El azúcar, Marilyn Monroe y Villalegre

Por Alberto del Río Legazpi (29 de mayo, 2009)

En la celebrada película “Con faldas y a lo loco”, la actriz Marilyn Monroe interpretaba el papel de Sugar (Azúcar).

El pasado martes, 26 de mayo, se inauguró en Avilés una exposición de cine y se destruyó gran parte de los restos de la Azucarera de Villalegre.
Otra fecha agridulce, para el desgonciado patrimonio industrial avilesino, en este caso un ingenio azucarero fantasmalmente abandonado. Siguiendo la táctica habitual en estos casos, se desmantela un edificio que se va deteriorando y cuando amenaza ruina pues se tira, tan tranquila como legalmente.
Aunque el mal café que me ocasionó el suceso se endulzó en parte, al abrirse una exposición de diversos objetos de famosos actores de Hollywood, y principalmente (dado el número de ellos) los pertenecientes a doña Marilyn Monroe. Se puede trabajar – la exposición- en el CMAE, centro artístico municipal del Arbolón, al final de la calle Rivero.
Curiosos en general y mitómanos en particular, pueden contemplar allí y a un palmo de sus narices pertenencias de gloriosos cinematográficos. Ya digo que destacan los fetiches de la señorita Monroe: vestidos, cenicero, gafas o barra de labios de doña Marilyn, una primera clase universal en la cosa de la sensualidad.
Paradójicamente quien más la encumbró como mito, fue quien mas notoriamente la despreció como persona, caprichosa y voluble que era. Y ese fue don Billy Wilder, quien en dos de sus películas: “La tentación vive arriba” y “Con faldas y a lo loco”, utilizó a la actriz par dar una magistral lección de que el cine es por encima de todo sugerencia, y dejó para los restos las más categóricas y geniales secuencias voluptuosas, con enorme clase (o sea que sin zafiedad) de la historia del cine. Ambos filmes, acumulan la mayor muestra de densidad sensual por metro cuadrado que se conoce. Tal cosa figura en las enciclopedias.
Histórica también fue la Azucarera, una de las protagonistas de la primera industrialización avilesina. Levantada hace más de un siglo, cuando habíamos perdido a Cuba y a su azúcar, e instalada al sur de la ciudad, dio empleo a 600 personas, pero fracasó tempranamente. Sin embargo el otro gran complejo de entonces, la Real Compañía Asturiana, situado al norte, triunfó y generó la, actualmente, mayor factoría de zinc del mundo, enclavada en San Juan de Nieva.
Y aquí seguimos, acompañados por las cosas de doña Marilyn, pero con un elemento menos de nuestro patrimonio industrial, que se está yendo al carajo. Sitio donde debe de estar, por ejemplo, aquella Térmica de ENSIDESA que de ser calificada, no hace todavía diez años, como trascendental para el futuro de la ciudad, terminó siendo abandonada para mal morir achatarrada.
¿Amén? Nunca.

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La cibercondría

Por Alberto del Río Legazpi (22 de mayo, 2009)

Si ayer las ciencias adelantaban que era una barbaridad, hoy lo hacen que es una enormidad. En menos de una generación hemos viajado hasta el móvil de 20 euros desde aquella arrugada revolución científico-técnica, la de pedir a Telefónica una conferencia urgente con Móstoles. Y de los escasos y poco operativos ordenadores primigenios hemos ido al uso masivo de Internet en millones de ordenadores personales.
Contaba, el otro día en Avilés, Vinton Cerf, uno de los padres de Internet, que de muy joven su progenitor lo llevo a ver un ordenador descomunal que ocupaba tres habitaciones. Lo que Cerf no sabía, o eso creo, es que en Avilés tuvo lugar hace unos años, una innovación mundial de procesos informáticos, llevada a cabo en ENSIDESA por Fernando Soler, director del departamento de Ordenadores Electrónicos, cosa que cuenta ahora con pelos y señales en la excelente y recomendable página web: monsacro.net

(http://minasderiosa.blogspot.com/2009/04/informatica-en-ensidesa-los-origenes-de.html)
Hoy, Internet es un logro vertiginoso, que lleva un avance tan meteóricamente acelerado que está originando un abrumador tsunami informativo donde puedes pescar de todo. Mucho y bueno, pero también morralla mogollón. Hay que conocer, un poco al menos, el paño. La información masiva, necesitada de buena digestión mental, cuando cae en manos de un hipocondríaco se convierte en una afección llamada cibercondría.
Las personas que la padecen, rastrean webs médicas y suelen atribuirse el peor pronóstico descrito en ellas. Algunos llegan a sugerir a su facultativo la prueba que, según han leído en la red, necesitan. Si tecleamos “dolor de cabeza” en Google, obtenemos 1.730.000 resultados, de estómago: 1.270.000, etc. La repera.
Si eres cibercondríaco/a, tienes pocos remedios. Si no lo eres puedes recomendar, con amistoso sarcasmo, algunos. Uno es pillar de una vez la enfermedad imaginaria, con lo que cesa la preocupación mental y te realizas, remedio que a pesar de estar firmado por Freud, o quizá por eso, no parece muy recomendable. Otro es hacerse socio, al mismo tiempo, del Sporting de Gijón y del Real Oviedo con lo que puedes terminar como una cabra, pero desaparece la neurastenia. Y el tercero es vivir en Avilés, que para gente, como Armando Palacio Valdés, es el paradigma de villa sosegada. El universal autor literario ya pidió al Gobierno español (en “La novela de un novelista”, 1921) que declarase a la ciudad como sanatorio oficial para los neurasténicos.
Woody Allen, el hipocondríaco más famoso del planeta, debió leer al novelista asturiano, porque últimamente comienza a ser un habitual de Avilés: asistiendo a reuniones en la Fundación Niemeyer, o filmando por la ciudad o presentando, en primicia mundial, su penúltima película.
Pero la realidad es que Woody es un cibercóndriaco de carne y hueso. Y que la cibercondría no es ninguna película.

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Cuando los médicos recetaban política

Por Alberto del Río Legazpi (15 de mayo, 2009)

La Transición política asturiana trajo consigo la rareza de la dedicación de no pocos médicos a la política.

Ocurrió, hace unos treinta años, cuando la derecha política más espabilada comprobó que el régimen franquista había entrado en coma y supo aplicarse con urgencia una especie de “Parche del Dr. Andreu” al que llamó UCD. El remedio fue de Adolfo Suárez, un abogado de provincias más listo que el hambre, uno de esos tipos que tanto nos gustan a los españoles y, que, ayudado por dos asturianos sacó a España de la UVI. Uno fue un Maquiavelo disfrazado de Fernández Miranda, que bailó a las Cortes de Franco hasta que despendoladas, éstas, de tantas vueltas se hicieron el hara-kiri. Mientras otro Fernández (Sabino) controlaba tensión y colesterol político del Rey en Zarzuela.
Aquello fue la Transición Española. Famoso invento español, exportable.
En Asturias también fue un tiempo febril. La libertad había explotado, pero también la crisis económica. Y la hemorragia se lo llevaba todo por delante, hasta a ENSIDESA y a HUNOSA, que ya es decir. Y aparecieron las luchas de la leche (me refiero a los ganaderos) o las de empresas de montajes o huelgas estudiantiles de apoyo a estos o a aquellos, etc. Fue tal el vértigo de aquella calentura, por arreglarlo todo y tan aprisa, que muchos fuimos la estampa viva del vivo sin vivir en mí, en medio de aquella epidemia de acontecimientos que se sucedían frenéticamente, ya fuesen referéndum, elecciones locales, regionales o nacionales.
Quizás porque el cuadro clínico social era tan grave, los médicos empezaron a copar altos cargos políticos. El dermatólogo Barthe Aza en UCD, el oftalmólogo Luís Fernández-Vega en la AP de Fraga y el pediatra Corte Zapico en el PSOE. Si ponemos en paralelo especialidad médica y siglas políticas se sacan consecuencias: cambio de piel en los centristas, corrección de miopía en la derecha y cuidados para el niño esperado (Felipe González) en la izquierda.
En Avilés también los clínicos se dieron a las urgencias políticas. El cardiólogo Antonio Artime, socialista histórico, que parecía tenerlo todo para gobernar la ciudad, en 1979, quedóse paralizado ante tanto infarto siderúrgico. El PSOE tuvo que lanzar a la alcaldía a un dirigente del movimiento ciudadano y persona notable en la UGT y así fue como apareció Manuel Ponga en nuestras vidas. Pero entre los concejales centristas se incrustó el médico Suárez Estrada. Desde entonces rara fue la Corporación que no tuvo un galeno en su seno: Pedro Solís, Ignacio Domínguez-Gil, Juan Enrique García…
Actualmente, y quizá por gozar ya de buena salud la democracia, han vuelto a consultas y hospitales. Georges Bernanos los consideraba curas republicanos, o sea curas del Estado. Sabe Dios, oye.

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Plaza del mercado ¿si o no?

Por Alberto del Río Legazpi (12 de mayo, 2009)

(EN TECNICOLOR)

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Quizá sea el más singular espacio arquitectónico de la monumental ciudad asturiana de Avilés. Su perfecta simetría y el hecho de que esté completamente rodeada de galerías le proporcionan una originalidad impactante.
Construida en la segunda mitad del siglo XIX su patio está destinado a plaza de abastos.
Actualmente ha sido desalojado el pabellón central para someterlo a obras de remodelación.
Hay bastantes opiniones favorables -entre ellas de destacados urbanistas- a que se derribe dicho pabellón y que la plaza sea destinada a lugar de ocio.

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Desde El Parche de Avilés al Despacho Oval de Washington

Por Alberto del Río Legazpi (8 de mayo, 2009)

Vinton Cerf visitó días pasados Asturias invitado por el Centro Niemeyer de Avilés de cuyo consejo asesor es miembro.

La tecnología va por delante del hombre, que corre tras ella con la lengua fuera. Esta regla se cumple en las sociedades avanzadas, aunque en algunas como la asturiana, tiene que compartir su protagonismo mediático con las normas más elementales de la naturaleza, como es la reproducción. Un ejemplo de ello se está dando estos días en un cercado de Proaza, y ha sido noticia en los medios nacionales: el romance de una pareja de osos del cantábrico traducido en caricias y mordiscos que terminan en cópulas, narradas literariamente, retransmitidas en directo y filmadas con todo detalle. A la prensa rosa le ha salido un competidor: la prensa osa. El asunto ha multiplicado, por mil, las consultas en Internet.
Coincidiendo, casualmente, ha estado estos días por aquí -invitado por el Centro Niemeyer- Vinton Cerf uno de los “padres” de Internet, diseñador del primer servicio de e-mail y, actualmente, vicepresidente de Google. O sea el carajo la vela tecnológico: un Papa telemático con un premio “Príncipe de Asturias” en su bolsillo y Doctor Honoris Causa por cinco universidades españolas, por citar las de aquí.
Personaje genial, tan simpático como hiperactivo, que lo mismo le hace y sirve un café al Presidente del Principado que posa para los fotógrafos en posturas y atuendos que estos le pidan. Vinton Cerf (Connecticut. USA. 1943) es un científico teatralmente tan serio como comunicativo, que quiere convertir el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer “en uno de los más avanzados del mundo en materia tecnológica”.
Los días que estuvo aquí no paró, de aquí para allá, de reunión a conferencia, o visitando el casco histórico avilesino o hablando telefónicamente con el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Lo hizo, por móvil, desde la plaza de España (o El Parche) de Avilés. Anécdota de tinte histórico para esta ciudad tan histórica. No quiso desvelar el contenido de su conversación excepto que “le comenté que estaba disfrutando mucho del viaje por Asturias”.
En Avilés, quedó sorprendido por la calidad y la “hondura” del plan municipal de “nuevas tecnologías”, que le presentaron la concejala Ana Hevia y el responsable técnico, Víctor Solla. Un plan hijo de treinta presupuestos de otros tantos años y que ahora recibe la bendición telemático-teológica de uno de los padres de la mayor revolución comunicativa de la historia de la Humanidad.
Y se marchó, con sonrisas, el que parió la Red. Mientras aquí la pareja de osos, en espacio cercado por una red de alambre, siguen dándole que te pego al asunto de la jodienda.
Fabricando futuro, produciendo vida. Natural.

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Armando Palacio Valdés

Por Alberto del Río Legazpi (5 de mayo, 2009)

(EN TECNICOLOR)
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Desde el 5 de mayo, según acuerdo municipal tomado en sesión presidida por el alcalde de Avilés, don José Antonio Guardado, la antigua calle de Galiana, la más típica y popular de Avilés, llevará el nombre de Armando Palacio Valdés.
Don Armando Palacio Valdés nació el 4 de octubre de 1853, en Entralgo, concejo de Laviana, y es un gran crítico y uno de los novelistas de más prestigio en el vasto campo de la literatura española, habiendo escrito su elogiada novela “Marta y María” en 1883, y más tarde “El cuarto Poder” cuya acción se vislumbra en Avilés, en donde el culto novelista pasó los años felices de su infancia y juventud.
Los libros del señor Palacio Valdés se hallan traducidos en inglés y en francés, y el Gobierno de los Estados Unidos de América los ha elegido para el estudio de la lengua española en aquella culta República.
Don Armando Palacio Valdés, por sus excepcionales dotes, ha sido nombrado presidente del Ateneo de Madrid, y se halla condecorado con la Gran Cruz de Alfonso XII.
(Nota de Sociedad, correspondiente al año 1918)

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Un fraile y Mahoma

Por Alberto del Río Legazpi (1 de mayo, 2009)

Como Roma y Lisboa, Avilés también abunda en colinas…

Los monjes Franciscanos de Avilés están realizando la mudanza hacia su nueva residencia ya que el mostrenco arquitectónico que actuaba hasta ahora de convento comenzará, por fin, a ser demolido.
La colina sagrada de Avilés va a ser -en parte- rehabilitada. Alberga un importante complejo religioso compuesto por la antigua iglesia de San Nicolás de Bari (hoy de los Franciscanos), cuyo cuerpo central data del siglo XII y las capillas anexas góticas (XVI) y barroca (XVIII). Todo complementado por la capilla de los de Las Alas (XIV), hoy patio de luces, con sus alas cortadas.
La colina marinera de Avilés, Sabugo, es de origen medieval. Pero aquellos mareantes salados han devenido hoy en mareados parroquianos a la pesca de sidra y demás. Famoso en toda Asturias como lugar de copas, Sabugo tuvo su primera marea etílica hace unos cuarenta años. Entonces, “La Araña” era un bar de referencia obligada en el barrio, bautizado como “ruta húmeda de Avilés”, ya que era internacional, porque lo era también ENSIDESA. “La Araña” estaba regentado por Ramón Menéndez, al que apodaban Mahoma, asunto que no le molestaba. El hombre, era también notificador del Ayuntamiento de Avilés.
El convento, fue decido construir en 1958, pero era tal la magnitud de la blasfemia urbanística que constituía aquel edificio de cuatro alturas, machacando un ábside románico, que el Ayuntamiento de Avilés, en 1962, mandó parar la obra. Cosa histórica, porque entonces casi nadie se atrevía a enfrentarse a la Iglesia de los Concordatos durante el Régimen de Franco.
Y para comunicar tal decisión y llevarla en mano se diligenció a Mahoma, porque esto era lo suyo. El superior de los Franciscanos, leída la orden, parece que levitó en cólera y le manifestó al empleado del Ayuntamiento su intención de excomulgar a la corporación municipal en pleno e incluso hasta al mismo notificador, que -aunque agnóstico declarado- quedó apabullado con la actitud del fraile. “Acojonaba oye”, contaba Mahoma.
A los pocos días presentóse el superior con un documento de excomunión en el despacho del alcalde. Cargo que por ausencia del titular, Francisco Orejas, ostentaba “Polchi” Figueiras. Me tiene contado Justo Ureña que éste puso al religioso, Fray Celestino García, de chupa de dómine. Más tarde el alcalde se entrevistó con el Arzobispo de Oviedo, Segundo Sierra, que echó por tierra el auto de excomunión pero no el convento de autos.
Pero fíjense ustedes que noticia, de ecos universales, sería hoy aquella que titulase: “El superior de los Franciscanos de Avilés amenaza con excomulgar a Mahoma”.
El caso es que, ahora, el convento caerá. Urbanísticamente ha sido excomulgado .

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