Jazz, el momento del salto

Por Luis M. Alonso (9 de agosto, 2009)


Resurge el interés por la gran música americana del siglo XX coincidiendo con el cincuentenario de «Kind of blue», el disco de culto que trajo el cambio desde el bebop a la improvisación modal

Un hecho inocente determina a veces el rumbo de una vida y una pregunta a tiempo ayuda a enderezarlo. El primer recuerdo que Miles Davis guardaba de su existencia era una llamarada azul brotando de un fogón de gas que le invitó a adentrarse en el misterio. La llama, al mismo tiempo que le asustaba, le produjo una especie de alegría fantasmagórica que le invitó a huir siempre hacia adelante en busca de novedades. Años después, el músico, uno de los mejores de la historia, autor de «Kind of blue», álbum de jazz que se ha convertido en objeto de culto y del que este año se cumplen cinco décadas, le preguntó a Dizzy Gillespie: «Tío ¿por qué no puedo tocar como tú?» Y el gran Gillespie le contestó: «Tocas como yo, pero una octava más abajo. Tu tocas los acordes». A partir de entonces, mejoraron sus carrillos y empezó a tocar la trompeta alto y rápido.

En el bebop, todos solían tocar deprisa. Diz y Bird (Charlie Parker) lo hacían como si les persiguiese el demonio. Miles, al que le cabía el honor de estar con ellos subido al escenario del Minton’s Playhouse, los observaba asombrado y hasta estremecido como si estuviese viendo al propio Belcebú. Estaba tan emocionado que más tarde le dijo a Quincy Trouppe aquello de que la sensación más fuerte que había experimentado en su vida, «con la ropa puesta», fue cuando escuchó por primera vez a Diz y a Bird juntos, y no se puede decir que Miles Davis no haya experimentado a lo largo de su vida sensaciones fuertes, lo mismo vestido que desnudo. «Tío, la mierda que tocaban era tan buena que asustaba», contó en su autobigrafía, uno de los libros imprescindibles para entender el jazz, que ha publicado en España la editorial Alba.

Alba, con la sensibilidad que manifiesta hacia la gran música, ha editado también, con motivo del cincuentenario, «Miles Davis y Kind of blue», la historia de una gran obra que medio siglo después es aún objeto de admiración incluso entre personas ajenas al jazz. Del disco que grabaron Miles Davis, John Coltrane, Bill Evans, Cannobal Adderley, Jimmy Cobb, Paul Chambers y Winton Kelly se vendieron entonces millones de copias y la edición conmemorativa ha vuelto atraer a miles de curiosos a aquel legendario viaje sonoro que llevaba del bebop al jazz modal, que empezaba con el célebre «So what» y acababa con «Flamenco sketches», cuarenta minutos de música maravillosa. En la nueva edición se han incorporado cuatro temas grabados en 1958, secuencias alternativas y tomas falsas, además de un documental. En Estados Unidos, hay quienes recuerdan cuando lo escucharon por primera vez, igual que saben lo que estaban haciendo el día que mataron a John F. Kennedy o destruyeron las torres gemelas. Como se ha escrito, «Kind of blue» conquistó las mentes inquietas de las clases medias de la época y dio una nueva dimensión al jazz. Pero su influencia alcanzó a otros géneros y se adelantó a discos conceptuales publicados en los años sesenta.

El jazz modal era un paso hacia la resimplificación de la música, como recuerda el periodista musical freelance, Ashley Kahn, porque creaba una estructura sobre la que improvisar y, a diferencia del bebop, no exigía un conocimiento extenso de acordes y armonía. El empleo de los modos obligaba al músico a mayor responsabilidad. Sin una secuencia previa de acordes, el solista tenía que inventar su propio patrón melódico sobre la marcha. Aquello era el reino de la improvisación.

Todo había empezado con el bop, un concepto separado de la vieja tradición. Charlie Parker, el tipo que lo inventó, se negaba a definirlo. «Es sólo música» -decía- «yo sólo intento tocar limpiamente y fijándome en las notas». Insistía en que la música es la propia experiencia de cada uno, lo que uno piensa, su sabiduría. «Lo que no vivas no puede salir del saxo». Bird floreció en el ambiente de la calle, hinchándose de drogas, mujeres, bebida y comida. En su caso, agítese y saldrán cosas como «Parker’s Mood».
Algunas grabaciones esenciales
Con «Kind of blue», he aquí una serie de discos maravillosos anteriores o posteriores a la grabación de Davis. Cabrían más; se trata sólo de una selección: A Love Supreme (Impulse!, 1964), John Coltrane; Spiritual Unity (ESP, 1964), Albert Ayler; The Black Saint And The Sinner Lady (Impulse!, 1963), Charles Mingus; Descent into the Maelstrom (Inner City, 1952), Lennie Tristano; The Shape of Jazz To Come (Atlantic, 1959), Ornette Coleman; Mu (BYG Actuel/Get Back, 1969), Don Cherry; Kind Of Blue (Columbia, 1959), Miles Davis; Ascension (Impulse, 1965), John Coltrane; Out to Lunch (Blue Note, 1964), Eric Dolphy; Bitches Brew (Columbia, 1969), Miles Davis; Pithecanthropus Erectus (Atlantic, 1956), Charles Mingus; Brilliant Corners (Riverside, 1956), Thelonious Monk, y, claro, Jazz at Massey Hall (1956), con The Quintet: Bird, Dizzy Gillespie, Bud Powell, Charles Mingus y Max Roach.

Categoría: General | Comentarios(0) | agosto 2009 |

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