Operación rescate

Por Luis M. Alonso (26 de septiembre, 2008)

Hay entre los periodistas y los políticos una relación tan fluida que permite que los primeros se contagien del lenguaje de los segundos con mayor frecuencia de la deseada. Es posible que también ocurra al contrario, pero eso resulta más difícil de comprobar, de la misma manera que se discute si fue antes el huevo o la gallina. Por esa vecindad en el trato, algunos periódicos se han portado generosamente con aquello de «la optimización de los recursos» y los «flecos de la negociación» para referirse a circunstancias que podrían explicarse de modo distinto sin necesidad de enredarnos tanto. O se refieren con absoluta normalidad, en los titulares, a la «tolerancia cero» o «la educación de cero a tres años», asuntos que demuestran la capacidad del ser humano para entontecerse, sin motivo que lo justifique, con las palabras.

Lo último de lo último, al menos que yo haya reparado en ello, es eso que tanto leemos de un tiempo a esta parte de «acudir al rescate» o «rescatar» a secas para referirse a cualquier tipo de cosa. Gudjohnsen es capaz de «rescatar», por ejemplo, a «un Barça mutante» como he leído estos días. Del mismo modo que Raúl, o cualquier otro, podría hacerlo en el caso del Madrid. No digamos Villa, que también ha acudido a rescatar a España en la Eurocopa, cuando el equipo nacional lo necesitó. Este esfuerzo de recuperación o liberación que tanto prolifera en los titulares de los periódicos no sólo se produce en el fútbol o en los deportes, ya que un diputado podría acudir en cualquier momento en rescate de su partido, lo mismo que Bush ha organizado la mayor operación de rescate financiero que se recuerda tras la caída en Wall Street.

Es posible que el verbo rescatar aflore con la facilidad que lo hace por culpa de vivir algo atrapados en el lenguaje. Por eso sería conveniente acudir de vez en cuando al rescate del castellano, sin que tengamos que titularlo por ahí.

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Una mujer sin piedad

Por Luis M. Alonso (25 de septiembre, 2008)

Uno, a estas alturas de la vida, no esperaría jamás de Lidia Falcón un juicio ecuánime y, mucho menos, piadoso sobre los hombres. Ahora bien, tampoco se me habría ocurrido pensar que pudiera ser capaz de decir, como ha dicho el otro día en Avilés, que todos los divorciados que deciden asociarse son unos maltratadores. A ella ni a nadie, porque resulta tremendamente injusto juzgar que la mezcla de disociación, la del divorciado con su ex mujer, y asociación pueda producir con la holgura que la abogada feminista se manifiesta un efecto tan indeseable.

Falcón tiene al hombre como a un enemigo. Siempre lo ha sido para ella; a partir de ahí se ha hecho profesionalmente, de manera muy desahogada por cierto. Pero incluso cuando el enemigo deja de serlo en casa y se reúne para defender sus derechos, como ocurre con los miembros y miembras de otros colectivos, no ceja el ataque de Falcón. Casado, un maltratador; divorciado, más aun. Así, en todos los casos y sin exclusiones, viene a decirnos Lidia Falcón.

Los roces entre personas que se divorcian por la custodia de los hijos no son nada nuevo. Existen y existirán, porque la justicia carece de capacidad para limar los sentimientos de frustración en circunstancias así y tanto los hombres como las mujeres puedan reaccionar de manera intemperada y hasta violenta cuando se produce una decisión de este tipo que les perjudica. El maltrato sexual, la violencia doméstica o machista, es una de las peores lacras de esta sociedad: una agresión intolerable a la libertad individual. Por esa misma razón no se puede identificar de manera tan gratuita con un colectivo en particular.

Y como de la Falcón no podemos esperar clemencia, de ZP ha dicho que nos distrae con reformas sociales que no cuestan dinero, como si todo hubiera que traducirlo a euros. Una mujer sin piedad.

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Prostitución

Por Luis M. Alonso (24 de septiembre, 2008)

El Gobierno está dispuesto a perseguir a los proxenetas y a las redes de tráfico de blancas, que ahora se llaman de explotación sexual. Para desincentivar el fornicio de pago ha anunciado, también, que afeará mediante campañas propagandísticas las conductas de los puteros, que son quienes mantienen en pie el negocio de la prostitución desde el principio de los tiempos.
Me parece bien que se persiga el delito y a los macarras y que así se proteja a las víctimas que a la fuerza se ven a obligadas a prostituirse. Lo que resulta desproporcionado es fustigar a los clientes de los llamados locales de alterne que mantienen una actividad legal. Una cosa es perseguir el delito y otra a aquéllos que ni siquiera lo cometen, por aberrante que puedan parecerle sus conductas al Gobierno. El polvete de Revilla a los 18 años, pagando, no es materia delictiva ni de linchamiento público, aunque el presidente de Cantabria cometiese la ordinariez de hablar de ello en la televisión.
ZP acaba con todo lo que se pone por delante, pero no lo veo capaz de liquidar el oficio más viejo del mundo, con las izas, las rabizas y las colipoterras que fotografió Joan Colom y lustró Cela con su prosa desinhibida. Las mancebías les han dado mucho juego a la vida y a la literatura. «La_Celestina», de_Francisco Rojas; «El arte de las putas, de Moratín, «El Decamerón», «Diálogos de cortesanas», Quevedo, Casanova, Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, etcétera. La misma palabra fornicar viene del latín fornice, la curvatura de un arco, puesto que era bajo las bóvedas de los puentes donde se alquilaban en Roma los servicios de las prostitutas.
Posiblemente, el Gobierno y yo no estemos hablando de las mismas putas ni de la misma literatura, pero la prostitución siempre existirá mientras haya una persona dispuesta a vender su cuerpo por una noche o el resto de la vida. Lo importante es discernir si lo hace voluntariamente o a la fuerza, porque no es lo mismo.

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Las excusas de Zapatero

Por Luis M. Alonso (23 de septiembre, 2008)

Los contribuyentes les van a sacar con sus ahorros las castañas del fuego a quienes por codicia profanaron el templo supremo del capitalismo y hundieron Wall Street. Este intervencionismo agónico de Bush junior a costa de los «paganini» del Imperio lo ha entendido Zapatero como una derrota de los neocon, a quienes el presidente español retrotrae a la etapa Reagan. El término neocon no estaba acuñado entonces pero a Zapatero, con la improvisación que le caracteriza, le viene muy bien lo contrario, ya que en el ideario progre no hay mayor obsesión que culpar de todo lo malo que ocurre en el mundo a Estados Unidos y no hay mejor manera de hacerlo que en medio de una metástasis financiera que pone en entredicho el libre mercado.

El Presidente se ha movido desde el principio de la crisis como un pulpo en un garaje. Lo confunde todo, muchas veces de manera intencionada para buscar una válvula de escape con cuatro notas que le pasan sus asesores, otras por simple ignorancia.

Ahora, en el río revuelto ha visto la ganancia de pescadores y se aferra a otro chivo expiatorio en vez de tomar medidas para aliviar dentro de lo posible el terremoto de nuestra economía. Para él la culpa de lo que nos está pasando la tiene Reagan. Por eso dice que son necesarias medidas socialdemócratas frente a los neocon, como si en Estados Unidos alguien, salvo Ralph Nader, el activista en favor de los derechos del consumidor, que se ha postulado en cuatro ocasiones sin éxito a la Presidencia, estuviese dispuesto a aplicarlas. O como si la socialdemocracia tuviese en las sociedades con libre mercado mecanismos extraordinarios para frenar los abusos del capitalismo salvaje o combatir con mayor eficacia las catástrofes económicas.

Zapatero ha encontrado una excusa para señalar a Reagan, Bush, Aznar y Rajoy, pero mientras tanto el edificio se derrumba.

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Dos mujeres

Por Luis M. Alonso (22 de septiembre, 2008)

No todo es lo que parece a simple vista. A Tzipi Livni la hemos visto estos días exteriorizando la alegría por su victoria en las elecciones de Kadima, pero a la nueva mujer fuerte de Israel se la compara con Golda Meir por el gesto adusto y la honestidad que destila, además de su probada fama de incorruptible, en el mismo escenario en el que al ex primer ministro Olmert le han pillado con el carrito del helado.

Golda Meir sigue siendo, treinta años después de muerta, la gran matrona de los israelíes. Ben Gurión, padre de la patria, la nombró ministra de Exteriores y solía decir de ella que era el único hombre de su gabinete. Tal es así que Meir, carismática como ninguna y bien dispuesta para todo, entró disfrazada de beduino en 1948 en territorio árabe para discutir el armisticio con Abdullah, rey de la Transjordania. Se cuenta que éste, después de horas de tira y afloja con la rocosa Ministra, tiró la toalla y le dijo: «Me he enterado de que tiene usted un marido. Habría que condecorarlo».

La gran matrona de Israel, tan honrada como eficaz, es el precedente moral de Livni según coinciden en señalar los analistas de la política hebrea. Es fácil llegar a esa conclusión cuando ella ha reconocido más de una vez que no le molestan en absoluto las comparaciones, salvo por lo que se refiere al físico y al moño de castaña que llevaba aquella mujer-hombre que tanto lucho por el nuevo Estado.

Es cierto que Meir era socialista y Livni, ex agente del Mosad, procede del Likud, pero ambas mostraron, siempre que tuvieron oportunidad, su desapego a resolver los conflictos por la vía de las armas. Golda Meir se opuso hasta el último momento a la guerra de los Seis Días por considerar que no estaba suficientemente justificada y Tzipora Livni se ha declarado pacifista en más de una ocasión.

Está muy bien, además, que una mujer gobierne en la avanzada de Occidente frente a países que desconocen la igualdad de sexos.

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Avilés story

Por Luis M. Alonso (21 de septiembre, 2008)

Mientras llueven pétalos de rosa sobre el erial del Niemeyer, Avilés reverdece sus viejos proyectos, que son los de toda la vida, por eso no se habla de otra cosa. En la nueva rula, que ya es vieja de tanto esperar, la saga continúa con el nombramiento de un gerente previsto para fin de mes. Han pasado dos años desde que concluyeron las obras de la lonja, que costó 18 millones de euros de dinero público y sigue sin ser utilizada, como consecuencia de las disputas y de la negligencia . En cualquier otro lugar no se entendería lo ocurrido en todo este tiempo. Aquí, con la santa resignación como patrona de la ciudad, vemos pasar estas cosas como si nada.

Lo mismo sucede, pero mucho peor, porque en este caso apenas hay que estrenar y mucho menos que quitar, con las vías del tren. De nada se ha hablado tanto en Avilés como de la eliminación de la barrera ferroviaria, un escollo urbanístico africano que impide a la ciudad desarrollarse en torno a su tierra de promisión. Ni siquiera de los pétalos de rosa del Niemeyer se ha hablado tanto, y mira que se ha hablado. Lo que primero se llamó soterramiento, después supresión de la barrera férrea y, finalmente, integración del tren en la ciudad, resulta que al cabo de diez años de discusiones está en barbecho.

El ferrocarril seguirá por el mismo trazado, pendiente de un nuevo estudio, y partiendo la ciudad en dos. Y si no quieres taza, taza y media, porque, además, de los trenes de pasajeros, se multiplicarán los vagones de mercancías camino de El Musel, circulando por delante del Niemeyer, cuando el Niemeyer sea.

Mañana está previsto que comiencen las obras de pavimentación de la calle Cabruñana, urbanizada no hace todavía mucho pero en el sentido diametralmente opuesto de lo que debe ser la urbanización, e incluso la urbanidad. La calle, fíjense, no llegó ni a inaugurarse por vergüenza.

Y, por si fuera poco, tras veinte años de darle vueltas los concejales dicen ahora que no se puede construir la dichosa perrera porque no hay donde hacerlo. Juzguen.

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Carta al Director: "Caro Montanelli…"

Por Luis M. Alonso (20 de septiembre, 2008)

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Indro Montanelli, al día siguiente de despedirse de «Il Giornale», el periódico que había fundado y dirigió durante veinte años, se sentó a tomar el sol en un banco de un jardín público. Habitualmente pasaba por delante de ese mismo banco de camino del diario, pero sólo en aquella ocasión decidió detenerse y descansar. Dos jubilados le preguntaron si era nuevo y él respondió que sí. Con sólo 85 años, así era como se sentía hasta que unos meses más tarde puso en marcha la «Voce» y se quitó unos cuantos de encima, cómo después contaría en sus memorias.

Escribir del mejor periodista de Italia y uno de los mejores articulistas de todos los tiempos es escribir de la historia del periodismo. Me he acordado de don Indro al leer el libro de Marco Travaglio «Montanelli e il Cavaliere», un agudísimo retrato del alumno sobre el maestro y las relaciones tempestuosas con el que fue su editor, Silvio Berlusconi, el hombre que lo obligó a apartarse de su criatura en el momento en que le confesó que estaba dispuesto a emprender una carrera política y que necesitaba el respaldo del periódico. Montanelli, que hasta ese momento había tenido al Il Cavaliere como el mejor de los editores posibles, por haber respetado la independencia de la redacción, pensó que a partir de ese momento ésta corría peligro e intento por todos los medios buscar apoyo financiero para comprarle el periódico al empresario. Berlusconi ya había pensado en Vittorio Feltri para sustituirlo. El viejo maestro, en uno de los momentos más tristes de su vida, le deseó suerte.

Hay una expresión italiana, «partire in quarta», que se refiere al modo de conducirse impulsivamente. El berlusconismo se empleó entonces de manera maledicente para difundir entre la opinión pública que Montanelli, al entender que un editor y un candidato a gobernar un país resultan incompatibles con la línea independiente de un periódico y criticarlo, actuaba de manera desmedida con saña y por despecho contra Il Cavaliere. Pero nunca el elegante y cartesiano Montanelli, al que siempre se le tuvo como un «príncipe», habría «partito in quarta». De hecho, lo único que hizo el veterano periodista fue defender la libertad del oficio a sus 85 años, una edad en la no se hubiera imaginado seguramente tener que hacerlo después de haber pasado por la cárcel en el fascismo y sido tiroteado por un pistolero de las Brigadas Rojas. Luego, con el sentido del humor propio de los toscanos, contó cómo un consejo que había escuchado del Duce siendo de niño un balilla le había salvado la vida. «¡Si has de morir, muere de pie! De este modo, casi por un reflejo condicionado, en el momento en que sentí que me caía me aferré a la verja de los jardines de Piazza Cavour. Siempre sujetándome a los barrotes, reuní las últimas fuerzas para girarme gritando: ¡Cobardes! Fue esa bobada la que me salvó la vida. Porque el último disparo, el que se quedó dentro, alcanzó a la altura de la ingle. Si me hubiera encorvado, aunque sólo hubiese sido un poco, lo habría recibido directamente en las vísceras». Así figura en el testimonio de sus memorias, recogido por Tiziana Abate y publicado hace unos años por RBA en una traducción plagada de erratas, en la que, por ejemplo, los «misinos» (militantes del MSI el antiguo partido fascista) figuran como los «mismos».

El tiempo quita y da la razón. Montanelli, viejo liberal y maestro de periodistas, acertó al desconfiar del Berlusconi que conoció al principio de su andadura política y que definió como una persona totalmente distinta al empresario bromista que un día inyectó dinero en «Il Giornale». Poseía una gran capacidad para indagar en los perfiles humanos como demostró en «Personajes» y «Gente cualquiera», obras maestras del periodismo. En una serie de televisión sobre la historia de Italia le oí decir que, al igual que con Berlusconi, había conocido a tres Mussolini distintos. En este caso, ninguno especialmente bueno, pese al ponderado juicio de Don Indro.

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Incontinencia verbal

Por Luis M. Alonso (20 de septiembre, 2008)

El sufragio universal es, sin lugar a dudas, un abuso de la estadística, por mucho que las conciencias políticamente correctas se empeñen en lo contrario. La prueba está en Miguel Ángel Revilla, al que le ha bastado, sin embargo, una parte pequeñísima del sufragio cántabro para poder repetir como presidente de una autonomía a cuyos habitantes compadezco por el perfil del caudillaje que les ha tocado.

Escribí una vez, a propósito del oso apadrinado por el presidente de Cantabria, que si fallaba en el intento de fecundación, ahí estaba el propio Revilla para rematar la faena. Efectivamente, el susodicho ha demostrado ahora con sus declaraciones que él, en cuestiones de sexo, es un sujeto avezado y absolutamente desinhibido al confesar públicamente en una televisión que «mojó» a los 18 años y pagando, según asegura, como el 99 por ciento de los españoles. Acto seguido, se ha enfadado con unas diputadas que le han reprochado la incontinencia de expresarse como un patán y que haya hecho apología de la prostitución, siendo, como es, un servidor público. Las ha llamado «hipócritas» y «sepulcras blanqueadas» (sic), lo cual prueba también que nos encontramos ante un tipo que, además de decir las cosas según le vienen, cuida el idioma como pocos.

No creo que el 99 por ciento de los españoles, ni siquiera los de la generación de Revilla, hayan estrenado el pincel pagando, por mucho que la situación apremiase. Pero vamos a creer que el presidente de Cantabria «mojase» entonces, a los 18 años, en Bilbao y que se corriese alguna que otra juerga de esa índole posteriormente. Él mismo dice que las cosas íntimas de cada uno no tienen por qué importar a los demás. Y es cierto. Por ese mismo motivo, no tendría que haberlas contado públicamente. De esa manera, habría evitado el ridículo propio y el desprestigio de la institución que representa.

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Algo tétrico

Por Luis M. Alonso (19 de septiembre, 2008)

Asistimos al funeral económico de España y, al mismo, tiempo al levantamiento de una parte de los muertos de su Guerra Civil, acaecida hace más de setenta años. No se trata de una casualidad, pero es como si se hubiese adelantado el Día de Difuntos.

No es nuevo que el Gobierno, ayudado eficazmente por su mariachi mediático, recurra a artimañas para desdibujar la realidad que nos interesa y sacude, como es el caso de la crisis de la economía. Pero muchos de los lectores coincidirán conmigo en que ha habido ocasiones en que ha elegido asuntos menos embarazosos e incómodos que éste de reabrir las heridas de aquel estúpido y cruel enfrentamiento para hacer luz de gas de lo que verdaderamente preocupa a los españoles.

No digo que este deambular por los restos de la historia trágica más reciente no resulte emotivo y hasta necesario para aquellas personas que perdieron a sus seres queridos. Pero también sé, como a casi nadie se le escapa, que detrás de esta revisión parcial de la memoria histórica hay un descarado oportunismo partidista. Lo hubo en la anterior legislatura y lo vuelve a haber ahora coincidiendo con las exequias económicas. Muerte y resurrección.

A Franco y a sus muertos hay empeño por resucitarlos desde el inicio de la transición. Primero por parte de los unos y, después, todo seguido, por parte de los otros. Es conocida aquella anécdota de los dos jefes de la Armada que le mostraron al Rey, en los primeros afanes de la democracia, su preocupación por cómo estaba discurriendo el proceso político. Uno de ellos le dijo «Majestad, Franco no lo hubiera permitido». El Rey respondió:

-Podéis decirme lo que queráis, salvo que Franco ha resucitado. Está muerto.

Lo que sigue, sin embargo, es la exhumación de la circunstancia franquista en un movimiento de tumbas que nunca termina y que viene a coincidir con la descomposición del corpus económico. Tétrico.

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Quiebra

Por Luis M. Alonso (18 de septiembre, 2008)

España, al contrario de Wall Street, donde el sistema bancario se desploma en un fulgurante fin de semana, lleva ya tiempo emitiendo señales de quiebra. Da la impresión, sólo hay que fijarse en la economía y en la justicia, de que los españoles nos encontramos en las peores manos posibles, por parte del Gobierno y también de la oposición. En los hechos y en las mismas palabras de los principales políticos, nada alentadoras, dada la complicada situación.

Zapatero reclama a su partido «pedagogía» para combatir el desánimo que produce la crisis y no es descartable que en breves momentos se dedique a regalar amuletos, de la misma manera que antes se regalaban catecismos.

Rajoy se ha enredado, por ejemplo, con la inmigración, demostrando que lo suyo no es el centro, tan predicado y predicable de estos inicios de legislatura, sino más bien el corazón de las tinieblas. Al dirigente del PP le duele que en este país haya 180.000 extranjeros cobrando el paro mientras 20.000 españoles acuden a la vendimia en Francia. Puede que haya puesto el lamentable ejemplo de los inmigrantes que cobran el paro para acentuar el hecho de la emigración vendimiante, pero en cualquier caso resulta una majadería recurrir a lo razonable, como es en este caso que unos trabajadores perciban una parte de lo que han cotizado previamente al Estado, para explicarse o tratar de explicarnos la situación a que hemos llegado.

Estamos en manos de dos zombis de cuidado; de unos cuantos clásicos del desatino, en el PSOE, y de un grupo de arribistas, en el PP, no se sabe si dispuestos a contribuir a la resolución de los problemas o, simplemente, a auparse en el momento en que Mariano decida tirar la toalla y admitir el fracaso de su liderazgo.

Para el público que asiste a este espectáculo, lo peor de todo es pensar que la sucesión queda a merced de los propios autores de la debacle.

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