Talentino vuelve a las andadas

Por Luis M. Alonso (25 de enero, 2010)


Antonio Cassano, fiel a la espiral autodestructiva desde que dejó la Roma, ha vuelto a declararle la guerra al entrenador de la Sampdoria, Luigi del Neri, del que ha asegurado no entender nada de lo que dice
Antonio Cassano, conocido popularmente como Fantantonio o Talentino, no necesita una calculadora para echar cuentas sobre su vida. En 2008, cuando tenía 26 años, dijo que había vivido diecisiete de ellos como un desgraciado y los nueve restantes en plan millonario. «Me faltan todavía ocho para empatar», agregó entonces. Es posible que los pase haciendo dos de las cosas por las que ha alcanzado notoriedad: jugar al fútbol y negarse a hacerlo. Como hasta ahora ha venido ocurriendo.

De momento, el futbolista posiblemente con más talento de Italia vuelve a estar inmerso en la espiral autodestructiva que le envuelve de manera cíclica desde que dejó la Roma. La última de Cassano es que no quiere volver a jugar en la Sampdoria, después de haberse enfrentado a gritos con su entrenador, Luigi del Neri. El equipo de Génova venció ayer al Udinese en el estadio Friuli por 2-3, tras una racha de partidos sin ganar desde el pasado 22 de noviembre. Talentino, que se quedó fuera de la convocatoria, le reprochó alterado a Del Neri que no tuviese, al menos, la decencia de decir públicamente que se encuentra lesionado. El entrenador se apresuró a quitar hierro al asunto, explicando que si Cassano no juega es por motivos tácticos, no disciplinarios, y que fuera de casa prefiere a futbolistas con buena preparación física antes que a los de calidad. «A Antonio hay que convocarle sólo si va a jugar. No es conveniente que esté en el banquillo», añadió con la intención de despejar las dudas.

Pero Antò, como le llaman los amigos utilizando el diminutivo apuliano, la puede liar en cualquier momento: dentro o fuera de la convocatoria. Lo demostró en una de sus etapas más delirantes, la que pasó en el Real Madrid, cuando, en compañía de Diarrá y Ronaldo, se dedicó a criticar y ridiculizar a Fabio Capello, secuencia que grabaron las cámaras de televisión. Aquello le costó la confianza de un entrenador al que, primero, en la Roma, veneraba como un padre y se empeñó a toda costa en seguir a la Juve y al que, más tarde, le perdió el respeto. «Es más falso que los billetes del Monopoly», llegó a decir de él. Sin embargo, sólo Capello consiguió durante aquellos años romanos controlar en su justa medida las «cassanate». Para ser exactos, lo lograron entre él y Totti, al que quería imitar, y con el que rubricó algunos de los momentos más inspirados del fútbol. Francesco Totti, «Er Pupone», como lo llaman en Roma haciendo uso del dialecto local, acabó de Talentino hasta las narices.

Con Del Neri, Cassano ha tenido más de un contencioso. Suele repetir que no entiende lo que dice el entrenador de la Samp e incluso llegó a dedicarle uno de los aforismos de su segundo libro, Las mañanas no sirven a nadie, en el que insiste en que no se entera de nada de lo que dice el entrenador pero que eso no le ha impedido hacer las paces con él. La paz, no obstante, como ahora se ha demostrado con este último enfrentamiento en vísperas del encuentro con el Udinese, es frágil.

¿Un libro, Cassano? Pues sí. ha escrito, mejor dicho firmado, no uno, sino dos. Él mismo dice que es la única persona en el mundo que es autor de más libros que los que ha leído. Su primera «obra literaria» fue la biografía Lo digo todo, en colaboración con Pierluigi Pardo, un periodista de la cadena de televisión Sky. La segunda, la de los aforismos, incluye una serie de perlas definitorias de su peculiar forma de ver las cosas. Disparatada, para ser más exactos.

En sus memorias, Antò hablaba de las seiscientas o setecientas mujeres con las que supuestamente hizo el amor, sin incurrir en un solo «gatillazo». De los croissants que le llevaba un camarero amigo suyo a la habitación del hotel después de cada una de las largas sesiones de sexo, en las concentraciones de su etapa en el Real Madrid. O reconocía cómo el fútbol le había librado de ser un delincuente callejero y, más tarde, presumiblemente, un mafioso de la Sacra Corona.

Para entender esto último hace falta conocer Bari, la segunda ciudad más populosa del sur de Italia después de Nápoles, y uno de los lugares donde la miseria y la violencia se extienden desde los barrios periféricos hasta las inmediaciones de la Piazza Ferrarese, en el centro. Allí, entre el tráfago urbano, las sirenas de los coches de la Policía y las redadas de la mafia, creció Antò. Él mismo cuenta cómo fue pobre y nunca se preocupó de trabajar. No sabía hacer nada y aprendió en la escuela de la calle que el mundo de las oportunidades era otro. Había una forma distinta de abrirse camino en la vida. Lo hizo pegándole patadas al balón entre los puestos de los mercadillos de la «città vecchia».

El aforismo 363 de su conjunto de perlas engarzadas en el libro Las mañanas no sirven a nadie, Talentino recordó cómo la noche en que había nacido, en julio de 1982, los médicos estaban borrachos y celebrando que Italia se había proclamado campeona del mundo en Madrid. Nunca ocultó su obsesión por la «azzurra», pero reconoce que jugar en la selección le resulta difícil puesto que sólo en la Play Station es posible hacerlo con cuatro puntas. Personaje.

Categoría: Minutos de descuento | Comentarios(0) | enero 2010 |

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