Radar

Por Pepe Monteserín (11 de agosto, 2009)

Voy por el carril izquierdo de la autopista, adelantando a un camión a 120 por hora, y no tarda en llegar el macarra de turno por detrás, dándome la larga para que me haga a un lado y adelantarme a 180. Eso significan las largas: “¡Apártate, gilipollas, que yo llevo detector de radar, no me estropees la velocidad media!”. Por eso celebro que Tráfico incremente la vigilancia. A mí no me da pena que se castigue a estos chulos, no me ocurre como a un juez del Oviedo del siglo XVII, Blas de Priena, que lloraba por el reo después de condenarlo a la horca. “Si has tenido en tu mano absolverlo, ¿porque lloras, Blas del alma?”, le preguntaba su esposa. “No estaba de mi mano salvarlo y por eso lo lamento; mientras la Ley lo condena y me pide el castigo, mi corazón siente lástima. Pero sólo soy un hombre a quien los ciudadanos hicieron juez”. ¡Viva la Guardia Civil!

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Manojo

Por Pepe Monteserín (10 de agosto, 2009)

En el Madrid castizo, Joaquín, señorito que finge ser mecánico, y Ricardo, aviador con los pies en la tierra, pretenden a Ascensión, dueña de la floristería “La del manojo de rosas”. Los dos capullos compiten en requiebros, pero ella, rica venida a menos, sólo se abrirá a uno de su clase. Cuando descubre el engaño de Joaquín, estudiante de familia acomodada (que suspendía Gramática por sus horribles laísmos: “Quiero decirla una cosa”), lo deja para irse volando con el otro. Pero las tornas cambian; tras un pleito que ganó su padre, ahora Ascensión está subidina, en honor a su nombre, mientras que el padre de Joaquín ha quebrado, viéndose éste, ahora sí, obligado a trabajar en el taller para pagarse los estudios. Ella, entonces, manda al aviador a tomar vientos y elige al pringado, a pesar de los laísmos; es mal mecánico y mal estudiante, pero canta muy bien.

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AVE (y 2)

Por Pepe Monteserín (9 de agosto, 2009)

Dijo Antonio Maura, en el Congreso, que en España no se usan los plazos hasta el último trimestre. Un trimestre antes de cerrarse el claustro de nuestra Catedral, en 1441, el obispo Diego Ramírez de Guzmán, que había conseguido fecha del contratista para terminar el ala oriental, pidió a Nicolás de Bar que le entregara el calendario de ejecución del pórtico de la Capilla del Rey Casto, y como éste no acababa de comprometerse, el obispo trazó un círculo en el suelo, alrededor del técnico y le dijo: “No saldrás de él sin haberme dicho antes cuándo demonios me entregarás las llaves”. Impresionado, Nicolás fijó el plazo de las obras. De aquí la conocida frase: “círculo de Ramírez”, o cárcel para indecisos. Se conservó el círculo, a la izquierda de ese pórtico, y, años después, construyeron sobre él unas escaleras de caracol para subir al triforio. Ahí están.

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AVE

Por Pepe Monteserín (8 de agosto, 2009)

En agosto de 1300, Fernando Alfonso, obispo de Oviedo, entregó 2.000 maravedíes para levantar el claustro de la Catedral. El aparejador no dio plazos. La primera piedra, gótica clásica, se colocó esa tarde, al lado de la sala capitular. Cuarenta años después, el obispo Juan Sánchez pidió subvención al rey Alfonso XI para agilizar las obras porque los peregrinos apenas dejaban limosnas. En la segunda mitad del siglo XIV, lo que se temía, los canteros tiraron por el estilo manierista, de moda. Y como al comenzar el siglo XV las obras seguían pian pian, irrumpió el flamígero. Entonces, el obispo Diego Ramírez obligo a fijar plazos; estaba el barroco a la vuelta de la esquina. Por fin, en 1441, se cerró el claustro, pero tan apuradamente que no acopló bien la poligonal y en el ángulo noreste hubo que superponer dos capiteles para cuadrar el desnivel. ¡Me cago en las prisas!

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Orégano

Por Pepe Monteserín (7 de agosto, 2009)

Tónicas, digestivas y buenas para condimento, las hojas del orégano, restregadas, despiden un aroma que recuerda a la menta y a la ajedrea. Hay tantos tipos de orégano como de quesos, manzanas, valles o tonos de verde en Asturias, o dioses en Grecia, aunque no todo el monte es orégano, especialmente en un verano tan crítico. Decía el doctor Óscar Rodríguez que las gentes de Grao tenían fe en las propiedades del orégano, sobre todo las que “carecen del estómago”, o sea, que padecen o que carecen de buen estómago. En Pravia decimos: “No mires a la izquierda que hay orégano”, en referencia a que hay una pareja enroscada en lo suyo, o algún espectáculo subido de tono, y es que “orégano” (que no “orgasmo”) deriva del griego “ore”, montaña y “ganos”, alegría; de ahí “hierba de la felicidad”. En fin, orégano sea (la fiesta del Sella) y no se vuelva alcaravea.

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Camas

Por Pepe Monteserín (6 de agosto, 2009)

Veo la lista de empresas asturianas que quiebran con la crisis (¿serán las mismas que creó el boom inmobiliario?), y pienso en Tomás Sastre, el usurero ovetense conocido como Don Veinte Por Ciento, que padecía de insomnio, como si asumiera la responsabilidad de sus deudores. Un día se enteró de que iban a subastar las propiedades de cierto caballero, de familia noble venida a peor fortuna, que acababa de morir dejando infinidad de acreedores, y acudió a la almoneda para pujar por la cama del difunto, hasta hacerse con ella. Quisieron saber los empleados que le llevaron el mueble a su casa, en la calle del Águila, la razón de aquel capricho, y dijo don Tomás: “Yo apenas puedo conciliar el sueño y he pensado que si su antiguo propietario lograba dormir en ella a pierna suelta, a pesar de sus compromisos, su cama ha de tener virtudes soporíferas”.

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Loyola (y 3)

Por Pepe Monteserín (5 de agosto, 2009)

Vengo diciendo que las calles de Prado de la Vega llevarán nombres de centros de enseñanza, entre los que no consta el Loyola, fundado en Oviedo en 1920. Del Loyola salieron campeones de España de atletismo y la mayoría de jugadores de balonmano, baloncesto y jockey, de los años 60 al 80. Y Fico Enterría, Miguel D. Abella, Ramón Sánchez Ocaña, Javier García “el Rizos”, Víctor Botas, José Ramón G. Cañal, Manuel Bernardo el de La Cadena, Luis Ramón Fdz., Herminio Cárcava, Luis y Rufo Orejas, Toni el de La Allandesa, José Manuel el de Casa Lobato, Álvaro R. de la Peña, Javier Neira, Lalo Pevida, Nicanor Fernández, Pancho y Javier Monjardín, Atanasio Corte Zapico, me dicen que Mario, mi buen triunfito… y así hasta 13.000. Muchos de ellos, degenerando, han llegado a ministros; pero eso no es culpa de los escolapios ni de San José de Calasanz.

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Loyola (2)

Por Pepe Monteserín (4 de agosto, 2009)

Decía yo que las nuevas calles de Prado de la Vega llevarán nombres de centros de enseñanza, entre los que no consta el Loyola, fundado en Oviedo en 1920. A finales de los sesenta conocí aquí a un profesor extraordinario, de Arte y Matemáticas, el padre Rafael, “el Falo”, y si durante un par de años él habló en mis sueños, hoy quiero yo hablar en los suyos y pedir una calle para estos escolapios y seglares del Loyola, que recuerdo: Pedro Ruiz (rector), Felipe Vinuesa (prefecto), Gaspar (Ciencias), Francisco Cabezas (Literatura), Primo Álvarez (le copiaba en Física), Santiago Fernández (baloncesto), Lavieja (Gimnasia), Espías (muy bueno en Matemáticas), Norniella (buenísimo en deportes), Fidalgo “el Pichi” (magnífico en Filosofía), José Luis Magro “el Chispa” y el hermano Manuel. Olvido adrede a uno de Química, que no merece calle sino SO4H2.

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Loyola

Por Pepe Monteserín (3 de agosto, 2009)

Las nuevas calles de la urbanización Prado de la Vega llevarán nombres de centros de enseñanza de la ciudad, entre los que, de momento, no consta el Colegio Loyola, de Padres Escolapios, fundado en Oviedo en 1920. De la calle General Elorza pasó a Independencia y, después de la guerra, a las faldas del Naranco, en Fernández de Oviedo, aunque, como se hallaba alejado y con malos accesos, se ubicó la Primaria, “El Loyolín”, en un chalet de la calle Altamira (hoy La Lila), que en el curso 49-50 pasó a Fray Ceferino, 22 (utilizado hoy para catequesis de San Juan el Real), hasta la ampliación del Colegio, en 1961. En el Loyola gané mis primeras pesetas como escritor, doscientas, en el año 1968, por una redacción sobre San José de Calasanz, nacido en 1557, fundador de las Escuelas Pías y patrón del Loyola; tema obligado. Obligado estoy a agradecerlo.

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Sobrecostes

Por Pepe Monteserín (2 de agosto, 2009)

Hablando de sobrecostes y de mirar por la pela. Según conté el jueves, por el servicio prestado a Tomás Sastre, a quien llamaban Don Veinte Por Ciento, que había ido a pedir un epitafio para su sepultura, el padre Feijoo le cobró la voluntad. El usurero, aunque había sido embromado en el servicio que le prestó el gallego, le entregó no obstante una moneda de plata. “Acabáis de sacar una ánima del Purgatorio”, le dijo el benedictino. Y el ovetense, de la calle del Águila, preguntó: “Fray Benito, esa ánima bendita que acabo de sacar, ¿podrá volver al Purgatorio por alguna razón?”. “¡Ca!”, dijo nuestro erudito, y le juró que aquella alma subía al Cielo y que del Cielo no era posible bajar al Purgatorio. Entonces, Don Veinte Por Ciento, tomó la moneda de plata que el fraile todavía tenía en la mano y, abandonando la celda, dijo: “Siendo así, ya esta moneda no os hará falta”.

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