Sargazo

Por Pepe Monteserín (23 de abril, 2010)

Los sargazos vejigosos son pardos, enmascarado el verdor de la clorofila por otros pigmentos. Un rizoide sujeta el alga a las rocas submarinas; por sus láminas, de dos centímetros de ancho y dos palmos de largo, discurre una vena realzada, y en su base se forma un pedículo y flotadores ovoidales, que sostienen el alga enhiesta. Es muy común en el Cantábrico y hubo una época en que abundó en la Plaza Mayor de Madrid, utilizado para conservar fresco el pescado; aquí envolvíamos el queso con hojas de figal. El sargazo, dice Fournier, combate el infarto y la obesidad, y dice Fournier que el enmagrecimiento se nota a las claras si además renunciamos al pan, patatas, grasas, bebida y pasteles. Visto así, también sería bueno para combatir el ruido, si fuésemos silenciosos, y la delincuencia, si fuésemos honrados, y la calvicie, si no comiéramos pollo.

Categoría: General | Comentarios(0) | abril 2010 |

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