Periodistas en el punto de mira

Por Luis M. Alonso (25 de abril, 2010)


Escribir sobre la mafia nunca ha dejado de ser peligroso: tras los asesinados en los años más sangrientos, la amenaza en Italia se cierne ahora sobre cronistas famosos y también modestos
La periodista y escritora alemana Petra Reski es una señora de muy buen ver. Guapa, elegante, Donna Leon, su amiga, famosa autora de novelas de intriga, dice de ella que si se le incendiara la casa sería capaz de hacer esperar a los bomberos para arreglarse el pelo. Reski lleva a cabo una cruzada contra la mafia que le impide estarse quieta y callada un solo segundo. Aprendió de Giusseppe Fava, su colega siciliano asesinado en Catania en 1984 por la Cosa Nostra, que vivir no sirve de nada si no se tiene el coraje de luchar. Pero seguro que, al igual que el desaparecido escritor Leonardo Sciascia, que ejerció como pocos lo han hecho la autoridad moral contra el crimen organizado, también haría suyas aquellas palabras de Albert Camus de «vivir contra una pared es vida de perros».

Las revelaciones de Reski hace tiempo que han puesto en alerta a la `Ndrangheta, la organización criminal calabresa, una de las más peligrosas, y desde entonces vive bajo su amenaza. En «Mafia», un libro que ha causado un revuelo casi comparable al de «Gomorra», de Roberto Saviano, menciona nombres de criminales muy conocidos, que no sólo aparecen en los expedientes investigados por las policías alemana e italiana, sino también en las actas de justicia y en reportajes periodísticos. Tras unas confrontaciones en los juzgados, «Mafia» apareció, a petición de los mafiosos, en una versión censurada con tachaduras. El peligro de escribir sobre la mafia está en hacerlo sobre sus negocios reales y aportar nombres y apellidos. Al mafioso le encanta la mitificación novelada de «El Padrino», pero se siente mortificado por el dato que lo compromete. «La mejor literatura acerca de la mafia son las actas de la policía y las sentencias de los tribunales», dijo en una ocasión el escritor siciliano Andrea Camilleri, quitando importancia a la fabulación.

Reski asiste a los actos públicos rodeada de gran presencia policial. Ha elegido Venecia para vivir por la seguridad que aporta su logística y así evitar que le pongan escolta, pero se desplaza cuanto cree oportuno a Sicilia y a Calabria por motivos profesionales. Forma parte ya de la nómina de periodistas amenazados por la Cosa Nostra, la `Ndrangheta, la Camorra y la Sacra Coronna Unita, las cuatro principales organizaciones mafiosas que operan en Italia. En esa nómina figuran, entre otros, el citado Saviano; Lirio Abbate y Peter Gomez, autores de «Cómplices»; Rosaria Capacchione, Maniaci Pino; Sandro Ruotolo, colaborador televisivo de Michele Santoro en «Annozero»; Antonio Nicaso y Nicola Gratteri, este último fiscal de Reggio Calabria y coautor junto a Nicaso de «Hermanos de sangre», el mejor documento que existe para entender los rituales de la mafia calabresa. En Italia, son casi cincuenta los periodistas amenazados por escribir sobre el crimen organizado. De ellos, la mitad se encuentran ya bajo custodia policial. Continuamente se producen amenazas, ataques e intimidaciones, no sólo a los profesionales de renombre, sino a reporteros que por unos euros al mes arriesgan sus vidas en diarios regionales y locales del Mezzogiorno, donde abunda la denuncia y la batalla se libra día a día.

Los mafiosos usan la violencia para proteger su negocio intentando por todos los medios que las noticias de sus actividades criminales no lleguen a la opinión pública. Los intereses entrecruzados de la política, los caciques locales y empresarios corruptos hacen que la censura por medio de la intimidación se repita hasta en los asuntos más domésticos en las regiones en las que la mafia cuenta con organización. El Observatorio de la Unión Nacional de Periodistas está elaborando un estudio para seguir día a día los casos. En Italia, corren malos tiempos contra la libertad y la integridad física de los informadores que escriben sobre el crimen organizado y sus conexiones políticas. No se vivía un momento peor desde los llamados «años de plomo» y las emboscadas a Indro Montanelli, Carlo Casalegno y Walter Tobagi, o, cuando en la primera mitad de la década de los ochenta, cayeron a manos de la mafia Giusseppe Fava o Giancarlo Siani, asesinado por la Camorra, en una época en que Nápoles permanecía en estado de guerra y se cobraba trescientas víctimas mortales al año.

A Siani, joven cronista de «Il Mattino», lo mataron junto al portal de su casa el 23 de septiembre de 1985. Había acertado al contar las luchas entre los clanes de la Camorra. La gota que colmó el vaso de la paciencia de los criminales fue aparentemente su insinuación en un artículo de que la detención del boss Valentino Gionta, un incómodo miembro de los Nuvoletta, era el precio que habían pagado éstos para evitar una guerra con el clan de Bardellino. Según su versión era que, antes de matarlo, los Nuvoletta habían preferido entregárselo a los carabinieri y quedar bien con sus adversarios. A los Nuvoletta no les gustó aparecer ante la opinión pública como traidores y decidieron asesinar al periodista. Roberto Saviano cuenta, sin embargo, en «La belleza y el infierno», su último libro de crónicas, cómo muchos observadores creen que aquel artículo no fue el que le costó la vida a Siani. En su caso, según ellos, habría que tener en cuenta más bien las indagaciones que hacía el periodista napolitano sobre la reconstrucción después del terremoto y el dinero de las contratas que por ese motivo se habían embolsado los dirigentes políticos, empresarios y camorristas, en general. Fuera el que fuera el móvil, el caso es que a Siani, como cuenta Saviano, lo mataron por lo que escribía.

La lista de víctimas no han dejado de tenerla jamás en cuenta los amenazados. Escribir sobre la mafia en Italia siempre ha sido peligroso. A Siani, lo precedieron Cosimo Cristina (Termini Imerese, 1935-1960), fundador del periódico «Perspectivas Sicilianas». Indagó sobre la Cosa Nostra cuando ésta era inexistente para el Estado. Su asesinato se calificó de suicidio. Mario Francese, que investigó la muerte de Cristina, fue consciente en todo momento de que ser cronista judicial en Palermo es una profesión peligrosa. El legendario Mauro de Mauro tuvo como imputado por su muerte al sanguinario Salvatore Riina. Giovanni Spampinato, Mauro Rostagno, Giuseppe Alfano, Peppino Impastato, que inspiró la película de Marco Tulio Giordana, «I cento passi», también cayeron. Lo mismo le ocurrió a Giuseppe Fava, que se mostró abiertamente crítico con empresarios cercanos a los clanes más sanguinarios, como el de Nitto Santapaola: «Me doy cuenta que hay una enorme confusión sobre el problema de la mafia. Los mafiosos están en el Parlamento, a veces son ministros, son banqueros, aquellos que en estos momentos están en el vértice de la nación. No se puede llamar mafioso al pequeño delincuente que llega y te impone el soborno en tu pequeño negocio. El fenómeno de la mafia es mucho más trágico e importante». A las diez de la noche del 8 de enero de 1984 Fava se acercó hasta el teatro Verga para recoger a su sobrino. Cinco balas del calibre 7,65 en la nuca acabaron con su vida en Catania, donde el alcalde siguió sosteniendo que la mafia no existía. El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, se ha apuntado recientemente a esa teoría, lo que ha provocado la decisión de Saviano de abandonar la editorial Mondadori.

Categoría: General | Comentarios(0) | abril 2010 |

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