"Martín-Santos fue un hombre que llegó antes de tiempo"

Por Luis M. Alonso (30 de abril, 2009)

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«Mi opinión es que era demasiado inteligente, crítico y libre para haberse convertido en un político profesional»

José Lázaro (La Coruña, 1956), profesor de Humanidades Médicas en la Universidad Autónoma de Madrid, es autor de «Vidas y muertes de Luis Martín-Santos», publicada por Tusquets y ganadora del XXI Premio «Comillas», presenta esta tarde a las ocho en el Club LA NUEVA ESPAÑA una interesante biografía sobre el desaparecido autor de «Tiempo de silencio», la novela que cambió el curso narrativo español del pasado siglo.

-¿Qué rasgo define más a alguien tan poliédrico como Luis Martín-Santos?

-La brillantez efímera. El resplandor del relámpago que atruena de repente el firmamento en calma, sorprende y sobresalta a quienes no lo esperaban y desaparece de inmediato. Martín-Santos irrumpió en la psiquiatría, en la política, en la literatura, en la vida; asombró con su inesperada y atronadora aparición; realizó una carrera fulminante en la psiquiatría, en la política, en la literatura, en la vida; desapareció, tan inesperada y bruscamente como había aparecido. Se decía en la Antigüedad que los elegidos de los dioses mueren jóvenes.

-Por su cultura y cosmopolitismo, ¿era Martín-Santos un hombre en un lugar equivocado? ¿Puede ser eso lo que determine, en cierto modo, una conducta arriesgada, temeraria y su dominio de la situación?

-Me gusta la idea del hombre en un lugar equivocado. O quizá podríamos decir un hombre en un tiempo equivocado. Un hombre desbordado por un discurso brillantísimo que se estrelló contra un tiempo de silencio. Un hombre que llegó antes de tiempo. Un hombre maduro, lúcido y libre que se encontró en un país infantilizado, adormecido y atado por un dictador de tercera categoría. Es verdad que reaccionó jugando a desafiar la realidad de una forma arriesgada y temeraria: hay en su historia infinidad de anécdotas que así lo demuestran. No estoy seguro de que pueda decirse que dominó la situación: quizá el juego se le fue de las manos y el «Tiempo de destrucción» sobre el que estaba escribiendo al final se mezcló con la tragedia en que acabó su vida.

-A «Vidas y muertes de Luis Martín-Santos» la han definido como un collage de géneros narrativos. Llama la atención la forma en que el autor ha buceado en la intimidad del personaje…

-Eso fue un desafío que conectaba con lo que el propio Martín-Santos escribió en el prólogo a «Tiempo de destrucción»: «Desaforado y loco me parece el intento de dar cuenta de todo lo que importa en la historia de Agustín». Él cuestionaba la posibilidad de comprender realmente con un libro la vida de un ser humano. Y yo me planteé escribir un libro para intentar conocer a un autor que consideraba semejante planteamiento desaforado y loco. Para ello era necesario recurrir a muchos géneros literarios (ensayo, narración, historia, biografía, reportaje?) e incluir a la vez muchas voces y muchas perspectivas.

-Su libro incluye los detalles pero deja abierta una puerta al suspense ¿Cree que Luis Martín-Santos y su mujer Rocío Laffon se suicidaron?

-En el primer capítulo del libro se narran con gran detalle las circunstancias de su muerte y queda claro que fue un accidente. En general, sobre todos los aspecto de la historia, he intentado mostrar los datos que he podido documentar y también recoger las opiniones de los testigos directos, incluso las que son contradictorias entre sí. Lo que yo pueda creer no tiene interés de ningún tipo y además no serviría más que para oscurecer las cosas.

-Martín-Santos despejó su futuro político. Pero hay quienes dicen que podría haber sido el líder del socialismo, en vez de Felipe González…

-Los paralelismos entre Martín-Santos y Felipe González son llamativos. Los dos hicieron una carrera rápida y brillante dentro del PSOE, que les llevó a su dirección. Los dos eran entonces jóvenes militantes que intentaron quitar el poder del partido a los viejos dirigentes exiliados en Toulouse para traerlo al interior del país . Pero Martín-Santos lo intentó en 1958 y fracasó. González lo intentó en 1974 y lo logró. Como le he dicho, Martín-Santos fue un hombre que llegó a muchas cosas antes de tiempo. Ahora bien, la carrera política de Martín-Santos fue muy corta: después de un par de años de intensa militancia clandestina prácticamente se retiró de la política. Y lo hizo por dos razones: la primera, que ya estaba «quemado»; la segunda, que ya se había aburrido. Mi impresión es que él nunca su hubiera convertido en un político profesional: era demasiado inteligente, demasiado crítico, demasiado libre. Un político está obligado a decir siempre lo que conviene a los intereses de su partido, lo que es oportuno y estratégicamente adecuado. Un intelectual del talante de Martín-Santos dice siempre lo que realmente piensa de las cosas. Y eso es rigurosamente incompatible con la actividad política.

-Del conflicto personal con Juan Benet hay, al menos, dos versiones. Una de ellas es su resquemor por el personaje que Martín-Santos le atribuye en «Tiempo de silencio» y otra la irritación que supuestamente le producía la resonancia de la novela en los ambientes intelectuales. ¿Hubo algo más?

-Había una compleja relación entre Martín-Santos y Benet, que compartían la vocación literaria, como la había también entre Martín-Santos y Castilla del Pino, que compartían la vocación psiquiátrica. En ese tipo de relaciones suele mezclarse el aprecio mutuo, la camaradería, la rivalidad, la complicidad, los celos, la admiración, la suspicacia y la envidia. Las cartas de Martín-Santos a Benet recogidas en el libro muestran por su parte una amistad profunda y una admiración muy noble hacia Benet, al que reconocía como un escritor superior. La dureza con que Benet juzgó «Tiempo de silencio» admite varios tipos de interpretaciones y ha sido objeto de bastantes especulaciones. Pero también hay un famoso artículo de Benet sobre Martín-Santos que, en mi opinión, demuestra un gran aprecio personal por su viejo amigo.

-¿Tiene alguna otra investigación en marcha, algún que otro «quest», como dicen los anglosajones?

-Sí y no, depende, como decimos en mi tierra gallega. Me interesó mucho la experiencia de contar a la vez una historia que se va investigando y la historia de cómo se va investigando. Eso no es nuevo, es, como usted bien dice, precisamente el tipo de relato que los anglosajones llaman «quest», el relato de una búsqueda articulado con el relato de lo que se va encontrando en ella. Como dice mi amigo José Antonio Marina, yo no escribo libros para enseñar, los escribo para aprender. Mi trabajo ahora se centra en ensayar narraciones teóricas en diversos formatos (incluido, en especial, el diálogo) sobre diversos temas. Después sí me gustaría usar la misma técnica de «Vidas y muertes de Luis Martín-Santos» para intentar aplicarla a una biografía grupal de cuatro autores vivos, contrastando la imagen que cada uno de ellos tiene de sí mismo, la que tiene de los otros tres, la que tenemos de los cuatro muchos de sus conocidos, la que tienen los que sólo los conocen por su imagen pública? También querría escribir la historia paralela de un hombre y una mujer asesinados por cuestionar ante sus compañeros la ideología por la que antes habían luchado. Proyectos, proyectos, proyectos?

Categoría: General | Comentarios(0) | abril 2009 |

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