El sorprendente museo al aire libre de Avilés

Por Alberto del Río Legazpi (31 de octubre, 2008)

El atractivo de Avilés está en la milagrosa mezcla de la diversidad de los estilos de sus monumentos, plantados siglo a siglo en esta villa, demostradamente histórica y presuntamente milenaria.
Hoy es una ciudad regenerada, con inicios de un aspecto radiante, que comienza a sentirse orgullosa del carácter monumental que tiene y que retiene en muy poca superficie, lo que favorece un recorrido agradable del mismo. Justamente eso es lo que termina por convertirla en un museo al aire libre. Cosa certificada por el Estado español, en 1955, cuando declaró buena parte de su casco antiguo como Conjunto Histórico-Artístico.
Y esto, unido a la cantidad y calidad -con el consiguiente pero, tan español, en cuanto a su conservación- de sus palacios, iglesias, plazas, calles y capillas, es lo que deja sorprendidos a los miles de visitantes, que desde 1999 acoge la ciudad (año en que comenzó su promoción). El turista acude a confirmar la información recibida de que esta es ciudad antigua y no surgida en 1950 al rebufo de frenéticas y humeantes industrias que ensombrecieron su atractivo histórico, ahora destapado y coloreado. Esta resurrección contrastada “in situ” es lo que deja impresionado y hasta entusiasmado al visitante, sorprendido de que la ciudad no es del color pardo que le pintaron y que tampoco hay escoria en las cunetas, porque las aventó la crisis siderúrgica mundial, aunque eso el no lo sepa.
Para gente de gusto antiguo y medieval, Avilés tiene románico y gótico en La Ferrería, calle comercial de aquel entonces cuando Avilés era el principal puerto del norte de España. O en Sabugo, antiguo barrio de sabor marinero y hoy sidrero. Mareante en cualquiera de los dos casos.
Tendrá ocasión de comprobar el carácter “coñón”, o flema asturiana, de muchos avilesinos, aspecto no contado en los libros de turismo. Y si no ¿como explicar que en Avilés haya lugares con nombres tal que: Valparaíso, Las Vegas, Versalles, Cuba, El Quirinal o la plaza del Vaticano?
Si anda buscando una ración de barroco, tiene para un banquete: Cuatro palacios en un palmo de terreno y dos calles legendarias, Rivero y Galiana, que transportan soportales, especie abundante en una ciudad, que cuenta entre antiguos y modernos con cerca de cuatro kilómetros de ellos.
Entre sus recoletas plazas señalo dos: la de España, más conocida como El Parche (insisto en lo de la coña marinera) y la del mercado que es una de las más originales de España, con un perímetro amparado por blancas galerías apoyadas en columnas de hierro, a lo Nueva Orleáns, oiga.
Luego está lo de la naturaleza. Avilés es en una de las poblaciones del norte de España con mayor número de parques, en términos relativos. Son catorce, empezando por los 81.000 metros cuadrados del Ferrera, filmado por Woody Allen, en el centro urbano.
Parte de su futuro, estilo Oscar Niemeyer, está emergiendo al otro margen de la mágica ría avilesina y frente al casco histórico.
Quizás los que menos conozcan la ciudad sean sus propios habitantes y los asturianos en general. ¿Será posible? Háganse un favor, consigan documentación en Turismo y vaya ustedes a tomar por el Avilés histórico un aperitivo artístico.

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El “góchico” asturiano

Por Alberto del Río Legazpi (24 de octubre, 2008)

En Asturias tenemos un patrimonio muy rico en modernismo, barroco, renacentismo, prerrománico, románico y gótico. Y también “góchico” y “marránico”, como ustedes comprobarán si siguen leyendo.
El otro día este periódico lucía en su primera plana una foto de Santullano -o San Julián de los Prados- con abundante maleza hasta el punto que dos pinos y una palmera crecen en su tejado.
El histórico templo prerrománico (siglo IX), está situado en la entrada de Oviedo y su lado le plantaron la autopista Y, que le está ocasionando una especie de baile de San Vito (convulsiones pétreas, en este caso) que puede acabar con su vida. Tal es el peligro que corre que está planeado desviar la autopista para que no se venga al suelo, por lo que se va a gastar una millonada para reparar una chorrada monumental, quiero decir una barbaridad descomunal, en el diseño de esta vía de comunicación, que fue allá por los años setenta del siglo XX. Algo de esto puede repetirse estos días, si la no nata Ronda Norte de Avilés pasa al lado del Peñón de Raíces, donde se está destapando la nueva historia de Asturias.
La antigua iglesia románica de San Nicolás de Bari (hoy conventual de los Franciscanos), con cerca de mil años a cuestas, es el edificio más antiguo de Avilés. El templo, que está hecha unos zorros desde hace la tira, luce ahora una exuberante vegetación, en forma de matojos que por aquí y por allá alcanzan su cenit en la fachada y en un lateral de la capilla gótica de Pedro Solís (situada a la izquierda de la portada) en donde está naciendo un árbol, seguramente tropical, con cañas de unos dos metros. El espectáculo se puede contemplar desde la verja de la capilla de Los Alas (siglo XIV), cuya zona de acceso es, actualmente, un patio de luces (siglo XX) con tendales de ropa al viento.
La parte conventual y el claustro de Santa María la Real de Obona (siglo XIII), en Tineo, sigue arruinada por ortigas, escayos y demás familia. La portada románica del templo, que aún sigue en pie, luce en su parte superior un despeinado y profuso jardín de maleza.
Santullano tiene reconocimiento internacional al estar catalogada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. La de los Franciscanos de Avilés, es el edificio civil más antiguo de una ciudad monumental. El de Obona era un imponente monasterio benedictino.
Las inclemencias de todo tipo de desórdenes han hecho posible que estos y muchos monumentos asturianos más, tengan un doble interés: el artístico menguante y el botánico creciente. Buena parte de nuestro patrimonio está vivo, se ve como rebrota. Lo que, ciertamente, es una gochada o una marranada, como ustedes gusten.
Las responsabilidades de estos desmanes son religiosas o civiles, según los casos, las cosas y los cosos. Pero está claro que determinados dirigentes de ambos ámbitos, bien de los de antes o de los de ahora, se pasaron y siguen pasándose el patrimonio artístico asturiano por su particular arco del triunfo. De estilo “góchico” o “marránico”, según los casos.

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Berlusconi de los coglioni

Por Alberto del Río Legazpi (17 de octubre, 2008)

Antes te robaban al grito de “¡La bolsa o la vida!” Hoy los poderes financieros lo hacen, fino en la forma y mortal en el fondo, mientras te susurran al oído: “Hola, cielo ¿qué tal estás? queremos que nos des la bolsa y también la vida”. Cosas del actual frenesí económico mundial, que tiene ese olor a pánico que se cuela por las cocinas de tantas casas hipotecadas o no.
Vivimos tiempos de zozobra, de Obamas salvadores, de Berlusconis peligrosos, de Sarkozys hiperactivos. De una Palin que es como un Putín que, a su vez, es calcado a un Rasputín. Del patriota Rajoy y el coñazo que le ocasionan los desfiles de los ejércitos españoles. O de un Zapatero que pasó de homilías monetarias salvadoras al ¡Sólbese quien pueda!
En estos días me acuerdo mucho de Carlo B., un italiano, freelance de la fotografía, que estuvo hace poco recorriendo nuestra región, empeñado en encontrar la síntesis asturiana o sea el alma para un almanaque de una industria quimiquera. Carlo adoraba Taramundi y los tres Oscos, el convento de Corias de Cangas del Narcea y las proporciones artísticas del casco histórico de Avilés, que recorrió conmigo cinco veces, cinco.
Hablaba a toda pastilla y sin freno, sobre el primer ministro de su país, Silvio Berlusconi. Para referirse a él no lo hacía por su nombre si no por el de “Il miseràbile”. No entendía que a personaje tan siniestro, muchos periodistas lo apodasen “Il cavaliere”.
Italia sobrevive gobernada por este magnate que se dice políticamente de centro-derecha, pero que no dudó en utilizar a la extrema derecha para llegar al poder y así vimos a una nieta de mismísimo Mussolini apoyándole con lindezas del calibre de: “más vale ser fascista que maricón”. El alcalde de Roma es fascista declarado.
Este financiero, de 72 años, que está acusado de relaciones con la mafia y tiene varios juicios pendientes por corrupción, no duda en sacar el ejército a la calle, ante el sonrojo de la policía, para controlar la inmigración.
Su rostro ha recibido buenas dosis de cirugía estética y tiene que reírse con el suficiente cuidado como para que la mueca no le rompa la cara. Se ha hecho un lifting en los ojos e implantes en el cuero cabelludo, quizás por esto gane las elecciones por los pelos, a pesar de controlar las principales cadenas de televisión italianas.
Su última ocurrencia está en los periódicos de anteayer: “La historia demostrará que George W. Bush ha sido un grandísimo presidente, porque es un hombre de grandes principios, ideales y una gran visión”. El italiano se estaba refiriendo al norteamericano que incendió Oriente Medio sin haber encontrado armas masivas, al que creó la colosal chapuza ilegal de Guantánamo y que ahora acaba su presidencia hundiendo la economía mundial.
Berlusconi califica de coglioni (término equivalente a gilipollas en español) a los que no votaron por él o no le tienen simpatía.
El título de esta columna tendría que ser: Berlusconi y los coglioni. Pero, me permito una licencia, ya que en castellano le viene mucho mejor, es más expresivo, lo del Berlusconi de los coglioni.
Ciao.

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La de Dios es Cristo

Por Alberto del Río Legazpi (10 de octubre, 2008)

Lo que yo creí un dicho resultó ser un cierto. Y así, de forma tan tonta como brutal, compruebo que aquello de la “rabiosa actualidad” estaba destinado al miserable tiempo actual. Tan furiosas están las cosas que aquí quisiera ver yo a Mallarmé, lidiándolas con capotes poéticos.
Y es que el Fondo Monetario Internacional está poniendo en escena los misterios dolorosos. Y las bolsas mundiales, en ese arco que va de Wall Street a Tokio pasando por Madrid, van como montañas rusas moñadas de whisky hipotecario americano de la marca G.W. Bush, porque esta es otra de las miserables herencias que le deja al mundo este grotesco presidente de los USA.
Un angustioso pasmo económico sacude al mundo y está empezando a ocasionar una alarma que, por ejemplo, ya se ha instalado en las barberías asturianas:
-¿Cómo anda hoy el Dow Jones, Manolín?
– Bajó cinco punto, nin. Pero subió el Ibex 35, ¿oíste? Así que tu tranquilu.
-¿Y como quedó el Sporting?
-Que se yo, míralo en el periódicu, que toy muy liau con la bolsa.
Las cosas han llegado hasta el punto de que el Papa de Roma, manifestó esta semana en la apertura del Sínodo de Obispos, que “Los bancos caen y sólo la palabra de Dios es estable” y añadió algo tremendo: “el dinero se desvanece”.
No me nieguen que esto sí que es la de Dios. Creo que hay que navegar a todo trapo y renovar lavadora y ordenador y, desde luego, invertir en lotería a raudales.
No se como andarán en otros países, pero en el nuestro el Gobierno nos incita a sacar pecho, cuando la realidad te advierte de que te cuides el trasero, que es por ahí por donde te pueden dar y por donde -de hecho- ya te están dando, los zurriagazos bursátiles.
Lo de ser optimistas a ultranza, en el terreo político-económico lo terminas pagando. Recuerdo que no hace más tres años, un concejal de Avilés -de cuyo nombre no quiero acordarme ahora- manifestó que «No hace falta ningún tipo de tabla, ni datos de ninguna estación de medición para apreciar que la calidad del aire de Avilés es notablemente buena». Y mira tu, vaya por Dios, que estos días el gobierno del Principado hace públicos unos datos que demuestran que por Avilés no solamente corren malos humos, sino que su aire es el más viciado de Asturias por polvo y monóxido de carbono. Menudo Cristo este de la contaminación, que no somos capaces de sacárnoslo de encima.
Finalmente, mi desconcierto queda coronado cuando, tratando de parapetarme de la realidad tras las páginas de anuncios por palabras del periódico, alcanzo a leer al paso de página, que en Japón se ha puesto de moda la “cibernovela”, unos relatos que los nipones leen en su móvil -y preferentemente en el metro- con tanto ardor y aplicación que más de 25 millones han devorado ya “Koizora” (“Cielo de amor”) en las pequeñas pantallas. Y se calcula que de las diez obras literarias más vendidas en aquel país cinco de ellas nacieron en el teléfono móvil.
Lo que nos faltaba: el libro se hizo móvil y habitó entre nosotros.
Esto el mundo al revés. La de Dios es Cristo.

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El artista asturiano más célebre de la historia

Por Alberto del Río Legazpi (3 de octubre, 2008)

Juan Carreño de Miranda, pintor de la corte del rey Carlos II y de templos religiosos, nació en Avilés (en la casona de La Lleda, cerca del histórico barrio de Miranda) en 1614, aunque algunos lo quieran ver nacido en Oviedo, Carreño o Gijón. Su padre se lo llevó de Avilés, al poco de morir su madre y cuando el rapacín aún no había cumplido los diez años.
A tan temprana edad comenzó su peregrinación por Valladolid y Madrid. Fueron tiempos duros para esta familia de hidalgos pobres. Pintaba Carreño junior, como y donde podía, y ayudaba a su padre -que parece ser era un verdadero dolor de cabeza- en la reso¬lución de pleitos, pues tal era el trabajo de su progenitor.
Al joven Carreño lo descubrió el gran Velázquez, como por casualidad, en un Juzgado que debe de ser de los lugares más increíbles para el inicio de una amistad, sobre todo artística. Y luego la cosa ya fue de carril. Lo cuenta Ceán Bermúdez: «Y díjole don Diego de Velázquez al rey que necesitaba a un astu¬riano llamado Carreño Miranda para pintar con él en el salón de los espejos de palacio, donde repre¬sentaba la fábula de Vulcano y Pandora».
En 1669 Carreño alcanzó a ocupar el puesto que había ejercido Velázquez, el monstruo de la pintura mundial, como pintor oficial del rey de España. Tela.
Había llegado a la cúspide a pesar de la desastrosa vida que le procuraban sus familiares próximos, en la que tuvo que soportar a un padre que resultó ser un gorrón de mucho cuidado y a un tío, entiéndase también como un hermano del padre, bastante plasta. Aunque parece que todo eso lo compensó el artista al celebrar feliz casorio con María de Medina.
Carreño Miranda fue muy artista (como se es muy torero en las plazas) en las muchos proyectos que acometió, pero lo bordaba como retratista. Su obra está colgada hoy en los principales museos de Europa (El Prado de Madrid, Louvre de París y Ermitage de San Petersburgo) y luce y ensalza numerosos templos religiosos, principalmente madrileños.
Aunque algunos asturianos no se lo crean, Carreño de Miranda es una de las grandes figuras de la pintura española. Y para pasmo de algunos avilesinos es, de corrido, el pintor asturiano más importante de todos los tiempos.
Pero ni Asturias ni Avilés tienen presencia en su obra. Escribe el historiador David Arias: «Nada, ni un recuerdo dejó Carreño para su pueblo, con quien se mostró sin duda olvidadizo; ¿sería acaso por orgullo de que el arte -y algo se contagia¬rá a los artistas- no reconoce patria? ».
Sin embargo Avilés se portó, de largo, con Carreño: una calle de Sabugo lleva su nombre y allí un gran mural cerámico recuerda al gran pintor, al igual que la efi¬gie en bronce del motivo de uno de sus cuadros más famosos: «La Monstrua». El instituto decano de la ciudad se denomina Carreño Miranda. Una estatua del artista, con pelambrera alborotada, ocupa el centro de la plaza de Camposagrado…
Señor don Juan Carreño de Miranda, fallecido en Madrid un 3 de octubre de hace 324 años: Su familia no le olvida. De admiradores, se entiende.

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