Evaluación

Por Pepe Monteserín (21 de marzo, 2009)

En el “San Luis” de los años sesenta, un profesor de Latín, no era don Manuel, nos ponía en fila y urgía para que respondiéramos a sus preguntas, so pena de tortazo inmediato en caso de demora o error. Por ejemplo: “Domus-domus, ¿dativo singular?”. Con “Domui” nos librábamos, si no, torta al canto, y si el compañero siguiente acertaba se ponía delante. Tras varias rotaciones, los “peores” quedaban al final de la cola, con la cara roja por las tortas y por la vergüenza. En el Tíbet la educación era similar, aunque allí las bofetadas las propinaba el alumno situado a continuación del que fallaba; ahora bien, cuando la pregunta recorría la fila entera sin hallar la respuesta correcta, el último golpeaba al maestro. Una huelga feroz del profesorado acabó con tan terrible método de enseñanza. Hoy, con esa filosofía, manejan un sistema de evaluación incruento.

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Primavera

Por Pepe Monteserín (20 de marzo, 2009)

A la primavera le dicen prímula; es hierba que brota muy tempranamente y anuncia a la Doña, que diría la Mistral, anuncia quimeras locas, la sal de la vida, el viejo grano que brota, el amor de lontananzas; anuncia la llegada de las golondrinas, de los ruiseñores, ¡Dios!, y la invasión de los cursis. Si os agacháis en la umbría, en connivencia con robles y hayas os toparéis con la primavera. Hincaos en el prado, arrimad la oreya y sentiréis un murmullo, de no ser sordos. De una prímula de Olloniego, percibiréis rumor de gaita; de San Cloyo, sones de porcelana; Asturias mana asturianía, en Oviedo sale el carbayo que llevamos dentro, emerge lo Aranda, escápanse los tequieros, y eso mete ruido. Empujan a la primavera todas las bellezas que antes se han dormido en el bosque. Los alemanes la llaman “Schlüsselblume”, “flor de la llave”. Se abre la primavera. Entremos.

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Cieguita

Por Pepe Monteserín (20 de marzo, 2009)

Allá por el XVIII, una ciega mendigaba a la salida de la iglesia de La Corte, al lado del monasterio de benedictinos, hoy MAO; portaba una taza en su mano, y estiraba el brazo hacia los transeúntes que circulaban por delante; a sus pies, un pedazo de cartón, con este texto: “¡Por favor, ayúdeme: soy ciega”. Fray Benito Feijoo, que salía hacia la Catedral a oír misa (después de que el ecónomo de La Corte le tapiara la ventana de su celda por negarse a financiar el órgano), observó que sólo había un par de centavos en la taza. Sin pedirle permiso, cogió el cartel, sacó de la manga recado de escribir y, por el revés, escribió otro texto. Y se fue a misa. La ciega intuyó la maniobra pero chitón. Al rato, el padre regresó y vio la taza llena de maravedíes y algún real de plata. Ella reconoció sus pasos y le preguntó qué había escrito. Esto: “Hoy es Primavera y no puedo verla”.

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Despachos

Por Pepe Monteserín (18 de marzo, 2009)

En los despachos se cuece todo: un negocio, un buen libro, hasta un buen menú necesita reflexión en un despacho, me dijo David “Balbona”, cocinero praviano. Estos días, por cierto, me pasaron una receta: “Pollo a la concejalía”. Ingredientes: un pollo, un despacho y varios chorizos. Se coge el pollo, se le coloca en el despacho, se le rodea de chorizos, se le deja a su antojo y él solito se va haciendo rico, rico. Otro que se hizo rico en su despacho de Oviedo fue el padre Feijoo. Veraneaba en el monasterio de Lemos; allí, me dijo el padre prior, José Luis Vélez, tenía despacho e iglesia, que fray Benito financió e inauguró diciendo una misa, en 1748. Luego, ya sabemos qué pasó con ambos despachos: la desamortización y el fuego acabó con ellos, incluso con los libros del sabio, que había donado a sus hermanos de Lugo. Gracias a Dios, de todo queda copia.

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Ventana

Por Pepe Monteserín (17 de marzo, 2009)

El ecónomo subió a la celda del padre Feijoo con la pretensión de que el benedictino, que ya ganaba un dineral con sus libros, cancelara la deuda contraída por la compra del órgano de la iglesia de La Corte, adquirido con Cajastur por el método alemán de pago aplazado. “Padre, el Espíritu Santo me ha sugerido que me dirija a vuesa excelencia con la certeza de que habrá de ayudarnos a cancelar la deuda por la compra del órgano que vuesa reverendísima escucha cada día desde la ventana que tuvimos a bien abrirle en el muro de su celda para darle derechos de vista y de oído y de luces que a vuesa merced le sobran”. Y el viejo repuso: “El Espíritu Santo, que lo sabe todo, sabe también que no dispongo de esa cantidad que me solicita, así que no invoque usted en vano y salga de mi celda”. Esa misma semana fue cegada la ventana por donde oía misa el sabio. Hasta hoy.

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Vulgo

Por Pepe Monteserín (17 de marzo, 2009)

Fray Benito Feijoo era un poco huraño, pero de ninguna manera un fraile soberbio, como alguien lo tildó. Decían que si quería una celda más grande y moderna, con techos más altos para su ego, que si se creía por encima del bien y del mal, que si oía la misa desde su celda del segundo por no ponerse a la altura de la feligresía, en una época de atraso, decadencia y mal gusto, y que si el cura de La Corte tenía que subir a darle la comunión. Pero, de ser cierto, no podría comulgar, pienso yo. Un jueves de 1760, día en que Feijoo despachaba con el vulgo, fue a verlo una comisión de caballeros ovetenses, “gran turba de los necios”, decía él, para reconvenirlo ante su recogido y altivo silencio, como si hubiera un Cielo para él solito. Fue entonces cuando el gallego replicó: “¡Sí, señores, modesto; muy modesto soy! ¿Cómo si no iba a recibir a gente como vosotros?”.

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Reforma

Por Pepe Monteserín (15 de marzo, 2009)

Fray Benito Feijoo era muy independiente y, por eso, un punto huraño. “Cierra la puerta por fuera”, decía a los que iban a su celda a dar la vara y rayarle el suelo de castaño. Además de visitas personales, los admiradores le enviaban cartas al Tránsito de San Vicente, nº 5 (33003) Oviedo. Un arquitecto solía incluirle propuestas, apremiando acuse de recibo, para modernizar la estancia, bajar techos, cambiar muebles… Harto el mosén, le envió una postal para quitárselo de encima: “Caballero, sepa usted que me he muerto y, por lo tanto, no podré tener el gusto de contestaros nunca más”. No obstante, la categórica nota, nuestro sabio recibió otra carta del técnico, en cuyo sobre ponía: “Att. Fray Benito Feijoo, en el otro mundo”, e incluía una propuesta para ampliar escaleras, tirar tabiques y renovar la celda. Post mortem, no podía ser de otra manera, fue aceptada.

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Nobleza

Por Pepe Monteserín (15 de marzo, 2009)

“Señor mío, noto en nuestros españoles, en orden a las cosas nacionales, cómo unos las engrandecen hasta el cielo y otros las abaten hasta el abismo, extremos entrambos reprensibles -dijo fray Benito Feijoo-. Las causas del atraso que padecemos los españoles y de nuestros cortísimos progresos en orden a las ciencias, son varias: el corto alcance de algunos de nuestros profesores. Hay una especie de ignorantes perdurables, precisados a saber siempre poco, no por otra razón, sino porque piensan que no hay más que saber que aquello poco que saben; otra causa es la preocupación que reina en España, un celo, pío sí, pero indiscreto y mal fundado, contra toda novedad… Pero la filosofía no sigue las reglas de la nobleza, que la que prueba más antigüedad es la mejor; si ella es en sí falsa, no será después de muchos siglos de posesión más que un error envejecido”.

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Feijó

Por Pepe Monteserín (13 de marzo, 2009)

Los sábados hablo de plantas. Hoy feijó (“Phaseolus vulgaris”), o feixó, fresol, frejol, faba, judía, habichuela, mongueta… Alguna teoría sitúa el feijó en Grecia, procedente de India, otros aseguran que lo truximos del Perú los asturianos y exportamos luego a Europa. Los flamencos le dicen “fève turque”, y el farmacólogo Andrés de Laguna, en el siglo XVI, lo llama “frisol turquesco”. El feijó, de simiente con forma de riñoncito, lo hay de muchas castas: blanco, pinto y de varios colores solos o combinados hasta llegar incluso al negro-frijol. También difieren por su manera de crecer, unos son terreros, otros se encaraman y medran enroscados en cualquier pértiga, otros se enclaustran. Bien cocidos, una vez puestos a remojo y acompañados con gochu, dan mucho juego entre restauradores. Desaconsejo servirlo en bodas, salvo que quiera finalizarse con un concierto.

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Mosca

Por Pepe Monteserín (12 de marzo, 2009)

Con plumas de gallo teñido, gallina de Guinea, pato de la madera, brincas doradas del cuello del faisán, plumas laterales y azules del martín pescador, las amarillas del gallo de la jungla, un atadizo de sedas rojas, una pieza verde de pavo real y todo en torno a un gancho de acero al carbono, se hace una buena mosca artificial, made in Belarmino (Pravia). Me facilitó esta sencilla receta mi amigo y vicepresidente de la asociación de pescadores Las Mestas del Narcea, José Antonio Suárez. El domingo se abre la veda del salmón. ¿Puede pescarse salmón en Oviedo? Sí; ya remontan el Furacón, por donde Priañes y la iglesia de San Pedro Nora, y llegan a Las Caldas. En el pozo de La Lluera se forma un espín, o momento de rotación, donde los salmones se regodean y, si uno lleva la mosca ésta, pican. No obstante, “para pescar, el pelo; la pluma para el sombrero”.

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