Mandrágora

Por Pepe Monteserín (10 de septiembre, 2010)

Decía Donoso Cortés que sin la Biblia quedaría despojada la literatura (no digamos la política) de sus destellos más sublimes. En la Biblia hay también un tratado de plantas; el “Cantar de los cantares” (7:14) habla de los perfumes de la mandrágora, y, según el “Génesis” (30:14-16), la mandrágora es moneda de cambio para que Raquel, amante de Jacob, permita a éste acostarse con su esposa. Lo más curioso de esta planta es su rizoma, de aspecto antropomórfico, al que se atribuyen poderes mágicos. Dice Josephus Flavus, en “De bello judaico”, que para arrancar la mandrágora y no se adueñe de quien se acerca, ha de rociarse con sangre menstrua. Rolland, en “Flore populair”, recomienda que para hacerse amar ha de dejarse esa raíz bajo la Biblia y decir la misa con ella; lo intentó Tini Areces, en Covadonga, con monseñor Sanz, pero sin mandrágora por lo visto.

Categoría: General | Comentarios(0) | septiembre 2010 |

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