Carta al Director: "Caro Montanelli…"

Por Luis M. Alonso (20 de septiembre, 2008)

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Indro Montanelli, al día siguiente de despedirse de «Il Giornale», el periódico que había fundado y dirigió durante veinte años, se sentó a tomar el sol en un banco de un jardín público. Habitualmente pasaba por delante de ese mismo banco de camino del diario, pero sólo en aquella ocasión decidió detenerse y descansar. Dos jubilados le preguntaron si era nuevo y él respondió que sí. Con sólo 85 años, así era como se sentía hasta que unos meses más tarde puso en marcha la «Voce» y se quitó unos cuantos de encima, cómo después contaría en sus memorias.

Escribir del mejor periodista de Italia y uno de los mejores articulistas de todos los tiempos es escribir de la historia del periodismo. Me he acordado de don Indro al leer el libro de Marco Travaglio «Montanelli e il Cavaliere», un agudísimo retrato del alumno sobre el maestro y las relaciones tempestuosas con el que fue su editor, Silvio Berlusconi, el hombre que lo obligó a apartarse de su criatura en el momento en que le confesó que estaba dispuesto a emprender una carrera política y que necesitaba el respaldo del periódico. Montanelli, que hasta ese momento había tenido al Il Cavaliere como el mejor de los editores posibles, por haber respetado la independencia de la redacción, pensó que a partir de ese momento ésta corría peligro e intento por todos los medios buscar apoyo financiero para comprarle el periódico al empresario. Berlusconi ya había pensado en Vittorio Feltri para sustituirlo. El viejo maestro, en uno de los momentos más tristes de su vida, le deseó suerte.

Hay una expresión italiana, «partire in quarta», que se refiere al modo de conducirse impulsivamente. El berlusconismo se empleó entonces de manera maledicente para difundir entre la opinión pública que Montanelli, al entender que un editor y un candidato a gobernar un país resultan incompatibles con la línea independiente de un periódico y criticarlo, actuaba de manera desmedida con saña y por despecho contra Il Cavaliere. Pero nunca el elegante y cartesiano Montanelli, al que siempre se le tuvo como un «príncipe», habría «partito in quarta». De hecho, lo único que hizo el veterano periodista fue defender la libertad del oficio a sus 85 años, una edad en la no se hubiera imaginado seguramente tener que hacerlo después de haber pasado por la cárcel en el fascismo y sido tiroteado por un pistolero de las Brigadas Rojas. Luego, con el sentido del humor propio de los toscanos, contó cómo un consejo que había escuchado del Duce siendo de niño un balilla le había salvado la vida. «¡Si has de morir, muere de pie! De este modo, casi por un reflejo condicionado, en el momento en que sentí que me caía me aferré a la verja de los jardines de Piazza Cavour. Siempre sujetándome a los barrotes, reuní las últimas fuerzas para girarme gritando: ¡Cobardes! Fue esa bobada la que me salvó la vida. Porque el último disparo, el que se quedó dentro, alcanzó a la altura de la ingle. Si me hubiera encorvado, aunque sólo hubiese sido un poco, lo habría recibido directamente en las vísceras». Así figura en el testimonio de sus memorias, recogido por Tiziana Abate y publicado hace unos años por RBA en una traducción plagada de erratas, en la que, por ejemplo, los «misinos» (militantes del MSI el antiguo partido fascista) figuran como los «mismos».

El tiempo quita y da la razón. Montanelli, viejo liberal y maestro de periodistas, acertó al desconfiar del Berlusconi que conoció al principio de su andadura política y que definió como una persona totalmente distinta al empresario bromista que un día inyectó dinero en «Il Giornale». Poseía una gran capacidad para indagar en los perfiles humanos como demostró en «Personajes» y «Gente cualquiera», obras maestras del periodismo. En una serie de televisión sobre la historia de Italia le oí decir que, al igual que con Berlusconi, había conocido a tres Mussolini distintos. En este caso, ninguno especialmente bueno, pese al ponderado juicio de Don Indro.

Categoría: Bloc de Notas | Comentarios(0) | septiembre 2008 |

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