Memoria

Por Pepe Monteserín (15 de agosto, 2009)

Al jefe antidroga de Asturias, que residía en la calle Unamuno, en la Tenderina, lo mató una bomba de la Guerra Civil que, se supone, había encontrado en el monte y trataba de desactivar. Terrible suceso; vaya desde aquí mi pésame. Decían los soldados, una sandez como otra cualquiera, que todas las balas llevan tarjeta, como los ramos de flores, y aunque uno se esconda, la bala le será entregada. En la Basílica del Pilar, en Zaragoza, se exponen varias bombas que la aviación roja lanzó y no hicieron explosión; en un fresco de Goya, que ilumina el coro de la Virgen, está para ver el agujero que, por su propio peso, causó uno de los proyectiles. ¿Milagro? Los técnicos aseguran que no hicieron explosión porque cayeron desde poca altura, sin tiempo a que se activara la espoleta. Cuidado, pues, con el tiempo; setenta y tres años pueden activar las espoletas de la guerra.

Categoría: General | Comentarios(0) | agosto 2009 |

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