De mear y no echar gota

Por Alberto del Río Legazpi (26 de septiembre, 2008)

La expo de Zaragoza, recién clausurada, le dio un protagonismo total al agua. Primero porque la tiene, segundo porque el Ebro -sin trasvase, según que políticos- pasa por la capital de Aragón. Y tercero porque estamos en tiempos en que empieza a escasear.
Ya es muy conocido que los humanos estamos empeñados en suicidarnos, haciendo posible la desertización de gran parte del planeta, a base de contaminar salvajemente la naturaleza, lo que, a su vez, potencia y desmadra los efectos del cambio climático. Otra que tal baila es el derroche que hacemos del agua sin concederle la importancia que tiene, sin ver que ya casi está a punto de cotizar en Wall Street como el resto de las fuentes energéticas: gas, electricidad o petróleo.
No se que me da escribirlo, pero el agua -que algo tendrá cuando la bendicen- es el componente principal de la materia viva, constituye del 50 al 90% de la masa de los organismos vivos. Y luego están esos miles de detalles, como el que nada más salir del vientre de madre ya nos bautizan, con agua. Es evidente: ¡somos de agua, coño!
En Asturias dialoga el agua como en pocos sitios. Por ejemplo, históricamente, piensas un poco y te salen las termas romanas de Gijón, excavas un par de metros en el centro de Oviedo y te encuentras con una fuente romana, cuando cerca de ella ya teníamos la Foncalada prerrománica. Incluso las hay que te trasladan directamente a una época, como la de los Caños de San Francisco de Avilés que te lleva al barroco siglo XVII.
Esto de las fuentes de agua dulce es cosa aparte en esta última ciudad, donde pasan de cuarenta. En Avilés, si eres medianamente espabilado, te puedes dar cuenta de hasta que punto el agua es el centro de la vida, y no sólo por lo de sus pequeños y numerosos manantiales, si no por el espacio milagroso de la ría, donde dialogan y se enfrentan las aguas dulces y saladas.
Pero es una desgracia, nacional, esto de no cuidar las fuentes y descuidar las cañerías y sus juntas, y Avilés no es una excepción. La más famosa de ellas, la citada de los Caños de San Francisco, está deslucida, marchitada y desatendida. Tiene notorias basuras adheridas a sus paredes (se hacen muy evidentes por el color) que datan del año 2005.
Estamos hablando de uno de los símbolos icónicos de la ciudad, en pleno centro del casco histórico. Y para colmo apenas da de beber al sediento, con lo que hay que dudar que cumpla con su deber. De sus seis caños, solo tres manan agua aunque de forma ridícula ya que es un vergonzante y escuálido chorrín, cuando no el gota a gota, el risible caudal vertido en tan espectacular monumento.
Los otros tres caños nada. O sea: De mear y no echar gota.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(35) | septiembre 2008 |

El insólito archipiélago de Avilés

Por Alberto del Río Legazpi (19 de septiembre, 2008)

Algo no común, ni ordinario, caracteriza al conjunto de islas que componen el pequeño archipiélago de Avilés y su área de influencia histórica.
Tengo la certeza de que es la zona costera peninsular con más distinción insular. Es más: constituye toda una revolución en el orden geográfico y existencial, tanto nacional como internacional.
Para bañarse en esta materia hay que acudir, como casi siempre que se habla de Avilés, a su ría.
Cerca de la desembocadura del estuario local en el Océano Atlántico, están a las dos mayores islas de Asturias: A babor La Deva, la diosa, frente a la enorme playa (llamarla playón es un horror) de Bayas. La isla es monumento natural por su valor paisajístico y biológico. Mide unos 550 m por 350 m, más o menos. La quiso comprar, sin éxito, un conocido, para convertirla en la I República Española del Mar. Woody Allen en su película “Vicky Cristina Barcelona” la retrata, “p’a los restos”, en una toma desde el faro de Avilés, donde aparece Rebecca Hall y un sobrino de Juan Antonio Bardem, aquel gran director de cine español y mejor persona.
Cerca de La Deva y ya en Santa María del Mar, está La Ladrona, que por uno de esos milagros mareantes, tan pronto es isla como se trasmuta en peña. Y así cada seis horas y durante la tira de siglos. A esta Ladrona la quieren convertir, también, en monumento natural.
A estribor del estuario avilesino, cerca del Cabo Peñas, emerge La Herbosa, la segunda isla de Asturias después de La Deva. Es prácticamente inabordable, gracias a Dios y constituye un destacado lugar de cría de aves acuáticas.
Finalmente en la ría de Avilés no hay ninguna isla, pero hay dos. Vamos, que hubo y habrá, dos: San Balandrán y la De la Innovación. Cuestión de fe.
La primera, situada -que estuvo- frente al muelle de Raíces, permanece aún en el imaginario popular, a pesar de haber sido volada a mediados del pasado siglo para que no estorbara a los barcos que iban y venían a Ensidesa. La gente sigue hablando de ella en presente, porque aquello de tu familia no te olvida. Porque la ínsula de San Balandrán reúne a muchos creyentes en su existencia. Tiene bandera azul mítica, como el bendito legendario que lleva ese nombre, que por cierto no figura en el santoral de la Iglesia Católica.
Tampoco figura en ningún santoral, de momento, el arquitecto brasileño San Oscar Niemeyer cuya obra en Avilés ha sido capaz de inducir un fenómeno -otros le dicen milagro- consistente en ocasionar un embarazo a la mismísima ría de Avilés, que está actualmente, como ya escribí en una ocasión, gestando una isla de nombre tan cursi y usado como Innovación. Ya le tienen preparados unos dodotis culturales y urbanísticos, que -en teoría- son el carajo la vela.
Tal tinglado insular ha despertado el interés del beato trazador Norman Foster, otro arquitecto de fuste universal, que entusiasmado visitó al presidente Álvarez Areces en Oviedo, pero no conoció a la madre que lo va a parir: Avilés.
Corto y cierro: ¿Hay algún lugar en el mundo con tan original archipiélago? Busquen, comparen y si encuentran algo mejor díganmelo.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(31) | septiembre 2008 |

Los agujeros negros y el parque del Muelle

Por Alberto del Río Legazpi (12 de septiembre, 2008)

Para bastantes más cosas que las que uno se imagina es conveniente saber en que fecha se vive. Por ejemplo para leer este artículo.
Sabrá que anteayer, 10 de septiembre, fue un día que pasará a la historia por haber “despegado”, en Ginebra, y a la velocidad de la luz, un gigantesco acelerador de partículas, al que algunos conocen como “la máquina de Dios”. Parece ser que hay una remota posibilidad, mantenida por algunos, de que el colosal invento formase o lo haga en el futuro un agujero negro por el que se escurra el planeta tierra, en cuya nómina estamos usted y yo.
Pero tranquilo, porque si está leyendo el presente, significa que hoy es -al menos- 12 de septiembre y de momento el mundo no se ha ido al carajo y los agujeros negros son solo posibles, como sumideros inmensos, en el universo. Tómese un vino o sorba un café y respire profundo.
Y alegre ese cuerpo serrano, sabiendo que un día como hoy, pero del año 1890, ocurrió, simultáneamente, que: nació Carlos Gardel, señor del tango, en la ciudad francesa de Toulouse, mientras que en la española de Avilés comenzaban las obras del parque del Muelle, una de la mas originales zonas urbanas emboscadas de España y parte del extranjero.
Difícil será encontrar un parque clasicista anclado a unos metros de los muelles de una ría tan rica en internacionalismo como la de Avilés. El parque esté encajado en su casco histórico. Justamente nació para unir las dos zonas más antiguas de la ciudad: la villa amurallada y el barrio de Sabugo
Y luego, está ese futuro tan cantado que tenemos los asturianos, en torno a, la por venir, catedral de San Oscar Niemeyer. Entonces la ciudad se transformará y este parque será una bienvenida arbolada para los yates, de todas las banderas, que atraquen en el muelle deportivo. Será la transición perfecta entre esta ciudad monumental y el mar.
Son 14.000 metros cuadrados de jardines de regla y compás, con soportales vegetales y árboles centenarios, un templete musical de película, y estatuas basadas en la mitología griega o en un marino llamado Pedro Menéndez de Avilés e incluso en una foca. Cosa curiosa, ésta última, que no encontrará usted en ningún vergel del territorio nacional.
El parque del Muelle es un monumento a la sociabilidad ciudadana, ha sido lugar de esparcimiento para muchas generaciones de avilesinos, un espacio abierto a la amistad y al ligue (pero aquel del “hasta que la muerte os separe”, sin divorcio que valga).
Hubo tiempos en que para casi todo se quedaba en el Parque, tal era su protagonismo social y urbano que exigía la mayúscula inicial.
Era el único lugar en el que se podía escuchar música, cuando no había ni un desgraciado elemento electrónico que la fabricara, sino solo bandas oficiales de músicos uniformados. También fue sitio de caballeros, que sentados en un banco, fundaron una asociación tan trascendente como la Atlética Avilesina.
Pasado y futuro el parque del Muelle fue y será cosa tan singular, como relevante en la trama urbana de esta ciudad asturiana.
Su presente es una pausa, hermosa.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(29) | septiembre 2008 |

Carbón, carbono y bicarbonato

Por Alberto del Río Legazpi (5 de septiembre, 2008)

Una cosa es el carbón y otra el carbono. O sea que no hay que deducir a bote pronto, como haría un presidente Bush cualquiera, que ambas constituyan el bicarbonato.
El carbón es un mineral al que los españoles identifican con Asturias, a la que condicionó social e industrialmente durante una buena época. El carbono es un elemento químico que, aparte de otras cualidades, está descubriéndonos la partitura histórica de esta tierra.
Desde un punto de vista asturiano, o sea a lo grandón, el carbón es: Jovellanos, Palacio Valdés, las cuencas y HUNOSA, todo revuelto en un descomunal saco, del que hasta salió, en 1958, un sindicato histórico (Comisiones Obreras) fundado en asambleas clandestinas celebradas en el pozo minero de La Camocha. O sea que el carbón fue mucho y quizás pronto lo vuelva a ser, que el petróleo se está acabando.
Pero de lo que no estábamos tan enterados es de la cosa del carbono 14, que sirve para establecer dataciones arqueológicas, que están dando todo un vuelco a los antecedentes que desde hace siglos veníamos barajando sobre nuestros orígenes y transcurrir desde lo tiempos de Mari Castaña.
Las noticias, estas del carbono, vienen de Florida en los Estados Unidos de América, tierra dominada por el asturiano Pedro Menéndez de Avilés, en 1565, donde además fundó San Agustín de La Florida, el primer asentamiento europeo en aquellas tierras y, actualmente, la ciudad más antigua de los Estados Unidos.
Las vueltas que da la vida nos han llevado este 2008 a la Florida americana, donde está ubicado uno de los laboratorios más prestigiosos del mundo en la aplicación de los métodos para determinar la antigüedad de materiales, mediante análisis radiocarbónicos fiables al 95%. Es el famoso carbono 14.
Y a Miami, enviaron los arqueólogos Iván Muñiz y Alejandro Álvarez unas muestras de restos hallados en las excavaciones que dirigen, en el peñón avilesino de Raíces, a la busca del famoso castillo de Gauzón, el castrillón. Los resultados facilitados por los científicos norteamericanos están descuajeringaron los parámetros históricos de Asturias, de tal forma que donde poníamos siglo IX habrá que poner siglo VII.
Eso fue hace seis meses y aún no repuestos de ese pasmo, anteayer, vía laboratorios de Florida, el carbono 14 ataca de nuevo y nos desmantela la teoría, que hasta ahora iba a misa, sobre el origen de la ciudad de Oviedo en el siglo VIII. Y es que ahora resulta que estaba habitado en la época de los romanos, sin que el alcalde Gabino de Lorenzo hubiera caído en el detalle.
Así que habrá que apiolar parte de la Historia que habíamos aprendido y comenzar a rumiar esta otra que nos sirve el carbono 14. No me extrañaría que agarrásemos un empacho de siglos encabronados, de farturas de datos agarbanzados y otras pandemias culturales.
Habrá que echar mano del bicarbonato para a hacer esta digestión histórica y también de los coñazos de debates que va a originar. Es recomendable ponerse a resguardo de muchos de ellos, porque puede terminar usted como una maniega. Y esa, ciertamente, es cosa fea.

Categoría: En blanco y negro | Comentarios(29) | septiembre 2008 |