito personajes de puercos inmortales.
La mayoría de los estudiosos cree que los primeros porcinos viajaron a España con los fenicios mezclándose aquí con jabalíes autóctonos, originando peculiares razas ibéricas: de tronco céltico (norteñas) y de tronco ibérico (mesetarias y meridionales). De norte a sur. De Sabugo a Jabugo, como si dijéramos. O de Covadonga al Rocío.
Sería irresponsable que no cuidásemos con pulcritud de todos los gochos (y gochas) de Asturias. Y me refiero a los animales irracionales, porque lo que es por mí, a los marranos (y marranas) racionales ya les pueden ir dando.
Y no pata negra, precisamente.

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Omar Sharif y Marta y María

Por Alberto del Río Legazpi (19 de junio, 2009)

El actor egipcio, invitado por el Centro Cultural Internacional “Oscar Niemeyer”, presentó su última película en Avilés.

Fue el día en que millones de personas contemplamos en televisión, como el presidente de los EE UU, Barack Obama, mataba una mosca en el transcurso de una entrevista. Ha tenido que venir este hombre para imponerse a la histórica mosca cojonera de la tele. Aquel impresentable George W. Bush, mandó -con mentiras- al matadero a miles de personas, convirtiendo oriente, cuna de civilizaciones, en un sembrado espantoso de camiones bomba. Y ahora descubrimos que podía haberse dedicado a matar moscas con el rabo, como la vaca lechera.
Ese día, 16 de junio de 2009, constaté que el actor Omar Sharif era de carne y hueso y caminaba garboso junto a la alcaldesa Pilar Varela y a Natalio Grueso, director del Centro Niemeyer, hacia el cine “Marta y María” para presentar su última película. Era la tercera vez que me lo encontraba realmente, porque las otras dos fueron virtuales.
La primera ocurrió en 1963 en el cine “Clarín”, situado en La Cámara con José Cueto. En aquella sala, la de mayor postín de Avilés, con portero uniformado con entorchados y charreteras al más puro estilo Broadway, asistí al estreno de “Lawrence de Arabia” (fascinante personaje) y comprobé como el egipcio le merendaba el papel al histérico Peter O’Toole. Y se me quedó asociado a la epopéyica cinta de David Lean.
La segunda vez, fue el 15 de marzo de 1985 cuando al término de la cena que siguió a un acto cultural en Avilés y después de dejar en el hotel a Vicente Molina Foix (o Fuá como dijo alguien) y a Gonzalo Torrente Ballester (muy soberbio literato pero persona muy soberbia) fui a pasear la noche con Juan Antonio Bardem y Juan Cueto Alas. La lluvia y la necesidad de repostar nos hicieron aparcar en un “pub” de La Ferrería donde estaban visionando en pantalla gigante “Lawrence de Arabia”. La calidad de las imágenes, del cañón de vídeo, era espantosa, pero el maestro Bardem nos obligó a permanecer a pie de barra, como en misa y hasta el The End, para comenzar entonces a desgranarnos divertidas y asombrosas anécdotas de Omar Sharif durante el rodaje de la monumental película.
O sea que he visto al egipcio, como excelente actor que es, traspasar la virtualidad para llegar a la realidad y emparentar inmediata y literariamente, con Marta y María, sala cinematográfica que lleva ese nombre en homenaje a la novela del autor universal. Por lo que a partir de ahora relacionaré, también, al egipcio Sharif con el Avilés de Palacio Valdés.
Un jeroglífico a la asturiana.

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Un inglés y dos iglesias

Por Alberto del Río Legazpi (12 de junio, 2009)

Un año más se reproduce en Avilés el milagro de las sardinas de oro de Sabugo

Hay santos que son de cine. En Avilés, por ejemplo, hay uno.
Pero habría que comenzar escribiendo que en Inglaterra, aunque algunos no lo crean, también hay santos y que precisamente uno de ellos tiene dos iglesias en la ciudad asturiana, lo que, no me negarán, es cosa un tanto inaudita. Me refiero a Santo Tomás de Canterbury, el famoso arzobispo Thomas Becket, amigo personal del rey Enrique II de Inglaterra que terminó cargándoselo por no doblegarse a su poder. Asunto que llevó a los altares al prelado. Y santo y seña recorrieron Europa. Y Avilés no fue ajeno a la moda, como gran puerto de mar abierto a filosofías y mercaderías, y consagróle -en el siglo XIII- una iglesia en Sabugo.
Richard Burton, el actor inglés que como peatón fue tan castigado por Elizabeth Taylor y por el whisky escocés y el irlandés Peter O’Toole, un zurdo al que intentaron en el colegio corregirle este “defecto” a punta de reglazos (ser de izquierdas, antes, era muy duro) y que también le daba al escocés, lo que creo que le originó un histrionismo bastante desmadrado. Decía que estos dos actores protagonizaron, en 1964, “Becket o el honor de Dios”, una muy recomendable película basada en un texto de Jean Anouilh, donde se narra la vida del santo de Canterbury, que en Avilés se castellaniza en Cantorbery.
Películas aparte, el caso es que la iglesia medieval (Sabugo vieja) se quedó pequeña con el tiempo, por lo que en 1903 entró en servicio otra, de porte catedralicio (Sabugo nueva), consagrada al mismo.
Llama la atención que todos los templos medievales avilesinos fueran consagrados a santos foráneos. Dos italianos: San Nicolás de Bari y San Francisco de Asís y un inglés Santo Tomás de Canterbury, demuestran el cosmopolitismo de la ciudad, una bendición histórica que sigue luciendo con actos como el de hoy, donde tres famosos personajes de la vida española (Álvarez Cascos, Carrillo y Súarez Pertierra) recibirán las “Sardinas de Oro”, galardón que otorga “Sabugo ¡Tente Firme!”. El premio con más solera de Asturias y que tienen en su poder, de la Reina de España para abajo a mas de cien personalidades.
Sardinas de oro y dos iglesias para un mismo santo, que además es inglés de la “premier”, parecen casos milagrosos, pero nunca han de servir como presunción. Recuerdo a otro británico, el “rolling stone” Mick Jagger, cuando dijo aquello de: “¡Qué solo se está en la cumbre!”, y un periodista le respondió: “Pues ven y ya verás lo apretados que estamos aquí abajo”.
Cuidadín, oye.

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¡Viva la madre superiora!

Por Alberto del Río Legazpi (5 de junio, 2009)

Hoy se celebra el día mundial del medio ambiente, “festejo” instituido por la ONU para recordarnos que, con este ritmo de ensañamiento hacia el medio natural que llevamos, avanzamos estúpidamente hacia el Apocalipsis. O sea que si Barack Obama -y un par de ellos más- no lo remedian, acabaremos hacinados en un basurero de plásticos podridos y protegidos del sol con una boina de monóxido de carbono.
Y salgo ya de tan tenebroso horizonte universal y me introduzco en el túnel del tiempo local para recordar aquel 5 (para otros el 15) de junio de 1943 en el que el entonces ministro de Trabajo, Girón de Velasco, inauguró el nuevo barrio de pescadores diseñado por el arquitecto Carlos de Miguel. El acto fue recogido por las cámaras del noticiario cinematográfico NO+DO (Noticiarios y Documentales), lo que resultó todo un acontecimiento porque la cosa fue vista por toda España, ya que entonces, aunque parezca increíble, no había televisión y dicho noticiario era exhibido, obligatoriamente, como aperitivo cinematográfico en los cines de todo el país.
-¿Viste nin? ¡Salimos en el Nodo!
Y tal nombre le quedó endilgado al poblado.
Otro 5 de junio de 1950 el Consejo de Ministro, aprobaba un decreto en el que encomendaba “la constitución de una empresa para la creación de un centro siderúrgico” y el 15 de ese mes se amplió la decisión ministerial. Después de algunas dudas y vacilaciones, la nueva empresa (ENSIDESA), se instalaría en Avilés. La cosa no salió en televisión porque, aunque parezca increíble, no la había todavía.
Por aquel tiempo Avilés era una tranquila villa de 21.340 habitantes y su Ayuntamiento manejaba un presupuesto anual de 3.325.063,68 pesetas (19.984,04 euros).
La instalación de la gran siderúrgica en la margen derecha de la ría, cambió para siempre la vida de la ciudad asturiana y constituyó uno de los acontecimientos más importantes de su historia aunque hoy nos empeñemos en borrar sus señas, volando sus huellas.
Ensidesa tuvo varias décadas diferenciadas en su trayectoria. La de los 50 fue la de la puesta en marcha, la de los 60: el monopolio, la de los 70: conflictiva, la de los 80: reconversora, la de los 90: privatizadora. La actual es de momento la del “tembleque Mittal”.
Hay que ver la de cosas que pasaron en algunos cincos de junio en el medio local y en ambientes tan distintos pero no tan distantes del presente, y en el que la situación es de un calibre tal, que solamente puedo definirlo con aquel grito unánime y triunfal de “¡Viva la madre superiora!”.

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