Testamento

Por Pepe Monteserín (22 de marzo, 2009)

En 1764 el padre Feijoo, a sus 88 tacos, cercana la hora de entregar su alma a Dios, visitó a don Anselmo Bances, un notario de Pravia que con 90 todavía ejercía en Oviedo, Rúa esq. Altamirano. Por discusiones con el ecónomo de La Corte, empecinado éste en cegar la ventana de la celda por donde el sabio oía misa (sigue tapiada), el mosén optó por cambiar el testamento y donar sus obras y biblioteca al monasterio de Lemos. Después de firmar, para salir del despacho, don Anselmo cedió el paso a fray Benito, pero el benedictino, atrevido en sus ensayos pero de actitud modesto, quiso a su vez ceder la vez al praviano: “Usted primero, don Anselmo, señaló la salida, testamento ológrafo en mano; además me supera en edad”. El señor Bances pasó: “Sea como vuesa merced desee, fray Benito; en realidad, el Viejo Testamento siempre fue por delante del Nuevo”.

Categoría: General | Comentarios(0) | marzo 2009 |

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