La Ría de Avilés queda embarazada

Por Alberto del Río Legazpi (28 de marzo, 2008)

El pasado miércoles, 26 de marzo, fue un día pródigo en acontecimientos tales como el hallazgo en Atapuerca de la mandíbula del europeo más antiguo que se conoce, el embarazo de un transexual varón en EE UU y la muerte del mítico actor Richard Widmark.
Ese mismo día, en Madrid y en Avilés, se hizo público el embarazo de la histórica Ría de Avilés, que si las ecografías del Dr. Álvarez Areces no fallan, espera una isla. No se han facilitado fechas del parto -aunque parece que será a largo plazo- ni tampoco del bautizo, pero si se ha anunciado que la recién nacida llevará por nombre el de Isla de la Innovación. Creo que se ha perdido la ocasión de cristianarla como Isla del Invento o de la Creación, pero estas son providencias de la familia más próxima.
Desde el principio de los tiempos, la ría avilesina ha sido el germen de todo lo ocurrido en la ciudad asturiana. Ella fue la razón de ser de su puerto, que a la vez lo fue de una población que de tan mecida por los tiempos fue configurando una histórica villa, tenedora de un fascinante casco antiguo.
Como en los partidos de baloncesto, en la historia también hay tiempos muertos. Por ello hasta hace bien poco, Avilés estuvo inmersa en la que podríamos llamar su época momificada. La ciudad y su comarca quedaron amomiadas cuando la crisis siderúrgica mundial arrasó miles de puestos de trabajo en Avilés, va ya para veinticinco años. Pero, últimamente, un proyecto del arquitecto Niemeyer, tan controvertido en un principio como tan alabado hoy, parece que está consiguiendo espabilarla.
De ahí que podamos establecer progenitores: si la encinta Ría va a ser la madre de la Isla Innovación, el padre tiene que ser por fuerza el Centro Cultural Internacional Niemeyer. De esta forma se han fundido lo más antiguo y lo más moderno de Avilés para dar a luz a una isla que se espera que traiga un pan bajo el brazo, a saber: una de las mayores transformaciones urbanísticas de España.
Ahora que se anuncia el embarazo, conviene recordar que hasta 1947 tuvo la Ría una hija, quiero decir una isla, llamada San Balandrán (frente a la playa del mismo nombre), idílica para los avilesinos y mítica para algunos de ellos, desde hace siglos, y que falleció víctima de las máquinas que ampliaron los muelles de San Juan de Nieva. También tuvo, en 2001, un falso embarazo de isla, con motivo del Plan General de Ordenación Urbana del Dr. Leira.
Pero anunciado oficialmente ahora, que la Ría de Avilés está en estado de buena esperanza -diagnóstico también confirmado por la Dra. Pilar Varela- me confieso esperanzado.
Lo que declaro, públicamente, a los efectos oportunos.

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Semana Santina a la avilesina

Por Alberto del Río Legazpi (21 de marzo, 2008)

Las procesiones de la Semana Santa española están hechas de Cristos, Vírgenes y santos, de algún poema de Antonio Machado, bastantes capuchones y muchos mirones.
Son desfiles marcados por la temperatura vital de cada lugar. Hay una línea trazada, que dice la canción, entre la punta de Tarifa de Cádiz y el cabo Peñas de Asturias y caminando por ese surco te mueves entre la emocionante explosión popular andaluza, la emocionada severidad castellana y la húmeda ironía asturiana. La esencia “semanasantera” españoles va de la tierra de María Santísima a la de la Santina.
Si usted, por estas fechas, ha venido o lo ha traído su agencia de viajes a Asturias seguro que irá, o lo llevan, al santuario de Covadonga cantada -geográficamente- como vestíbulo de los Picos de Europa y contada -legendariamente- como antesala histórica de la España actual.
La de Covadonga es Virgen conocida por los asturianos como la Santina. Pero deberá de acercarse hasta Avilés para apreciar en toda su dimensión la curiosa familiaridad con la que en esta ciudad tratan a los santos. Cosa singular.
Doy nombres: el oficialmente nombrado como Nuestro Padre Jesús de Galiana es conocido popularmente como “Jesusín de Galiana”, al San Pedro Apóstol de la capilla de la calle Rivero sus fieles le dicen “San Pedrín”. La cofradía de San Juan Evangelista, para la gente es la de los “sanjuaninos”, célebres por los bamboleos mareantes que le dan al paso. Y que ya es un “baile” famoso en todo el mundo, porque se puede ver un vídeo de dichos cofrades en YouTube. Allí colgado está, para navegantes y demás familia.
No les digo más, aunque lo hay, de esta curiosa Semana Santina avilesina, la más importante de Asturias. Pero si usted está acoquinado por la lluvia, ya no tiene excusa para no acercarse por Avilés y contemplar un espectáculo insólito, como el ocurrido el martes pasado, de una cofradía desfilando -para protegerse del agua- por soportales, el elemento arquitectónico emblemático de la histórica villa.
La Semana Santa española se mueve entre el impresionante barroquismo andaluz sacado de las enormes catedrales y el bendito sarcasmo asturiano simbolizado por sus diminutos templos prerrománicos, como de juguete, pero que, mira por donde, son patrimonio de la humanidad.
Así que echando a pacer la fantasía: los desfiles religiosos españoles de estos días, comienzan en la calle Sierpes, de Sevilla y terminan en la del Rivero, en Avilés.

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Laviana+Avilés=Palacio Valdés

Por Alberto del Río Legazpi (14 de marzo, 2008)

Hoy recuerdo que tengo pendiente una buena historia para ser aireada. Y cantada. Tan ejemplar es, que hasta admite ser contada, aparte de narrativa, matemáticamente. Porque Laviana y Avilés, sumando, han encontrado un resultado común.
El caso es que ambos municipios comparten entrañablemente el recuerdo de un autor de mucho fuste literario y obra de difusión internacional como es la de Armando Palacio Valdés. Escritor que suma, como demuestra el título de ésta columna, y no divide como suele ocurrir en casos parecidos donde priman localismos catetos. Por lo que dejándose de chuminadas de ese tipo, ambos pueblos decidieron progresar en su amistad y formalizar relaciones, hasta llegar al hermanamiento, que oficializaron el 29 de enero de 2008, las corporaciones de ambos concejos. En Avilés en la mañana de aquel día y en la Pola de Laviana por la tarde.
Son numerosos los recuerdos vivenciales y literarios que Palacio Valdés dejó -y que aún permanecen- en ambas ciudades. Los meramente literarios perdurarán por los siglos de los siglos. Pero también están otras fórmulas que unen a Laviana y Avilés, son las geográficas, productivas y gastronómicas, que nos llevan a plantear, no una regla de tres, sino de cuatro y que podíamos enunciar así: Río y ría es a trucha y marisco, lo que carbón y acero es a cabrito y merluza. La vida, Noelia, la vida, que con tanto encanto cantaba y contaba tu admirado Palacio Valdés.
Es infrecuente el hermanamiento entre dos poblaciones de Asturias, lo normal es que cada una tenga los suyos repartidos por España y por el mundo. Pero el alcalde ribereño y la alcaldesa de la ría apoyaron entusiasmados el enlace. El inicio del romance, ocurrido poco tiempo atrás, fue cosa del Centro de Interpretación “Palacio Valdés” de Laviana y la Sociedad de Amigos del País de Avilés. En alegres e informales reuniones, gente como Paco Trinidad, Justo Ureña, Etelvino González, Armando Arias y una media docena más de etcéteras, dieron en proponer la feliz unión de estos dos lugares, que el escritor tiene reflejados en algunas de sus obras, en uno de los cuales (Laviana) nació y en el otro (Avilés) donde quiso que reposasen sus restos.
De esta forma y con las maneras narradas, Palacio Valdés ha pasado a formar parte del santoral laico de ambas ciudades, que serán sede de los congresos internacionales que a él se vienen dedicando. También es una buena historia para Asturias y para la literatura española, sobre todo si se suma la bendita iniciativa del ayuntamiento lavianés de reeditar cinco de sus novelas, que hoy podemos adquirir en librerías.
Mientras, están por venir otros planes que buscan recobrar buena parte de aquella espectacular popularidad que tuvieron las novelas -traducidas a varios idiomas- de don Armando. Un gigante de la literatura universal, que dicen las enciclopedias.

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Ajo y agua

Por Alberto del Río Legazpi (7 de marzo, 2008)

En Fitur, la gigantesca feria mundial de turismo, Asturias estuvo contenida en una gota de agua. Tal fue el diseño de su stand.
Anteayer, esta bendita región y el verde eran como dos gotas de agua. Ayer comenzaron las dudas sobre un menguante futuro acuoso. Y hoy el agua es un problema creciente. Por tanto si no llueve: el Paraíso Natural a tomar por el saco. Es de cajón: si se acaba el agua se borrará el verde o se nos escurrirá por el sumidero. Pasaremos del verde húmedo al amarillo sahariano. Cosa muy natural, sin paraíso que valga.
Los hechos climáticos van por caminos muy distintos a los diseños de stands turísticos. Disminuye la venta de paraguas en Asturias, al tiempo que comenzamos a ser unos sufridores más de ese tormento global llamado sequía.
Sin un Ángel González que nos poetice este tiempo en trance de sediento, habrá que manipular algún chip que nos ayude a racionalizar el uso del líquido elemento, que empezará a valer un pastón. Algo tenía el agua cuando la bendecían, diremos mañana.
Noticias como las que publica este periódico: “El invierno más seco en 19 años… desde septiembre ha llovido en Asturias en torno al 60% menos de lo normal…” empiezan a ser tan habituales como esas que nos hablan de estaciones deportivas invernales en las que no esquía ni su tía con nieve de te lo juro por mi madre, o sea de verdad.
Un proverbio dice que hay dos clases de bebedores con problemas: los que beben demasiado y los que beben demasiado poco. Si esta socarronería, empleada para los bebedores de vino, la aplicamos a los del agua deduciremos que, en el futuro, los primeros se arruinarán por insaciables y los segundos ahorrarán, sin dejar su tristeza. Los del morapio tranquilos, de momento. Que agua al vino, pecado en La Rioja.
Estamos viendo venir la seca, con un cambio climático que de por sí ya sería suficientemente brutal. Pero que se ha multiplicado al ser forzado violentamente por contaminaciones calamitosas derivadas del insaciable comportamiento de, aquí los humanos, con sus negocios fabriles.
Se acaba el agua. Nosotros lo hemos forzado. Por lo que a partir de ahora: ajo y agua.

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