Merluza (VII)

Por Pepe Monteserín (27 de mayo, 2008)

Clasificada la merluza por su tamaño y peso, sería como sigue: “Hueva”, apreciable con lupa estereoscópica; “naplin”, larvita de 4 a 32 mm.; “pijotilla”, “carioca”, “pijota”, cuando alcanza 27 centímetros y unos 200 gramos; “pescadilla”, la mejor se pesca en el Estrecho de Gibraltar y se fríe enharinada en Cádiz, mordiéndose la cola; “merlucilla”, “merluza terciada”, hembra mejor; “merluza” propiamente dicha, cuando pasa de dos kilos; “merluza plateada”, que pasa de cuatro, fue dieta preincaica y viene de los mares australes, y “merluza gigante”, cuando pasa de castaño oscuro, que hay en Angola, en Senegal y en novelas de Melville y de Hemingway; y ya, más grandes que la merluza que tragó a Jonás, tuvimos en 1808, en la Audiencia de Oviedo, Gascona y arrabales, a merluzos afrancesados y traidores, que eran todos los que lo parecían y la mitad de los que no. Queda alguno.

Categoría: General | Comentarios(4) | mayo 2008 |

4 Respuestas a “Merluza (VII)”

  1. elsubmarinobajoelgrifo Escribió:

    Para los incas, para los australes, para los gigantes, para los merluzos, para las huevas, para las pijas, para los cariocas, para los naplins, para las hembras, para las lupas, para los angoleños, para los jonases, para los franceses, para los traidores…
    Para nosotros,… para todos.
    ¡Dios mío,Pepe, cuánta proteína literaria tiene tu pescado!

  2. pepemonteserin Escribió:

    Ya sabes, querido Alfredo, que al cocer (y debe cocerse) mengua.

  3. Oviedo blog Escribió:

    La merluza mengua cuando se cuece , pero no desaparece 😉

  4. De otro Escribió:

    Neira dice:

    Mayo 28, 2008, 17:26
    ¡Otra de gambas¡

    Neira dice:

    Mayo 28, 2008, 17:28
    ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡ ¡Gambas¡

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