Adioses

Por Pepe Monteserín (22 de septiembre, 2008)

Decíamos ayer, hablando de ópera, que la joven Blanche ingresó en las carmelitas de Compiègne, huyó cuando la turba asaltó el convento, y reapareció entre la multitud, ante el cadalso, cuando sus hermanas, en diálogo con la Virgen, cantaban a coro un Salve Regina que, en armoniosa desintegración, iba quedando sin voces. Algo así ocurrió con “Los Adioses”, sinfonía escrita por Haydn para apoyar a los músicos que, ante el interminable veraneo del príncipe Nicolás, en el Palacio de Esterhazy, querían regresar a su hogar; en el adagio final, interpretada su parte y sin esperar a que terminaran sus compañeros, cada músico se levantaba silenciosamente, apagaba la vela del atril, recogía su partitura y abandonaba la sala. En este caso, no rodaron cabezas; el príncipe, cuando solo quedaba en el escenario un violinista, decidió poner fin a sus vacaciones y volver a Viena.

Categoría: General | Comentarios(0) | septiembre 2008 |

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