"El Ogro" cumple su sueño infantil

Por Luis M. Alonso (23 de febrero, 2009)

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foto www.cariverplate.com.ar
Cristian Fabbiani, tras declararse en rebeldía para poder jugar en el River Plate, el equipo de sus amores, se convierte en el revulsivo del club argentino, que tuvo sus horas más bajas en el pasado torneo «Apertura»

No descubro la pólvora si digo que los futbolistas profesionales cobran, generalmente, muy por encima del salario social y muchos de ellos cifras millonarias difíciles de obtener dedicándose a otras actividades. Por eso, el gesto de Kaká, que rechazó una oferta jugosa del Manchester City para quedarse en el AC Milán, ha recibido elogios, al tratarse de alguien que entre el dinero y los colores de un club en el que lleva jugando ya años, ha elegido lo último. También es verdad que no es lo mismo jugar en una escuadra cargada de gloria, que en el segundo equipo de Manchester.

La identificación con la camiseta se considera una excepción en el fútbol actual, uno de los negocios donde la circulación de maletines es más intensa y las cantidades que se pagan por los servicios de las grandes estrellas resultan desde hace tiempo astronómicas. Por eso, aunque bien pagados, los astros del balón que mayor grado de vinculación tienen con sus equipos suelen ser también los más valorados, no ya sólo por los seguidores de esos clubes, sino por los aficionados en general. Ya conocerán, entre otros, el idilio de Maldini con el Milán, equipo en el que siempre ha militado; el de Toti y la Roma, o, sin ir más lejos, el de Raúl y el Real Madrid.

Frente a estos casos de fidelidad a una marca están los de otros jugadores, la mayoría, que prueban suerte en más de dos y tres equipos durante su vida profesional. En Italia, Toti y Maldini son rara avis comparados con la frecuente ida y venida de futbolistas en los distintos clubes.

El trotamundos más reconocible de la Liga española es Soler, que vistió los colores del Espanyol, Barcelona, Atlético de Madrid, Sevilla, Real Madrid, Zaragoza y Mallorca. Todo ello durante veinte temporadas y sin que jamás fuese expulsado de un terreno de juego, circunstancia ésta que lo equipara al militante Raúl, con el que coincidió en las alineaciones y que figura junto a él en el selecto club de los futbolistas que han jugado más de 500 partidos en Primera División.

Ahora bien, lo del delantero Cristian Fabbiani es otra cosa. Fabbiani acaba de hacer realidad su sueño de jugar con el River, el club de sus amores desde que era niño, a los 26 años después de haber dado tumbos de un equipo a otro: Lanús, Club Deportivo Palestino (Chile), Beitar Jerusalén (Israel), CFR Cluj (Rumania) y Newell’s Old Boys. En todos ellos no permaneció más de una temporada, salvo en el Lanús, donde estuvo tres de manera intermitente.

El otro día, «el Ogro», como se le conoce, debutó en el torneo «Clausura» con los «millonarios», coincidiendo con la segunda jornada del campeonato, en la «cancha» de Rosario Central, y levantó al equipo que dirige Gorosito del sopor y la mediocridad que le caracterizan últimamente. Tranquilizó a los suyos y sacó de quicio al contrario. El River, que perdía, acabó ganando por 2 a 1, gracias a un gol de Fabbiani, en medio del fervor de la «barra brava». La motivación del delantero posiblemente fue doble al enfrentarse con el equipo de su infancia a «los canallas», odiados rivales rosarinos del Newell’s, en el que militó hasta hace unos días y se propuso hasta pagar lo que le debían para poder fichar por el River Plate. Al «Ogro» también le llaman «Shrek»; en su tira y afloja para abandonar a «los leprosos», así se les conoce, expuso la necesidad perentoria de jugar en un equipo de Buenos Aires para estar cerca de su hija. «No me importa cuál», llegó a decir. De modo que, inicialmente fracasadas las negociaciones entre el club de Rosario y el River, firmó por Vélez Sarsfield, satisfecho de que hubiera abonado por él lo que pedía su anterior equipo. No llegó a jugar en el club de Liniers y se declaró en rebeldía hasta que, finalmente, el equipo de sus sueños infantiles llegó a un acuerdo para hacerse con sus servicios. «En el River, juego gratis», dijo.

Cristian Fabbiani es un tipo muy peculiar, empezando por su perfil atlético. Mide 1,89 y pesa 97 kilos. Agresivo y, al mismo tiempo, habilidoso, posee una indiscutible técnica y buen instinto goleador. Gordo como está, es mejor él solo que los otros diez juntos en cualquier alineación actual del equipo más laureado de Argentina, que no atraviesa precisamente por sus mejores momentos. En internet, los aficionados han seguido con entusiasmo el culebrón de su fichaje, influyendo seguramente en la decisión final que ha tomado el River de incorporarlo a sus filas como un revulsivo. De hecho, «el Ogro», lleno de ilusión, lo primero que hizo fue acercarse al Estadio Monumental vistiendo una camiseta que reza «amor al River».

A Fabbiani, el nuevo ídolo, le ha saludado el diario «Olé» («cada día te quiero más») en su portada con el siguiente titular: «Grasas por el fútbol». Él ha dicho: «Yo juego al fútbol, no canchereo». «El Ogro» no soporta que le llamen gordo.

Categoría: Minutos de descuento | Comentarios(0) | febrero 2009 |

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