El profesorado en el punto de mira

Por Luis Arias

“¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”. (Machado)

Comienza el curso y, una vez más, el profesorado vuelve a estar en el punto de mira. Son varias las comunidades autónomas en las que el colectivo docente se verá afectado por los ineludibles recortes presupuestarios. Lo primero que hay que decir a este respecto es que ya se vienen sufriendo los susodichos recortes desde mayo de 2010 cuando Zapatero decidió disminuir el sueldo de los funcionarios. En segundo lugar, cuando se habla de ampliar las horas lectivas semanales a 21, hay que tener en cuenta que ello supondrá una reducción de plazas del profesorado en la enseñanza pública.

Como compensación a todo ello, algunos gobiernos autonómicos, como el que preside doña Esperanza Aguirre, plantean una ley de autoridad del profesor, ley de todo punto necesaria en el espíritu, no sé si también en su letra y en su aplicación. Porque, desde la implantación de la LOGSE a esta parte, lo que no se ha tenido en cuenta, ni siquiera por parte de los sindicatos que, en teoría, nos representan, es que nadie pone en duda el derecho de todo el mundo a ejercer su trabajo en condiciones dignas, sin sufrir tratos vejatorios y agresiones, y, sin embargo, nada efectivo se ha hecho para atajar los graves problemas que se vienen sufriendo en esta profesión.

Lo cierto es que, precisamente ahora, cuando un nuevo curso se pone en marcha, toca, una vez más, estar en el punto de mira como si fuésemos un colectivo privilegiado, al tiempo que las apuestas por la calidad de enseñanza no son nada fiables, más allá de vacuas retóricas, ni por parte de las autoridades políticas, ni tampoco por parte de la mayor parte de los sindicatos del gremio, que, estoy seguro de que pondrían el grito en el cielo en el caso de que se redujesen el número de liberados sindicales, porque eso supondría que algunos tendrían que volver a pisar las aulas de las que huyeron de forma despavorida.

En el punto de mira, insisto, quienes hacen en las aulas sus trabajos y sus días, mientras que los intocables del sector piensan seguir con sus privilegios.

De la misma manera que se plantea cada vez más que se limite el tiempo en los cargos políticos, ¿por qué no se propone algo idéntico con respecto a los liberados sindicales, aunque sea por aquello de estar en contacto con la realidad de los colectivos a los que en teoría defienden, aunque el número de afiliados sea cada vez más significativamente raquítico?

Hablamos de un colectivo que tiene todo el derecho del mundo a que se respete su dignidad a la hora de desarrollar su trabajo. Hablamos de un colectivo al que sus teóricos representantes sindicales abandonaron hace tiempo desde que la liberación de la tiza alcanza en muchos casos lo definitivo.

Me atrevo a hacer la propuesta que sigue: que los liberados sindicales trabajen en los centros dos o tres horas diarias, que les servirían para saber en qué condiciones se encuentran sus compañeros. Con ello, se ahorraría dinero, y puede que el discurso de los sindicatos de enseñanza cambiase de forma drástica.

Categoría: Enseñanza Comentarios(0) septiembre 2011

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