El criterio y el negocio

Por Luis M. Alonso (28 de noviembre, 2009)

El misterio de la guía Michelin se basa en la demanda
Michelin sigue siendo una estrella que deslumbra a los cocineros españoles, otra cosa es que ilumine sus pasos. No lo hace, al parecer, porque nadie sabe por donde sopla el viento y se desconocen los criterios de puntuación. Lo menos misterioso son los inspectores incógnita, que supuestamente sólo se identifican en circunstancias extraordinarias pero que pueden llegar a hacerse familiares para los cocineros más avispados. Los inspectores de marras son, a veces, por su forma de comportarse como el espía del sombrero con gafas oscuras y los cuellos de la trinchera alzados que aguarda en una esquina leyendo la última edición del «International Herald Tribune». Catalogar a un sujeto así no resulta complicado, y tampoco al inspector si el inspector se empeña en no disimularlo.

La famosa guía ha repartido nuevamente sus estrellas en un país en el que los cocineros siempre creen que merecen más de lo que los franceses cicateramente les otorgan. Pero esto no le quita al sueño a Michelin, preocupada en estos momentos por convertir a Japón, y concretamente a Tokio, en el gran firmamento. Los chefs franceses hace tiempo que se han dado cuenta de lo que vale un peine: la cocina interesa en el país vecino porque siempre ha interesado, de modo que se puede renunciar a las estrellas. No se trata de una novedad como ocurre en España.

Jean-Luc Naret, director general de la publicación franchute, sabe que el negocio es la novedad cuantificada en demanda. Interés nacional más consumo y venta de guías, igual a distinciones, igual a Japón. Ése es, por encima de cualquier otro, el criterio de evaluación que a simple vista se escapa.

Enhorabuena a Nacho Manzano por las dos estrellas y al resto de cocineros asturianos por mantener la calificación.

Categoría: La mirada de Lúculo | Comentarios(0) | noviembre 2009 |

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