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14 dUTC diciembre, 2009

Una constitución herida

Por Paco Redondo

(Resumen de artículos publicados en La Nueva España de Gijón en papel)
SEVERO OCHOA, TODO UN NOBEL
Hace 50 años, el 10 de diciembre de 1959 se entregaba en Estocolmo el premio Nobel de Medicina al científico asturiano Severo Ochoa (Luarca, 1905-Madrid, 1993), -junto con su antiguo colaborador A. Kornberg- por sus importantes descubrimientos sobre la síntesis llevada a cabo por los ácidos nucleicos. Doctor en medicina en 1929, Ochoa comenzó sus investigaciones en el laboratorio de fisiología de la universidad de Madrid como ayudante de Juan Negrín.
En una oportunidad Ochoa dijo una de sus célebres frases: “El amor es la fundición de física y química”. A lo que podemos añadir el célebre refrán popular: “Obras son amores, que no buenas razones”. Mucho ha prosperado la economía española desde la frase de Unamuno: “Que inventen ellos”, y sin embargo el presupuesto dedicado a investigación, desarrollo e innovación no ha crecido en la misma proporción.
Resulta aún más llamativo cuando la Universidad de Oviedo logra el sello de excelencia, y su financiación regional pone en peligro el mero poder abonar las nóminas, no hablemos ya del cacareado impulso a la investigación. En cambio parecen empeñados en seguir adelante con su ocurrencia del “Tren Tran”, en el que pretenden gastarse 200 millones de euros para los próximos años, y cuya urgente necesidad se desconoce.

UNA CONSTITUCIÓN HERIDA
El Estado autonómico español se planteó durante la transición democrática pilotada por el centrista Adolfo Suárez y el socialista Felipe González como una respuesta flexible a la pluralidad, el famoso pero pronto desbordado “café para todos”, recogido en la fórmula “regiones y nacionalidades” de su artículo 2º que hacía referencia a Cataluña, Galicia y País Vasco, las 3 comunidades que tuvieron estatuto de autonomía durante la II República.
Claro que el Tribunal Constitucional es una caricatura de eso que Montesquieu llamaba la división de poderes, para evitar el abuso de poder y autoritarismo por parte del gobierno ejecutivo, convertido en rehén de las cuotas de los partidos políticos que les nombran y etiquetan “conservadores” y “progresistas”: ¿No debería la Justicia ser ciega e imparcial? Casi 5 millones de parados. Y frente a la Europa de la integración, la España de las barreras: ¿Volveremos al aislamiento y atraso?
Hay quien piensa que aquí en Asturias, cuna de España, haría falta otro partido nacionalista para competir con el independentismo vasco o catalán en exigir más autonomía (¿mayor eficacia administrativa?) y chantajear al gobierno central a cambio de aprobar los presupuestos. Yo echo en falta un partido centrado y nacional, como el CDS de Adolfo Suárez, liberal y progresista, pero no para ser muleta de los otros, sino con una alternativa propia, sin fulanismos, con programas y propuestas.
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