Clamores nocturnos

Por Luis Arias

Cuando sentimos que se rompe el cerebro y se quiebra en grito el salmo en la garganta, comenzamos a comprender. Un día averiguamos que en nuestra casa no hay ventanas. Entonces abrimos un gran boquete en la pared y nos escapamos a buscar la luz desnudos, locos y mudos, sin discurso y sin canción” (León Felipe).

Llegará el momento en el que los estudiosos de la literatura caigamos en la cuenta de que muy probablemente Amiel escribiría hoy su Diario Íntimo en un blog de Internet? Si alguien se toma la molestia de transitar algunos de los infinitos blogs que circulan por la llamada Red de redes, tendrá ante sí la prueba más palpable de que, en efecto, nunca la soledad fue tan global, de que, en efecto, lo íntimo arrincona todo pudor y se manifiesta en ese universo virtual que está sirviendo de asidero mayor de las angustias que a día de hoy se padecen.

Y es que gran parte de esos blogs personales son literatura, buena y mala, que todo hay, pero, en todo caso, se construyen con los mismos mimbres con los que se llevan a cabo las grandes obras maestras de ese subgénero al que podemos llamar Diario íntimo, heredero de Las Confesiones roussonianas, heredero de la confidencia, más o menos real, hecha literatura, heredero de las grandes y pequeñas memorias, con su carga de realidad mezclada con su inevitable arsenal de ficción.

Cuando a altas horas de la madrugada, alguien se decide por fin a apagar su ordenador y se despide de todos sus amigos y visitantes, potenciales y virtuales, lo que está haciendo es gritar su soledad, como aperitivo de aquella “primera ruina de la aurora” de la que habló el poeta.

¿Podemos negar que escribir es un acto claramente onanista? Pues bien, quienes acuden a su blog para contar sus inquietudes que, por fortuna, no suelen ser políticamente correctas, incurren de principio a fin en una actitud onanista que reclama la complicidad de quienes están en idéntica situación.

Clamores nocturnos. El último lamento de la noche con el que se cierran muchos blogs. Son gritos en el silencio. Es una forma de desgañitarse con el auxilio de las teclas. Es una forma descarada, descarnada y desgarrada de proclamar la soledad de quienes se sirven de su ordenador para lanzar sus clamores, clamores que son alaridos, comprimidos, reprimidos y que, sin embargo, seguramente alivian.

Día llegará en el que, al modo de quien va al encuentro de poemas para construir una antología que responda a los dictados estéticos de un tiempo y de unos territorios que en este caso apenas tienen fronteras, ni siquiera las idiomáticas en la mayor parte de las ocasiones, se bucee en los blogs a la caza de la literatura del momento, al menos en busca de los sentimientos que, de forma balbuciente, intentan ser expresados.

Se cierra el blog y se apaga el ordenador. Es el ceremonial de los adioses a una jornada que se alarga durante la noche, unas noches en las que no sólo brillan las estrellas en el firmamento, sino que además hay otra infinitud de lucecitas tejas abajo, como luciérnagas que se ocultan tras los ventanales y puertas cerradas, como luciérnagas que no llegan a encontrarse y que mandan, no sin cierta desesperación, sus destellos de soledad.

Como escribió con precisión Barthes, “son cuatro los motivos que justifican la inclinación al diario en un escritor: lo poético, lo histórico, lo utópico y lo amoroso”.

Un rastreo por el universo bloguero nos lleva indefectiblemente al hallazgo de esos cuatro elementos, a los que les falta en muchos casos pulimento, al tiempo que están impregnados de clamor.

Clamores nocturnos, digo, de tránsito ineludible para quienes deseen empaparse de literatura y sociología que definen nuestro tiempo.

Categoría: Opinión Comentarios(0) septiembre 2011

Escribir comentario