Noches negras en la galaxia blanca

Por Luis M. Alonso (16 de noviembre, 2009)


El Real Madrid, objeto de un debate nacional tras ser eliminado de la Copa nuevamente por un equipo de Segunda B, está acostumbrado a tocar el cielo, pero también se ha paseado alguna vez por el infierno

No sólo existen maracanazos y alcorconazos en términos de debacle futbolística. El Real Madrid está en entredicho después de haber desaprovechado en el Bernabeu una segunda oportunidad de demostrar que el 4-0 de Alcorcón fue un mero accidente: no hay por qué acongojarse, seamos deportivos y hurguemos en el dolor para contribuir con unos cuantos precedentes luctuosos a uno de los debates nacionales del momento.

El Madrid, acostumbrado a tocar el cielo, se ha paseado también por el infierno. Ha tenido muchas cosas que celebrar y algunas que lamentar; así es el fútbol y nadie se asocia tanto a su grandeza como el club de Concha Espina. No sé si alguien se acuerda ya, por ejemplo, de la ronda preliminar de la Copa de Europa de 1962, en la que el equipo de Gento, Di Stéfano y Puskas, perdió su eliminatoria frente al Anderlecht, que sólo tenía como gran referente a Van Himst. Los blancos, que en la década de los cincuenta habían ganado cinco trofeos seguidos, empataron en casa a tres después de lograr una ventaja de 2 a 0 y, en la vuelta, fueron derrotados con aquel gol de Jef Jurion, el futbolista de las gafas, a cinco minutos del final. Decepción absoluta y fin de ciclo.

Paco Buyo nunca se olvidará del fallo inexplicable que cometió ante Linskens en el primer partido de la eliminatoria de semifinales de la Copa de Europa de 1988 frente al PSV Eindhoven y que supuso el empate a uno. El doble valor del gol del visitante apeó al Real Madrid del torneo después de igualar a cero en Holanda. Un auténtico mazazo para la Quinta del Buitre. Un año más tarde, este mismo grupo de futbolistas se despidió con una goleada (5-0) a cargo del gran Milán de Sacchi, de los Gullit, Van Basten, Maldini, Baresi, Donadoni y Rijkaard. Aquello quedó en el recuerdo como el funeral de San Siro.

Pero nada se asemeja más al dolor que haber perdido dos ligas seguidas en las temporadas 91-92 y 92-93, en el mismo campo, el Heliodoro Rodríguez López, en la última jornada de la Liga, y con el Barça esperando para aprovechar de la debacle y proclamarse campeón. La primera de ellas, tras una remontada del Tenerife y un calamitoso arbitraje de García de Loza. Al año siguiente con una derrota clara por 2-0 ante los tinerfeños. En 1992, sólo una semana después del primer revolcón canario, la noche negra oscureció nuevamente al madridismo, al caer los blancos en Chamartín, en la final de la Copa, contra sus eternos rivales colchoneros, con goles de Schuster y Futre.

Tres de los peores tragos de su historia, los tuvo que pasar el Real Madrid a cuenta del Barça. En el primero de ellos, en el Camp Nou, el Dream Team de Guardiola pasó por encima de los merengues (5-0) con un golazo de Romario, después de hacerle un regate cola de vaca a Alkorta. En el segundo (0-3), Ronaldinho hizo al Bernabeu ponerse en pie. Nada, sin embargo, comparable a la última derrota con el rival catalán de la temporada pasada por 2-6, que no necesito recordarles.

Otras dos fechas dolorosas son las del llamada centenariazo, en plena era galáctica, y la triste despedida de Hierro en Turín. En 2002, todo estaba listo para que el Madrid, pudiera celebrar en casa su cumpleaños número cien con la Copa del Rey, pero Sergio y Tristán, del Deportivo, se empeñaron en aguar la fiesta con dos goles. Al final del partido, Zidane vagaba con la mirada perdida. Peor fue la impotencia de uno de los grandes símbolos blancos de la historia, Fernando Hierro, al ver cómo no podía alcanza a Nedved y evitar el gol decisivo de la Juve, en la semifinal de 2003 de la Copa de Europa. Del Bosque y Hierro se despedirían más tarde.

La eliminación de la Copa frente al humilde Alcorcón ha elevado el debate madridista a su quintaesencia y puesto bajo sospecha el segundo proyecto galáctico de Florentino Pérez. Algo similar sería impensable tratándose de otro club. Al Real Madrid se le mide con una vara distinta: lo que hace o deshace tiene una repercusión mucho mayor que la de sus rivales. No en vano es el Real Madrid y cosecha simpatías y antipatías sólo por el hecho de ser quien es y atesorar a lo largo de la historia más gloria que nadie: entre ella las nueve copas de Europa. Lo mismo que se le quiere, se le odia. No hay muchos equipos en el mundo como el de Concha Espina. De hecho, en Europa, sólo existen dos casos comparables que despierten tanto entusiasmo y rechazo: el Milán y el Manchester United, clubes tildados de arrogantes y, como es lógico, con sus vitrinas repletas de trofeos.

El segundo proyecto galáctico está más que nunca bajo sospecha, pero eso no tiene por qué ser motivo de preocupación. Lo mejor del fútbol es lo mucho que nos entretiene y, salvo en casos como el del Atlético de Madrid, lo poco que suelen durar los malos tragos. Entonces, ¿debe irse Pellegrini?, ¿debe quedarse?, ¿tiene la culpa Florentino Pérez?, ¿es Raúl el cáncer del equipo?, ¿sobra Guti?.. ¿Quién lo sabe? Básicamente todo consiste en que el balón entre en la puerta contraria más veces que en la propia. En cuanto a otro tipo de teorías, en el fútbol lo más fácil es equivocarse.

Categoría: Minutos de descuento | Comentarios(0) | noviembre 2009 |

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