Asturias desde el aire

Por Alberto del Río Legazpi (28 de noviembre, 2008)

La obra fotográfica publicada por Nardo Villaboy en su más reciente libro es una bellísima visión que viene desde los cielos asturianos.

Desde hace la tira, Asturias es plural, como su propia “s” final indica y punto, o sea. Y no me remitiré a citas literariamente históricas, que lo atestigüen, porque no es cosa de dar el coñazo. Lo que yo quiero es hablar de una Asturias desde el aire, impresa en un libro, que estoy descubriendo alucinado, ahora.
El caso es que anduve -y sigo en ello- metido estos días en harina fotográfica. Primero fue la exposición de Miki López, que cogí por los pelos y no es coña capilar Miki, y fui el último día porque la estuve peinando. Pero llegué justo, para poder gozar de la obra del artista cuyas fotos honran a este periódico y que el lector tiene ahora ante sus narices.
Después me recomendaron un duelo artístico, colgado en Artes y Oficios, que mantienen el pintor Favila y el fotógrafo Nardo Villaboy. Es asunto que no conviene perderse, porque no abunda el que se pongan en paralelo pinturas y fotografías, ambas de gran tamaño y con igual motivo.
Y estos días -como decía- ojeo y no paro, porque es una gozada, el último libro de uno de estos artistas, Villaboy, titulado “Asturias desde el aire. Una ventana al paraíso” (“Asturias from the sky. An open window to paradise”), en versión bilingüe, necesaria para los breves textos de J. Manuel Velasco y Fran J. Alonso, porque las imágenes de Nardo hablan por sí solas en cualquier clase de idioma, dialecto y jerga del más recóndito rincón del mundo.
La edición es una apuesta, un reto más de Nardo Villaboy, el avilesino -y esto es histórico- que más obras publicadas ha realizado en la, presuntamente, milenaria historia de esta ciudad. Y también le cabe ese honor entre los autores asturianos vivos, con excepciones como la de Corín Tellado, a la que tanto admiran Vargas Llosa y Cabrera Infante.
El libro en cuestión es un lujo editorial, una de esas obras de coleccionista, un invento encuadernado con ventana incluida en su portada. Por ella te cuelas a su interior, donde se muestra el paraíso natural a todo trapo, atrapado a vista de pájaro, en 552 páginas fascinantes y en las que descubres que vives en una región geográficamente tan colosal como diversa.
Un excepcional documento gráfico que te empuja a conocer Asturias desde el punto de vista cenital… y ese ¡hola! Picos de Europa, o ese ¡que tal! acantilados y playas, o aquel ¡encantado de conoceros! Poblaciones asturianas… Oye, pues que ¡es un placer! Nardo.
Porque has sacado un libro cuyo mayor mérito reside en saber que ni la palabra más precisa y preciosa puede mejorar un silencio tan clamoroso y triunfal como el que trasmiten las imágenes. Tus imágenes.

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Plaza del Carbayo, sabor medieval

Por Alberto del Río Legazpi (25 de noviembre, 2008)

(EN TECNICOLOR)
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Esta plaza de Avilés es una de los espacios urbanos con más solera de Asturias.
La foto muestra un aspecto parcial de la misma y está tomada desde los soportales, elemento arquitectónico diferencial avilesino, ya que pocas metrópolis tienen tal longitud y variedad de ellos como esta ciudad asturiana.
La plaza era, y es, el centro neurálgico del singular -y durante muchos siglos marinero y pescador- barrio de Sabugo, el único importante que en la Edad Media existía fuera de la Villa amurallada avilesina.
Testigo de aquella época, siglo XIII, es la iglesia -cuya portada se puede ver al fondo- de Santo Tomás de Canterbury. El templo, pequeñín pero galano, reúne estilos románico y gótico.
La plaza debe su nombre al carbayo (roble, en castellano) que estaba plantado en el centro de la misma.
Actualmente Sabugo es de las más renombradas zonas de ocio hostelero de Asturias
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Pavor en el patrimonio industrial asturiano

Por Alberto del Río Legazpi (21 de noviembre, 2008)

(En blanco y negro)

La herencia fabril les importa un pito a muchos políticos, quizás porque saben que es ignorada por muchísimos ciudadanos.
Es por eso que cuando hablas de patrimonio industrial en Asturias, se oye un silencio grande, estremecedor, vergonzante.
Sépase que en otros países restauran y recuperan antiguas instalaciones industriales para otros usos. Estoy hablando de centrales térmicas que se convierten en centros culturales (Tate Modern de Londres), gasómetros para diversos usos ciudadanos (espacio deportivos e incluso viviendas) y otros.
Sin embargo el patrimonio industrial asturiano no solamente no es apreciado ética y estéticamente sino que es despreciado olímpicamente por los poderes públicos. A pesar de que somos una de las dos comunidades autónomas que conserva mayor número de importantes restos industriales de España.
Mas de un tercio de ese patrimonio industrial asturiano está localizado en Avilés.
Y el caso de Avilés, con la excepción de Arnao, es lastimoso. Me refiero a lo que viene ocurriendo en los terrenos de la fenecida industria de cabecera de Ensidesa, hoy ocupados por el Parque Empresarial Principado de Asturias (PEPA).
Era éste un espacio tan plagado de edificaciones singulares que quitaba el hipo. Cuando dejó de producir, se perdió -por falta de imaginación y previsión- la oportunidad de planificarlo racionalmente para un nuevo uso. No hubo plan rector, ni leches en vinagre, que impusiera sentido común a las actuaciones. Y así, en un quítame allá esas pajas, se demolieron más de 80 instalaciones y se ganaron 75.000 toneladas de chatarra y otras 65.000 de hormigón. Había algunas de notable singularidad: hornos altos, fábrica de oxígeno, la acería LD-I o el gasómetro número 3. La acería Siemens fue la única que se salvó, aprovechada por la sensibilidad de Daniel Alonso, para instalar allí una empresa conservando la estructura del edificio.
El caso es tan escandaloso que de las catalogaciones hechas por el organismo internacional DOCOMOMO (Documentación Conservación Movimiento Moderno), para el actual PEPA una (la más valiosa) se la comieron a medias entre la mentira y la especulación: la famosa térmica, que fue dinamitada hace poco y con ella volaron un símbolo de una época importantísima en la historia asturiana y avilesina.
Y otra, que tal baila, es la del antiguo parque de bomberos de Ensidesa, en un estado deplorablemente patético, lleno de basuras y ratas que entran por donde no quedan ya ni puertas ni ventanas. Al lado del puente de Llaranes, sigue la que iba a ser -en principio- un museo de la siderurgia (cosa que luego fue la térmica y no me rían, por favor) y que todavía está catalogada por el organismo internacional citado. Allí está, sin ningún tipo de protección, miserablemente desnuda y abandonada esta pequeña joya arquitectónica.
Mientras al otro lado de la carretera, a unos cien metros escasos, con todo su perímetro alambrado y cuidadosamente aseado, se ubican las oficinas del PEPA y de Infoinvest.
Son los planificadores y responsables de este parque. Forman una orquesta donde los percusionistas tocan el violín, los violinistas soplan el trombón y los trompetistas patean el piano. Una orquesta de desconciertos actuando en un escenario convertido en indecente gracias a su música: el edificio de bomberos de aquella Ensidesa, que en paz descanse.
Es la indecencia. Es la molicie. Es el pavor.

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Palacio Valdés, de aniversario teatral

Por Alberto del Río Legazpi (19 de noviembre, 2008)

(EN TECNICOLOR)
teatro-palacio-valdes.JPG

El 14 de noviembre de este mes se han cumplido 16 años de la reinauguración del teatro “Palacio Valdés” de Avilés. De ahí esta foto tan primaveral.
El teatro lleva el nombre del gran escritor Armando Palacio Valdés, que universalizó Asturias y España a través de sus novelas traducidas a múltiples idiomas.
Con diseño del arquitecto Manuel del Busto, fue inaugurado en 1920, cerró sus puertas -por crisis económica- en 1972 y fue reinaugurado en 1992 después de proceder a su completa restauración.
Su gran vistosidad externa, una espectacular fachada neobarroca, se complementa con un interior -con capacidad para 750 espectadores- que adopta la estructura de teatro “a la italiana”, es decir: auditorio con planta de herradura y varios pisos con palcos y galerías, que pueden acoger a 750 espectadores.
Forma parte de la Red Nacional de Teatros
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El gargaxo categórico

Por Alberto del Río Legazpi (14 de noviembre, 2008)

(categoría: EN BLANCO Y NEGRO)
Hay cosas en las que no caemos a pesar de ser tan evidentes. Y no me refiero a la crisis económica porque la han creado los mismos que van a sacar dinero de ella.
Es que el mundo se está volviendo tan improbable como un ciclista profesional con bigote o un boxeador con barba. Hay niños, en las ciudades, que nunca vieron una vaca, pero también hay mayores que creen que en España solamente hay un juez y es uno que se apellida Garzón. Tal es el volumen de su eco.
El otro día leí que tiene indicios de que la semifinal de la copa de la UEFA pudo ser amañada, lo que coloca a los clubs protagonistas, el Zenit ruso y el Bayern alemán, bajo sospecha.
O sea que el juez de jueces se mete también en el fútbol. Bienvenido sea porque quizás pueda alumbrarme sobre algo que me trae a mal traer y que ya tengo denunciado. Se trata de esa permisividad para con una determinada acción de la mayoría de los jugadores de fútbol, al menos de los millonarios de primera división.
En televisión es donde mejor se pueden apreciar y recabar pruebas de mi acusación, que consiste en que al terminar una jugada te muestran en primer plano la cara del futbolista protagonista de la misma, que indefectiblemente suelta un gargaxo.
O sea: salivazo, escupitajo, esputo, expectoración… llámelo como quiera. Pero piense que esta es conducta que atenta contra la moral y buenas costumbres, tanto que antes en los bares y demás sitios de ocio colgaban aquel cartel de: Se prohíbe escupir. Y aquello es ya historia.
Y si el personal escupe ahora en su pañuelo ¿por qué se permite que lo hagan los futbolistas al suelo anegándolo con sus expectoraciones? En otros deportes como el baloncesto son más educados y se ahorran la descarga. Haga un cálculo y deducirá que en hora y media que dura un partido de fútbol, sus protagonistas han estado escupiendo a diestro y a siniestro sin parar, de forma que pueden ser litros de saliva los que inunden el césped. Aprecie el señor árbitro Garzón que lo que aquí se pide es que se provea a estos deportistas de los consiguientes pañuelos, que lleven en reglamentados bolsillos de sus calzones deportivos. Cuestión de elemental higiene, Señoría. Porque de seguir con la actual permisividad, la cosa puede degenerar y terminen meándose por la pernera, lo que puede llevar a su vez a cosas mayores como bajarse el calzón y desahogar la tripa a la vista de millones de espectadores.
En un partido de la pasada copa de Europa, ganada por España, el asturiano David Villa marcó un gol precioso en el último minuto y lo primero que hizo fue soltar un esputo antes de abrazar a sus compañeros.
Fue aquel un gargaxo muy asturiano, categórico, tremendo, descomunal. Actúe ya el magistrado ¡por Dios bendito!

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Arco iris que une pasado y futuro

Por Alberto del Río Legazpi (8 de noviembre, 2008)

(Categoría: EN TECNICOLOR)
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El viejo puente de San Sebastián que unió, saltando sobre la ría avilesina, en tiempos pasados las poblaciones asturianas de Avilés y Luanco, ha sido sustituido por una réplica cuyo diseño cromático, basado en el arco iris, corresponde al artista Ramón Rodríguez.

El nuevo puente será una de las comunicaciones peatonales, entre el casco viejo de la ciudad, parte del cual se puede ver al fondo de la imagen, y el futuro Centro Cultural Internacional “”Oscar Niemeyer”, actualmente en construcción.

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Parque del Muelle. Amaneciendo

Por Alberto del Río Legazpi (4 de noviembre, 2008)

parque-del-muelle.JPGEN TECNICOLOR (nueva sección del blog “Por la Vía Láctea”)

A primeras horas de la mañana comienza a coger luz el parque del Muelle de Avilés, el más emblemático de esta ciudad asturiana.
Jugó un destacado papel social y ornamental, desde finales del siglo XIX hasta 1976, año en que se inauguró el colosal parque de Ferrera, de 81.000 metros cuadrados.
Pero el histórico parque del Muelle está a la espera de recobrar su protagonismo, con la puesta en marcha del nuevo plan urbanístico que afectará al casco antiguo de Avilés, gran parte del cual está declarado -por el Estado español- Conjunto Histórico-Artístico.

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