Muchos siglos para una foto

Por Alberto del Río Legazpi (28 de abril, 2009)

(EN TECNICOLOR)

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Los coches marcan la que fue desembocadura del río Tuluergo en la Ría de Avilés. Aquí, final de la calle de La Muralla, estuvo situado durante muchos siglos el puerto de la villa asturiana, uno de los más destacados del norte de España.
En la foto se mezclan testigos de varias épocas de Avilés. A la derecha: la fachada norte del palacio de Camposagrado (siglo XVII), a continuación edificios construidos a principios y en la segunda mitad del siglo XX. A la izquierda arbolado del parque del Muelle (siglo XIX). Al fondo chimenea del Sinter (uno de los restos de la siderúrgica Ensidesa, del siglo XX) y, finalmente, una gran semiesfera que forma parte del Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, que se ha empezado a construir en el siglo XXI.
Se ha necesitado un milenio, mas o menos, para hacer esta foto.

Categoría: En tecnicolor | Comentarios(16) | abril 2009 |

El “rey de la Patagonia” era de Avilés

Por Alberto del Río Legazpi (24 de abril, 2009)

José Menéndez Menéndez fue un emigrante, nacido en 1846 en el singular barrio avilesino de Miranda.

La Patagonia es territorio fronterizo del continente americano con el polo sur, lugar donde tierra y hielo se confunden.
Allí la realidad -para alguien que no sea un aborigen: indio mapuche- es heladora en todos los sentidos, ya que se trata de un lugar enorme, algo así como España y media en versión sosa. Tierra para aventureros o soñadores, que aunque generalmente andan al palpo, también los hay despiertos como José Menéndez.
Que a los quince años se fue desde Avilés a hacer La Habana, pero la isla caribeña se le quedó pequeña y bajó a Buenos Aires, donde ganó sus buenos pesos y casó con María Behety, de lustrosa familia uruguaya.
El espíritu aventurero hizo que el matrimonio se fuera a tomar el fresco a La Patagonia, concretamente a Punta Arenas, la capital de la región de Magallanes, la ciudad más austral del planeta.
Menéndez tenía el don de medir instantáneamente a las personas, lo que unido a su buen sentido comercial lo convirtió en uno de los mayores hacendados del mundo. Uno de sus métodos fue comprar pequeños terrenos a militares argentinos, un premio de su gobierno que no tenía ningún valor para ellos, en aquel clima polar. Para Menéndez si, porque uniendo aquellos miles de pequeñas parcelas se hizo con una gran hacienda.
Y como el campo patagónico no tenía puertas dio en colonizarlo. Allí, donde resuena el silencio, entre los Andes y la Tierra del Fuego, hizo de todo y casi todo lo hizo bien: banquero, armador de cincuenta buques, ganadero de un rebaño de un millón de ovejas… Y hasta actuó de mediador entre los presidentes de Chile y Argentina que se llevaban a la greña. Por esto y por aquello se le conoció como “Rey de la Patagonia” y con ese sobrenombre figura en el diccionario Espasa.
Fue condecorado por el rey Alfonso XIII de España. Y nunca se olvidó de Avilés, donde giraba ayudas económicas destinadas principalmente a la enseñanza.
Gómez de la Serna lo calificó de «indiano victorioso». Pérez de Ayala exclama:” ¡Qué gran modelo para una novela de Balzac!”. Mateo Martinic, Premio Nacional de Historia Chilena, afirma que “la proyección de la obra de Menéndez tuvo carácter continental”. El académico del RIDEA, José Manuel Feito, alaba la figura del indiano y lo que el sacerdote avilesino dice, en bastantes cuestiones históricas, para mi va a misa.
Este asturiano universal murió, hace hoy noventa y un años, y en Punta Arenas está enterrado. Ojala el lector se por enterado de la gigantesca proyección americana de este avilesino.

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Una buena noticia

Por Alberto del Río Legazpi (21 de abril, 2009)

(EN TECNICOLOR)

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Hoy martes 21 de abril de 2009, la prensa asturiana publica una importante noticia para el patrimonio industrial de Avilés. Condesada, la información dice que:

El Ayuntamiento de Avilés anunció ayer la adjudicación de las obras de reforma del antiguo parque de bomberos de ENSIDESA. El proyecto pretende convertir la antigua estación de bomberos de la siderúrgica ENSIDESA en el nuevo Parque de Servicios Municipales, al que se trasladarán las instalaciones que actualmente se ubican en la zona de Divina Pastora, con la excepción de las que utiliza la empresa adjudicataria de la limpieza. El nuevo recinto contará con talleres, oficinas y diversas instalaciones para el uso de los empleados municipales.

Desde este blog, donde se denunció el escandaloso abandono de este valioso elemento arquitectónico, nos congratula saber que el edificio va a ser rescatado de la molicie. El estado (hasta este momento) del parque de bomberos de ENSIDESA (catalogado por organismos oficiales como edificio singular a conservar) fue objeto en POR LA VÍA LÁCTEA de diversos escritos de denuncia y de muchos comentarios por parte de las numerosas personas que intervienen en este blog. Ahora será rehabilitado y reaprovechado. Lo lógico.

Y esto, en tiempo de malas, es una buena noticia.

Categoría: En tecnicolor | Comentarios(19) | abril 2009 |

Calles de Corrida, Uría y La Cámara

Por Alberto del Río Legazpi (17 de abril, 2009)

Del paisaje de una ciudad te sueles quedar -aparte de con olores, colores y sabores- con referencias urbanas, como algunos edificios que son historia escrita en piedra y también con lugares (plazas, parques, etc.) que armónicos, o todo lo contrario, la particularizan. La calle principal es, generalmente, símbolo, eje comercial y, en casos, hasta referencia literaria.
Las de Gijón, Oviedo y Avilés son Corrida, Uría y La Cámara. Calles de tres ciudades distintas, que empiezan a encontrar proyectos comunes, como la candidatura conjunta a capital cultural de Europa o la promoción turística de las tres ciudades a nivel nacional e internacional.
Son decimonónicas. Empezaron a desarrollarse en la segunda mitad del siglo XIX, siguiendo la filosofía elemental de toda calle que se precie: unión. La de Oviedo fue una decisión de sus gobernantes para enlazar, con pompa y circunstancia, la estación del ferrocarril con el cogollo central de la ciudad. La de Gijón fue la comunicación más grandona y corrida (que viene de corrimiento o ensanchamiento de la calle) que se pudo encontrar entre el muelle (entonces industrial, hoy deportivo) y el centro urbano. Y la de Avilés siguió las directrices que por entonces transformaban la villa del Adelantado, uniendo los dos enclaves medievales, la ciudadela amurallada y Sabugo, con edificaciones elegantes y hasta una nueva iglesia de porte catedralicio.
Vista desde su estación de ferrocarril la de Uría es una prodigiosa y extensa línea recta trazada en 1868 por Salustiano G. Regueral, habitada por edificios que componen todo un muestrario arquitectónico. Corrida tiene en su trazado, una ligera curva en su término medio, justamente donde empieza a otearse el viejo puerto gijonés. Y la avilesina tiene dos curvas y una chepa. Pero es la más antigua, al haber estado domiciliado en ella la, hoy desparecida, fuente medieval de La Cámara.
Todas ellas han cambiado en ocasiones de nombre: Uría fue por algún tiempo Avda. de Francia. El Partido Comunista de Gijón, intentó cambiar -en 1936- Corrida por Avda. de Rusia, sin éxito; anteriormente fue Ancha de la Cruz y Conde de Revillagigedo (que anduvo a palos con la corporación para que quitaran su nombre de la rúa). La de La Cámara, siempre corrió paralela a la circunstancia política inmediata: García San Miguel, Pedregal y Generalísimo Franco.
El espíritu finolis que domina estas calles excluyó, desgraciadamente, de ellas cualquier asomo de sidrería y cines.
O sea que ni sueños regionales, ni universales. Cosas que dan que pensar, ya que pasear por ellas -como no sea a lamer vitrina en sus comercios- es como masticar arena.

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Capilla Sixtina asturiana

Por Alberto del Río Legazpi (7 de abril, 2009)

(EN TECNICOLOR)

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En el barrio avilesino de Llaranes, singular y famoso (urbanísiticamente hablando) se encuentra la iglesia parroquial de Santa Bárbara, construida en 1957. Es prácticamente desconocido, incluso para muchos avilesinos y asturianos, el valor artístitico que atesora.

Su decoración interior es monumental. Una joya del arte moderno, obra del artista madrileño Javier Clavo.
Cualquier día del año es propicio (y creo que muy conveniente) para la visita, pero estos dias “semana-santeros”, para muchos de asueto, pueden ser una buena ocasión para conocer este templo, a mi juicio toda una “Capilla Sixtina del arte vanguardista religioso”.

(Más datos pinchando sobre Consulta e Información, siguientes)
Consulta sobre horarios y días de apertura de la iglesia
Información sobre características de la iglesia

Publicaciones recomendadas para un más completo conocimiento sobre Llaranes:
-“La historia social de Ensidesa” de Jorge Bogaerts. (Ediciones Azucel, 2000).
-“Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de Llaranes y San Lorenzo de Cortina. Avilés” de Amador Álvarez y Mª José Lodos. (Ediciones Azucel, 2001).
-“Llaranes en la historia” de Juan Goti y José Mª Murias. (Parroquia de Santa Bárbara de Llaranes. Avilés, 2007).
-“Llaranes. Tres épocas” de José Á. del Río Gondell. (Avilés, 2007).

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Cuando dejamos de ser marismeños

Por Alberto del Río Legazpi (3 de abril, 2009)

La ciudad asturiana de Avilés sufrió una auténtica revolución económica y cultural en el siglo XIX que cambió su faz

El otro día en la radio hablamos sobre el Avilés del siglo XIX, que revolucionó la componenda de esta ciudad. Fue cuando dejamos de ser marismeños, como lo habíamos sido toda la historia.
Casi habría pasado a los anales como un siglo estreñido, si no fuese porque entre 1853 y 1854 la Real Compañía Asturiana comenzó a fabricar y ya no paró y hoy contamos con la factoría de mayor producción mundial de zinc.
A la industrialización se sumaron los indianos, que dieron a luz fábricas de vidrio, harina e ingenios de azúcar.
La ciudad se alborotó y les bailó el agua a los marismeños campos de Faraón y Caín. Fue algo milagroso, aunque la terminología no respondiese a lo que de bíblico pudiera esperarse de ella, porque a Faraón le vino el nombre de un faro grande (un “farón”, que luego el personal afinó como “Faraón”) y al de Caín, que deriva de muelle pequeñín (los diques se conocían con la denominación inglesa de “cay”).
Y se construyó en este último un espectacular espacio rectangular (la Plaza del Mercado) y al otro lo alfombraron con un parque sembrado de estatuas basadas en motivos mitológicos griegos. Exquisiteces de los avilesinos de entonces, porque pasado el tiempo, solamente se plantaron aquí, un Adelantado, una foca y una Monstrua.
La catarata de modernidad fue colosal: canalización de la ría y nueva ubicación del muelle local. Una dársena nueva en San Juan de Nieva. Servicio telefónico. Un espectacular cementerio municipal. Alumbrado público, pionero en Asturias y regalo del marqués de Pinar del Río. Llegada del ferrocarril, propiciada por políticos como el marqués de Teverga. Adviertan, vuesas mercedes, como curraba por entonces la nobleza.
Surgió el movimiento sindical. Salió a la venta el primer periódico: “El Eco de Avilés”. La población era de 12.000 habitantes y el presupuesto municipal ascendía a 1.800 euros.
Si algo te enseña la historia de Avilés es que, últimamente, cada siglo experimenta unos cambios de órdago: éstos del XIX y los anteriores del XVII-XVIII (que originaron la plaza de España y las increíbles calles de Rivero y Galiana) o el pasado XX del ensanche industrial siderúrgico que hizo que Avilés se precipitase hacia la ansiedad.
Estamos en el XXI y toca nueva revolución. Y para que vaya a igual (por lo menos) rasero que las anteriores habrá de mojarse el trasero: pues se trata de rescatar la fachada marítima, donde alzarán la catedral cultural de San Oscar Niemeyer, expuesto en una isla fabricada al efecto. Y borrar carriles y carreteras sin expulsar a trenes y vehículos.
Puede ser otro cambio histórico. Si es que queremos ser ribereños.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(30) | abril 2009 |