23 de abril, 2021

Pudo ser…

Por pesca

Aprovechando que días atrás hablasteis de lo que eran antes los salmones de principios de temporada, yo os voy a contar mi experiencia personal con lo que pudo ser mi primer salmón; y digo pudo, porque no llegó a buen término.

Por aquel entonces, mediados de los ochenta, después de haber llegado de la mili y con la ventaja de disponer de un 127 de ocasión que mi padre me había comprado, la que ahora es mi mujer, mi cuñado y un amigo común, nos desplazábamos al Sella con la idea de pescar salmón y sin saber amarrar un anzuelo (otro día os cuento quien me enseñó).

Acababa de abrir la tienda y por este motivo parábamos en Arriondas para comprarle al Roque plomos, cucharillas, pescardos, etc, todo tipo de artículos que él tenía para los pescadores y que yo llevaba para vender (otro día os contaré alguna cosa más sobre el Roque para los que no hayáis tenido la suerte de conocerlo) y que luego recogeríamos a la vuelta en El Gijonés, que era donde tenía la “sede central”.

«¿Dónde vais?», preguntó. Yo le dije a la Escrita y por ahí, y me dijo: «si subes hasta la Barca vete a pescar de cucharilla (siempre usaba el “de”), que ye muy buena. Empiezes por arriba y vas bajando hasta la piedra, que suelen ponese delante con el rau parriba».

Hay que decir que la Barca no estaba así como ahora, tenía en el cabecero un segundo diente que mandaba el chorro directamente a la piedra que ahora está muy arrimada al pedrero (el que lo conoce sabe a qué me refiero).

Pescamos la Escrita toda la mañana solos y quedamos en ir a comer a la Teya, para no estar todo el día en el mismo lugar.

Comimos y a continuación, cogí una caña de cucharilla de mi cuñado (préstamo de su padre) que era de fabricación made in El Gordo, un tramo de conolón naranja anillado a mano y una choza de bambú, donde estaba el portacarrete con un DAMM de aquellos que sonaban cricricricri (todos recordareis) y que con un nylon del 45 y una Hergar dorada era el arma perfecta para poner en práctica las indicaciones del Roque.

Dicho y hecho. Con tranquilidad, pues no solía haber nunca nadie, empecé por arriba, lanzando, dejando hundir y recogiendo despacio y en la forma que el Roque me había dicho.

El río estaba alto pero no turbio y la roca en cuestión se adivinaba mas que se veía; era el segundo domingo de la temporada, segundo de marzo, ya que siempre se abría el primer domingo de marzo.

Cuando ya calculaba que andaba cerca de la famosa piedra y con cuidado de no trabar la cucharilla en ella, zas, se detiene de golpe. Pensé «ya jorobé la cucharilla del cuñao», pero no, no se trataba de la piedra, sino de un salmón.

Lo aguanté unos pocos segundos en que solo daba cabezadas y cuando apreté un poco, salió a la superficie, dió un rebotazo en el agua y a la vez que se sumergió, la cucharilla salió volando.

Se había soltado, pero en mi retina quedó la visión del pez y de lo último que le vi, que era su gran cola.

De regreso a casa paramos en Arriondas y le conté al Roque lo sucedido, incluido lo de la gran cola, y me dijo lo siguiente: «hoy no salió ninguno, Duardo (siempre me llamaba así), pero si lo hubieras sacado sería el que haría el número 13 del río, y de ellos, el más “roin”, pesó 9700 kilos».

La primera semana de pesca en marzo, el río llevaba 12.

Hubiera sido mi primer salmón y a día de hoy recuerdo con perfecta claridad al Roque diciéndome aquello.

7 de abril, 2021

Sin truchas y sin porra.

Por pesca

Este año, al igual que el anterior y por los mismos motivos, no vamos a hacer la porra del campanu.

El hecho de estar perimetrada la comunidad así como algunos de sus concejos, hace posible que algunos pescadores no puedan acudir a pescar tanto a lo libre como a los cotos.

Por eso, vamos a dejar pasar este año sin la tradicional porra y esperar que para el próximo todo vuelva a la normalidad.

Pasando al tema que traíamos arrastrado de cómo ha ido el asunto de las truchas, os lo puedo decir ateniéndome a lo que me han dicho mis clientes pescadores sobre cómo les ha ido y a lo que he visto yo personalmente.

El primer día y abrigado de narices, pues para las 11 de la mañana había un grado, me di la vuelta como siempre a los aproximadamente ocho kilómetros de río que recorre la senda fluvial.

En este tramo en el que el pasado año había como mínimo 8 pescadores, éste había 3, los cuales no pescaron nada, como pude saber después.

Parece ser, por lo que me dijeron mis clientes, que la zona baja del Nora tuvo más afluencia aunque los resultados fueron muy parecidos.

Para ser exactos todos me contaron que solo un pescador llevaba una trucha y todos a los que les pregunté sabían de ello.

Tal fue el desastre que varias personas, unas por el teléfono y otras en la tienda, me preguntaron si había habido alguna mortandad, pues había a quien en todo el día a cucharilla, no le había venido ni una detrás.

El martes mejoró algo la cosa y alguno rascó bola, pero casos aislados; la mayoría, como decía el patrón, una o ninguna.

En fin, vamos a echarle la culpa al frío y a la imposibilidad de acudir a pescar ya que Siero estaba y está cerrada perimetralmente, para no darle muchas vueltas al tema, porque no tiene solución.

A día de hoy la cosa ha mejorado poco y mis clientes no llevan cebo, porque los cocos que les vendí, como no se los han comido las pintonas, los conservan en buen estado de salud y muy lozanos.

Mejores tiempos vendrán, dice alguno; ver veremos.