Milagro en Avilés 2008

Por Alberto del Río Legazpi (30 de diciembre, 2008)

(EN TECNICOLOR)
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Durante el año 2008, en la ciudad asturiana de Avilés, se produjo un súbito milagro urbano, como el que muestra la fotografía.
En un visto y no visto le nació un hermosísimo paisaje a la ciudad, producto del derribo de una manzana de casas que venían cantando ruina desde hacía muchos años.
No es frecuente que en una metrópoli ocurra lo que está pasando en Avilés con los derribos. Unos abaten la historia (con la destrucción del patrimonio industrial, por ejemplo) y otros descubren un panorama insólito (como ocurrió en el caso que muestra ésta foto). Aunque la cosa duró poco, porque ese espacio que había quedado libre, fue rápidamente asfixiado por el ladrillo que cegó el paisaje recien nacido.
Pero nadie nos podrá quitar que en la primavera del año 2008 muchos pudimos ver, con nuestros ojos, lo que nunca antes, ni después, se volverá a contemplar: El Avilés que muestra ésta imagen.
Decía Llorenç Villalonga que “nada hay tan cautivador como un milagro frustrado”. Si, si… ¡naranjas de la China!

(Foto: Manuel Campa)

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Los deliciosos coñinos y carajitos de Asturias

Por Alberto del Río Legazpi (26 de diciembre, 2008)

(EN BLANCO Y NEGRO)
En octubre de 2008 la Junta General del Principado, declaró a la gastronomía asturiana como bien de interés cultural. Es una noticia excelente.
Aunque yo creo que se publicitan demasiado fabada, mariscos y quesos en detrimento de la cosa pastelera, que por trascender lo hace hasta localidades concretas. Decir carbayón es hablar de Oviedo como marañuelas de Luanco, mayormente. En tiempos, hablar del queso de almendra de Galé te situaba en Avilés.
Todos saben que los carajitos son de Salas, habiendo sido antes de Belmonte, pero son pocos los que están al tanto de los coñinos ovetenses.
No cabe duda de que estamos ante la ignorada confitería erótica asturiana.
Camilo José Cela, ya escribió largo y tendido sobre el carajito, dulzura de avellana, yema de huevo y azúcar. Los fetén los fabricaba, en Salas, Pepín el Profesor, fascinante personaje que aparte de confitero y dueño del bar, era corresponsal de periódicos, funerario cuando se prestase, cantor en bodas y funerales e intérprete al órgano. Le sucedió su hijo Rafael Fernández, más conocido por Falo (estaba de madre que Falín hiciera carajitos, claro). Sin salirse de éste párrafo junten palabras: carajitos, Falo y órgano… Esa conjunción sexual debió excitar, literariamente por supuesto, a nuestro Nóbel.
El curioso nombre de este pastel se lo puso uno de Malleza emigrado a Cuba, porque en principio se les conocía como macarrones, pero el emigrante fue un día al bar y le dijo al Profesor: “¡Ponme un carajo de esos!”. Y le quedó carajito, al pastel.
A Cela le hubiera encantado saber de coñinos, o sea dulces, en esta región de coñones, o sea flemáticos. En su “Enciclopedia del erotismo”, escribe sobre unos pasteles típicos de Cuéllar (Segovia) llamados coñitos por su forma alargada con una rajita en el centro. Y los data como de 1913. Los ingredientes son: mantequilla fresca, azúcar, harina y un par de huevos.
A mi me lo descubrió, en este periódico, José A. Fidalgo, y seguramente que algo le tengo leído a Ignacio Gracia Noriega, como no podía ser menos. Fidalgo averiguó que la confitura ovetense data más o menos de aquella fecha. Lo de coñinos es bautizo popular, en función de la forma, como los de Cuéllar. El confitero de San Juan le explicó que la gente, sobre todo las señoras, evitan esa denominación, y recurren a frases insinuantes o a “sonrisas picarescas”, cuando no a disculpas de complicidad, a la hora de solicitarlos.
O sea que teníamos inventada la confitería erótica y no habíamos caído en ello. Pastelinos macho y pastelinos hembra.
Nunca tal cosa se vio en España. Que venga la ministra de Igualdad y levante acta.

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Amanece, en rojo, en Avilés

Por Alberto del Río Legazpi (23 de diciembre, 2008)

(EN TECNICOLOR)

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“Ver el amanecer es más útil que escuchar la Sinfonía Pastoral de Beethoven”, dejó escrito el músico francés Claude Debussy (1862-1918)

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Los Canapés, ahí donde los ves

Por Alberto del Río Legazpi (19 de diciembre, 2008)

(EN BLANCO Y NEGRO)
Los Canapés, son unos monumentales bancos de piedra, construidos en 1786 en Avilés, durante el reinado de Carlos III.

Acompaño a mi sombra por la avenida, mis pasos se pierden entre tanta gente, busco una puerta, una salida donde convivan pasado y presente…
De pronto me paro, alguien me observa, levanto la vista y me encuentro con ellos y ahí están, ahí están, ahí donde los ves, están Los Canapés.
Una mañana fría, Carlos III, con aire insigne se quitó el sombrero muy lentamente bajó de su caballo, con voz profunda le dijo a su lacayo: ahí están, ahí están, viendo pasar el tiempo, ahí donde los ves, ahí, están Los Canapés.
Lanceros con casaca, monarcas de otras tierras, fanfarrones que llegan inventando la guerra, milicias que resisten bajo el “no pasarán” y el sueño eterno como viene se va y ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo, ahí donde los ves, ahí, están Los Canapés.
Todos los tiranos se abrazan como hermanos, exhibiendo a las gentes sus calvas indecentes, manadas de mangantes, doscientos estudiantes inician la revuelta son los años sesenta y ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo, ahí, ahí donde los ves, están Los Canapés.
Un travestí perdido, un guardia pendenciero, pelos colorados, chinchetas en los cueros, rockeros insurgentes, modernos complacientes, poetas y colgados, aires de libertad… ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo, ahí donde los ves, están Los Canapés.
Los miro de frente y me pierdo en sus ojos, sus piedras me vigilan, su sombra me acompaña, no intento esconderme, nadie los engaña, toda la vida pasa por su mirada…
Míralos, míralos, míralos, míralos… ahí donde los ves, están Los Canapés… Míralos, míralos, míralos, míralos… ahí donde los ves, están Los Canapés…
etcétera, etcétera, etcétera…
Esto que tarareo, quiero decir escribo, está “inspirado” en la famosa canción “La Puerta de Alcalá”, popularizada por Ana Belén y Víctor Manuel, con letra y música de Bernardo Fuster, Luís Mendo y Francisco Villar.
O sea que puro jolgorio, cantando.
Porque contando la realidad es tan dura como una piedra. Y eso que Los Canapés, que datan de 1786 reinando Carlos III, fueron colocados en la antigua carretera Avilés-Oviedo y son obra de José Bernardo de la Meana, están incluidos, nada menos, entre los elementos catalogados como Conjunto Histórico-Artístico de Avilés, por el Estado español. Aunque no lo creas.
Y no tiene perdón de Dios, ni tendría que tenerlo de las leyes españolas, la asfixia estética que les produce un viaducto o el bocadillo que forman entre una gasolinera y un basurero a tiempo parcial. Quien autorizó estos desmanes debió pensar que estos canapés –que ahora está restaurando Teresa Imaz- eran comestibles y resulta que son de piedra.
En ese entorno tan poco gastronómico, es donde ves, si es que puedes, los monumentales Canapés de Avilés, patrimonio artístico infelizmente maltrecho. Están allí, muy cerca de La Curtidora, patrimonio industrial felizmente rehecho.
Para que veas.

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Barroca calle Galiana

Por Alberto del Río Legazpi (16 de diciembre, 2008)

(EN TECNICOLOR)

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Reina en este pueblo una amable jovialidad infantil que ensancha el corazón de cuantos viajeros lo visitan y aleja instantáneamente su mal humor. A muchos he oído decir que así ponían los pies en Avilés se sentían cambiados, olvidaban sus penas y amaban otra vez la vida. Por todo lo cual sería muy justo que el Gobierno de la nación declarase a esta villa sanatorio oficial para los neurasténicos”.

Armando PALACIO VALDÉS, La novela de un novelista, Laviana: Excmo. Ayuntamiento, 2005, ed. de Francisco Trinidad, pág. 105

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El “Asturias patria querida”

Por Alberto del Río Legazpi (12 de diciembre, 2008)

(EN BLANCO Y NEGRO)
Me contaron que en una sidrería llamaron la atención a los “componentes” de una despedida de soltero por cantar el “Asturias patria querida”…

Hablaban el otro día en la radio que en algunas repúblicas del suroeste de la antigua URSS (la que, más o menos, desmontaron entre el Papa Juan Pablo II y Gorbachov) hay un gran número de afásicos, o sea gente que perdió el habla. Cosa que ya pasó allí hace años.
Así que no sería tan raro que hoy, algunos ciudadanos de estos países, de la Europa del oriente, hayan perdido el habla -como entonces en la URSS- por lo que está pasando ahora en Rusia: democracia mandada por aquel comunista de medio pelo y agente del KGB soviético, Vladímir Putin, que ahora se santigua y reza como un condenado y que siendo ayer presidente, se disfraza hoy de primer ministro para regresar mañana a la presidencia. O por lo que pasó en aquella URSS (la de Stalin y otros, que no todos, jerarcas Putinos), donde la falta de libertades hizo que parte del personal se fuera quedando sin discurso, lo que incitó a que el freno de mente les trabara la lengua. Son los afásicos políticos. Que no tienen nada que ver con los casos de esta enfermedad común o congénita, que sufren muchas personas.
En el hospital La Paz de Madrid experimentaron con el “Asturias patria querida”, como canción curativa, utilizada por su unidad de foniatría y logopedia para recuperar a sus pacientes afásicos ya que según los especialistas “esta canción tiene un alto contenido emocional, es intuitiva y muy sencilla”.
Aquí en Asturias, algunos recordamos que desde siempre, o sea muchísimo antes del contexto autonómico -que exige bandera e himno- la gente entonaba el “Asturias” con nocturnidad excitante, sentados o rebullendo y en medio de un general alborozo atizado de sidra. Actualmente, en el contexto autonómico esa misma canción, exige: horarios diurnos, posición de ¡firmes!, quietos todos, y esa carina de circunstancias con la mirada perdida. Y encima sin copas.
Bueno, oye, aprovechemos los efectos terapéuticos de nuestra música y que los ciudadanos de tierras orientales, afectados de afasia política, canten a toda pastilla -convenientemente tonificados- el “Asturias, patria querida” que aquí entonábamos como canción y no como himno. O sea, el método de toda la vida, aquel tan suficiente regado, que no reglado. Matiz éste muy importante, que conviene no dejar escapar.
Será una ocasión histórica de exportar cultura músico-gastronómica asturiana y de paso iniciar gestiones para que Putin venga a pronunciar una conferencia a la Universidad de Oviedo, o algún centro socio-cultural de Valliniello o de Somió, que mas da, sobre sus vivencias religiosas en la iglesia ortodoxa rusa.
Y por lo que se refiere al contexto asturiano, como aumente el peligro de no poder cantar el “Asturias, patria querida”, según nos enseñó la tradición, es decir, a todo trapo como fin de fiesta: en unos años, todos afásicos.
Luego tendrán que venir los de Madrid a salvarnos. Una Reconquista al revés.
Porque, sepan los estirados de la ortodoxia autonómica, que en toda España se sigue cantando el “Asturias” como motivo de juerga o alborozo.
Lo que parece un honor para Asturias. ¿O no?

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Sol en la calle Sol

Por Alberto del Río Legazpi (9 de diciembre, 2008)

(EN TECNICOLOR)

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Fue en Avilés. Caminaba por la calle de La Ferrería, en un día muy oscuro, y al girar a la derecha, justo cuando enfilaba la calle del Sol, se disparó un fogonazo de sol que me deslumbró.
Y me acordé de que Pascal ya me había comentado, libro por medio, que “Hay luz suficiente para quienes deseen ver, y bastante oscuridad para quienes tienen la disposición contraria” y entonces me calmé.
La calle del Sol, de Avilés, une las de La Ferrería y La Fruta, las principales -junto con San Bernardo- de la antigua ciudadela amurallada. La cerca, que defendía la Villa, duró desde no se sabe cuando hasta el primer tercio del siglo XIX, en que fue destruida. Una operación urbanística que dio a ganar mucho dinero a muy poca gente.
En esta calle está ubicado el Archivo Histórico de Avilés, uno de los más importantes del norte de España.

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La foca de Avilés

Por Alberto del Río Legazpi (5 de diciembre, 2008)

(EN BLANCO Y NEGRO)

Hace hoy 57 que apareció en Avilés una foca, suceso que hizo historia en esta ciudad asturiana, hasta el punto de que una estatua recuerda el hecho.

Las murallas de Avilés fueron construidas para defender a la próspera villa medieval de la incursión por mar de piratas sarracenos y sobre todo de los vikingos, nórdicos crueles y sanguinarios. Unos animales, al decir de las crónicas.
Siglos después llegó por mar a nuestra ciudad, ya sin murallas, otro animal nórdico, pacífico éste donde los haya. Ocurrió una fría mañana del 5 de diciembre de 1951 y los primeros que divisaron sus juguetones movimientos por las aguas de la Ría observaron con estupor que se trataba de una foca, animal conocido por estas costas española gracias a las revistas ilustradas o algunos libros de escuela. Después de la sorpresa inicial corrieron hacia el casco urbano coreando la novedad a voz en grito. Aquello causó sensación en aquel Avilés de 21.340 habitantes, con mayoría de mujeres, y un presupuesto municipal de poco más de tres millones de pesetas (hoy, unos 20.000 €).
La arribada de la foca y su popularidad coincidieron, en el tiempo, con el inicio de las obras de la enorme factoría siderúrgica de Ensidesa. Cosa que algunos tomamos como un símbolo precursor de aquel gigantesco advenimiento industrial. Además de eso yo la reivindico también -a la foca- como uno de los elementos iniciadores del turismo local, ya que por entonces hubo numerosas visitas -en domingos y fiestas de guardar- de gentes de otras sitios de Asturias, para ver a tan exótico animal, al que los niños daban de comer.
-Anda fiu, que perdemos el tren pa ir a ver a la foquina de Avilés.
Ya digo que, sin marketing ni leches, allí nació el turismo actual. Venancio Ovies, recordado periodista avilesino, tuvo la clarividencia de que lo de la foca era algo más que una anécdota y fue ganador de un premio nacional de periodismo que relataba el suceso.
Y aunque el simpático animal se las piró un día de la primavera de 1952, tan misteriosamente como vino, no consiguió deshacerse de Avilés. Porque se moldeó su efigie y se expuso, en 1956, en un lugar de honor del parque del Muelle. Y así a lo soca, medio en serio y medio en broma, la foca se quedó entre los avilesinos para siempre y hoy es uno de los símbolos de la ciudad. Una innegable originalidad, ¿que población en España y gran parte del extranjero le ha dedicado un monumento a una foca?
Cosa que, actualmente, también choca a los miles de turistas que visitan Avilés y que invariablemente preguntan a las señoritas que les guían por la ciudad:
-¿Oiga pero que hace una foca aquí?
– Una seña industrial de la ciudad, señora
– ¡Virgen del Amor Hermoso! ¿Pero que me dice?
Y automáticamente enfocan sus cámaras e inmortalizan a la foca.
Y quien le iba a decir a Pedro Menéndez de Avilés, Capitán General de la Mar Océana del Rey Felipe II, que iba a tener al lado de su recia efigie en bronce -y como vecina- a una pacífica foca boreal en piedra artificial. Un cachondeo histórico. Una pasada mediática.
Para que luego, algunos muermos, digan que en Avilés no hay sentido del humor. Los que eso afirman tienen una visión de la realidad un tanto desenfocada.

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Un histórico pifostio

Por Alberto del Río Legazpi (2 de diciembre, 2008)

(EN TECNICOLOR)
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La asturiana ciudad de Avilés, tan destacada por su riqueza histórico-artística, también contribuye a enriquecer los ejemplos de caos urbanístico que caracterizan a nuestro país, es decir: España.
Lo muestra la foto, donde puede apreciarse como dos monumentos medievales, son cercados de un modo tan sublimemente hortera que se me antoja difícil de igualar.
La antigua iglesia de San Nicolás de Bari (siglo XI), hoy de los PP Franciscanos, tiene incrustado en su ábside, desde la segunda mitad del siglo XX, un espantoso edificio, que parece que ahora va a ser demolido. Al lado del templo está la capilla de los Alas, la mejor muestra del arte funerario asturiano del siglo XIV y que apenas puede ser vista al estar prácticamente enterrada por otros edificios de por aquellas fechas y otras anteriores. Todo ello, gracias a la autorización de las autoridades de por aquellos entonces, sin cuya dejadez nada de esto hubiera sido posible.
Tal espectáculo se puede contemplar, a plena luz del día, desde el paseo de la Ría avilesina, en su tramo Avilés-Llaranes. Y es gratuito, dicho sea en todos los sentidos.

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