Chispita

Por Pepe Monteserín (25 de noviembre, 2010)

La “Cervantes” Ana María Matute no es de discursos; lo dijo en 1998 cuando ingresó en la RAE. Antes la conocí un agosto en Santander, en “Los Martes Literarios” que promueve la “Menéndez Pelayo”, allá en la Magdalena. Acudí temprano pero, cediendo la butaca a las mujeres, terminé sentándome en el suelo de un Paraninfo abarrotado. “No soy de discursos”, dijo Ana nada más llegar, “preguntadme cosas”. Así, sonsacándole, contó (también lo contó en la RAE) que cuando era niña le gustaba que la castigaran en el cuarto oscuro, donde descubrió el fulgor de la oscuridad, el mágico resplandor de la nada aparente, y cómo una vez, en ese cuarto, al partir entre sus dedos un terrón de azúcar, vio brotar una chispita azul. Ese terrón es el que nos niegan los mandamases sin imaginación, esos que más necesitan la chispita azul, a quienes vivimos en el cuarto oscuro.

Categoría: General | Comentarios(0) | noviembre 2010 |

Escribir comentario