Feliz cumpleaños, Marlowe

Por Luis M. Alonso (26 de noviembre, 2009)


El popular detective de Raymond Chandler vive un renacer editorial y tendrá un nuevo intérprete en el cine setenta años después de su presentación en «El sueño eterno»

Han pasado setenta años desde que en un día nublado de mediados de octubre con amenaza de lluvia en Los Ángeles, Philip Marlowe se puso el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, para visitar a cuatro millones de dólares. Seguiré dándole hilo a la cometa: al detective, lo primero que le llamó la atención de la residencia Sternwood, el lugar de los cuatro millones, fue que el vestíbulo de entrada tenía una altura de dos pisos y que sobre la puerta principal, «que hubiera permitido el paso de una manada de elefantes indios», había una amplia vidriera que mostraba a un caballero de oscura armadura rescatando a una dama atada a un árbol y sin otra ropa que una cabellera muy larga y conveniente. Con este resumen de los dos primeros párrafos de El sueño eterno uno no tiene más remedio que quedarse a vivir en las páginas de la primera novela de Raymond Chandler, un escritor irrepetible del que también se cumplen cincuenta años de su muerte.

Marlowe, después del breve bosquejo en un relato (Finger man), aparece en escena por primera vez en El sueño eterno, publicada en 1939. Chandler la había escrito en la primavera del año anterior, basándose en dos novelitas, Asesino en la lluvia (1935) y El telón (1936). Incluía, además, una larga secuencia de otra de las historias cortas del autor El hombre que amaba a los perros. El parto fue doloroso, como le explicó a su editor Alfred A. Knopf, en una época de su vida en la que alejar la mente de la guerra en la que había combatido era su primera obsesión y mantener el empuje literario le suponía un enorme esfuerzo añadido. «Las cosas que nos hacen vivir son los reflejos de alas de insectos brillando al sol en un día nublado?», contó por entonces. Chandler era un tipo tan rápido escribiendo como deshaciéndose de lo que había escrito. «Trabajo muy deprisa, pero trabajo para la papelera». Antes de su primera novela había ya sugerido en las revistas baratas lo que vendría después y ese material le sirvió a él de esqueleto de parte de su obra y a sus lectores para revivir viejas situaciones publicadas en los «pulps». El origen de Marlowe y Sam Spade, el personaje de Dashiell Hammet, dos detectives privados observadores pesimistas de lo que les rodea, está en Black Mask, una revista dedicada a los policiales de gran popularidad en Estados Unidos a partir de la década de los veinte del pasado siglo.

Cuando Chandler tuvo realmente en sus manos al personaje que lo consagró como uno de los grandes de la llamada novela negra, contaba con 51 años y vivía bajo el paraguas protector de su mujer, Cissy Bowen, que le sacaba dieciocho. El nombre del detective estaba presumiblemente inspirado en Christopher Marlowe -la formación de Chandler era británica por haberse educado en Inglaterra y profesaba gran admiración por los grandes autores del teatro isabelino-. Marlowe había tenido hermanos mayores, Ted Carmady o John Dalmas, personajes de las historias cortas que lo precedieron, mucho menos maduros literariamente que él. Nació con 38 años y se negó a envejecer hasta que autor decidió que había llegado el momento de matarlo mediante el perverso método del matrimonio. Chandler estaba convencido de que un hombre solitario, pobre, peligroso, y, a pesar de todo ello, simpático no debería nunca casarse pero, sin embargo, fue capaz de meter al pobre Marlowe en el lío más espantoso de su vida. «Volvió a llover a la mañana siguiente, en grises ráfagas inclinadas, semejantes a cortinas de cuentas de cristal en movimiento. Me levanté sintiéndome deprimido y cansado y me quedé un rato mirando por la ventana, con el áspero sabor amargo de los Sternwood todavía en la boca. Estaba tan vacío de vida como los bolsillos de un espantapájaros. En la cocina me bebí dos tazas de café solo. Se puede tener resaca con cosas distintas del alcohol. Resaca de mujeres. Las mujeres me ponían enfermo», pensaba el detective en El sueño eterno. No se puede ser más claro.

El tipo que ahora cumple setenta años pertenece a esa clase de detective idealizado que sólo se puede dar en la ficción. Su idea de que la corrupción ha de combatirse y su simpatía por ciertas causas perdidas lo llevan a que no siempre pueda ganarse la vida como es debido. Su autor decía que en la realidad alguien como él tendría tantas oportunidades de ser detective privado como de ser rector de universidad: «Creo que podría seducir a una duquesa, pero estoy bastante seguro de que no mancharía a una virgen».

Algo más de un metro ochenta y unos ochenta y seis kilos de peso, cabello castaño oscuro y ojos castaños, a Marlowe nos lo hemos imaginado bajo diferentes máscaras. Chandler mantuvo que si alguna vez tenía la oportunidad de elegir un actor para representarlo en el cine sería Cary Grant, pero esa oportunidad nunca llegó a producirse en las decenas de películas donde aparece el personaje. Al escritor no le disgustó, sin embargo, la interpretación de Humphrey Bogart en El sueño eterno, el film de Howard Hawks basado en la novela. «Bogart es mucho mejor que cualquier otro actor de los duros. Puede ser duro sin pistola y, además, tiene un sentido del humor que encierra un áspero matiz sarcástico. Ladd (Alan) es duro, amargado y de vez en cuando encantador, pero no es más que la idea que un niño se hace de un tipo duro». Chandler no tuvo tiempo para ver a Robert Mitchum, todo un carácter, en la adaptación de Dick Richards de Adiós, muñeca (1975). Ahora, después de Bogart, Mitchum, Ladd, Robert Montgomery, Elliot Gould, James Caan, Jamer Garner, etcétera, la reencarnación del detective sentimental y filosófico de Los Ángeles, de claras resonancias cinematográficas, le correspondería, según dicen, al actor británico Clive Owen, uno de esos sujetos que necesitan más de un par de días sin afeitarse para aparentar dureza. Pero en fin, como aclaró el propio Chandler, «Marlowe surgió de las revistas baratas. No era una sola persona».

RBA Libros, con motivo del 70.º cumpleaños del detective y el 50.º aniversario de la muerte de su autor, ha reunido en un volumen, «Todo Marlowe», las novelas y los dos relatos en los que aparece Philip Marlowe, empezando por «El sueño eterno». El libro incluye, además, «Adiós, muñeca», «La ventana alta», «La dama del lago», «La hermana pequeña», «El largo adiós», «Playback», «El confidente» y «El lápiz». Alianza Editorial ha vuelto a reeditar recientemente la buena traducción de José Luis López Muñoz de la primera novela de Raymond Chandler protagonizada por el popular detective.

Bibliografía

El sueño eterno (1939), Adiós, muñeca (1940), La ventana siniestra (1942), La dama del lago (1943), La hermana pequeña (1949), El largo adiós (1954), Playback (1958), Poodle Springs (1959), completada por Robert B. Parker en 1989 y editada en España bajo el título La historia de Poodle Springs, El lápiz (relato corto, 1961).

Categoría: Bloc de Notas | Comentarios(0) | noviembre 2009 |

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