Benzema, otro interrogante a despejar

Por Luis M. Alonso (7 de diciembre, 2009)


Las dudas sobre la falta de adaptación del delantero francés del Madrid sólo se disiparán con goles; la historia del fútbol está llena de casos de buenos futbolistas que fracasan en determinados momentos, y de fichajes cenizos

Supongo que el joven Karim Benzema, gran promesa del fútbol francés por la que el Real Madrid pagó este verano 35 millones de euros, conocerá los pasos titubeantes de Nicholas Anelka en el club de Concha Espina. No hace tanto tiempo de ello; es más, hace tan poco -sólo diez años- que ya ha empezado a establecerse entre los dos compatriotas el paralelismo de la falta de adaptación, un enojoso asunto que dejará de estar en la mente de los aficionados en el mismo instante en que el ex atacante del Lyon empiece a anotar goles. Con el del sábado ya son cuatro.

Anelka, en su actual etapa de madurez en el Chelsea, es un espejo en el que desearían mirarse muchos futbolistas, pero aquel verano de 1999 en que recaló, con 20 años recién cumplidos, en el equipo blanco, su semblante era el de un novato que no sabía dónde se metía. Había costado 33 millones y procedía del Arsenal, club en el que se ganó la fama de antipático. Los aficionados se referían a él como «le sulk» (el malhumorado). En el Madrid, las cosas fueron incluso peor hasta los últimos partidos y se pasó la temporada enemistado con medio mundo.

La historia del fútbol está llena de casos de futbolistas que por su juventud, ansiedad o falta de aclimatación fracasan cuando firman un contrato con un equipo grande. Es posible, ya digo, que a Benzema se le haya aparecido de repente el fantasma de Anelka, pero seguramente nadie le habrá hablado del primer fichaje maldito de la historia blanca: el astro asturmexicano José Luis Borbolla, primer extranjero en llegar al fútbol español después de la Guerra Civil. Borbolla, hijo de padres asturianos, era un interior ambivalente con unas condiciones técnicas envidiables, poderoso disparo de tijera y grandes dotes de goleador. La expectación era tan grande que al desembarcar en 1944 en Tenerife, adonde había llegado a bordo del transatlántico «Magallanes», los aficionados creían que estaban recibiendo de nuevo al que había sido hasta entonces su ídolo: Chus Alonso.

Un mes después debutó en un partido contra el Hércules, que se saldó con derrota madridista. «El fútbol no será jamás un juego individual. Por eso, cuando una propaganda excesiva centra demasiado la atención sobre un jugador, éste se encuentra condenado a defraudar de cien veces las cien. Y la verdad es que Borbolla decepcionó a los que esperaban prodigios de él. (…) Con estilo versallesco, sin querer tropezar con el adversario, ni tampoco arriesgarse a que lo rocen, no es posible ocupar un puesto en un buen equipo español», publicó el diario «Ya». Es muy posible que esto de ayer le suene al lector de hoy.

El manito no tuvo desde luego la suerte de Hugo Sánchez. Se asombró de que en España se jugase tan rápido y pidió un tiempo para adaptarse a las costumbres: achacaba a la falta de rodaje el cosquilleo ligero que sentía en las piernas cuando el balón le llegaba a los pies. Arrancaba desde atrás y avanzaba a cámara lenta, cuando pasaba la pelota les ponía a los contrarios un telegrama indicándoles la dirección. En su temporada en el Madrid jugó un partido de Liga y otro de Copa. El club blanco lo cedió al Deportivo, donde le volvieron a salir las cosas mal. Y, finalmente, acabó su periplo español en la Cultural Leonesa, de Segunda División, en la que tampoco rascó bola. Sólo en el Barcelona existe un caso comparable al de Borbolla pero que resulta todavía más incomprensible: el del goleador brasileño Roberto Dinamita, que llegó al Camp Nou en 1979 para reemplazar al austriaco Hansi Krankl y fracasó estrepitosamente (doce partidos, tres goles, dos de ellos de penalti). A los pocos meses regresó a su club de procedencia, el Vasco de Gama, donde volvió a reconciliarse con la puntería: en el primer encuentro anotó cinco veces.

Carlos Roberto de Oliveira, Roberto Dinamita, forma, con Garrincha, Pelé y Zico, el grupo de los cuatro grandes del fútbol brasileño, los únicos que tienen un mural personalizado en Maracaná. Acabó dedicándose a la política.

Categoría: Minutos de descuento | Comentarios(0) | diciembre 2009 |

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