Carta abierta a Carmen Moriyón

Por Luis Arias

«Oviedo es una ciudad fundada en la Edad Media; Gijón es, a la vez, más antiguo y más moderno; más antiguo porque tiene vestigios de un poblado romano; más moderno por haberse adaptado antes a las exigencias de la época presente. Gijón tuvo antes que Oviedo ferrocarril, cabarets, tranvías y jesuitas, todo lo malo y todo lo bueno». (Valentín Andrés Álvarez).

Es usted, doña Carmen, todo un fenómeno sociológico. Primero, irrumpe en la vida pública, avalada por una prestigiosa trayectoria profesional totalmente ajena a la política. Segundo, consigue desbancar a todo un régimen que llevaba en el poder más de 30 años en la ciudad de Jovellanos, eso sí, con la ayuda del grupo de la señora Fernández Pardo, que desoyó las consignas de su partido, dándose la circunstancia añadida de que en su momento fue doña Pilar la manzana de la discordia que motivó que el señor Cascos abandonase su ficha de militante del PP en Gijón. Tercero, le toca pelear con casi todo, contra casi todos.

De sarao en sarao, doña Carmen. Frente a usted, la divina izquierda de la «Semana negra» que esta vez no sólo tenían en su punto de mira al rector de la Universidad, sino también a su equipo de gobierno. Frente a usted, la izquierda plural y transformadora gijonesa a la que, según parece, excluyó usted, con ayuda de doña Pilar, de las empresas municipales de la ciudad. Frente a usted, los antitaurinos. Frente a usted, los que no ven con buenos ojos que determinados cargos tengan que pagarse su entrada para disfrutar de las corridas de toros que tendrán lugar en la Feria de Begoña. Frente a usted, el que es desde el 11 de junio el antiguo régimen gijonés. ¡Cuántos frentes, doña Carmen, cuántos frentes!

Pero la cosa no se queda ahí. En una entrevista que publica este periódico defiende usted la fiesta nacional y declara que el furor antitaurino que se manifestó recientemente en el Parlamento de Cataluña es una moda efímera que pasará pronto. Se proclama usted defensora de la fiesta nacional, lo que no lo impide acudir, como regidora, al homenaje que se le hace en su ciudad a Jovellanos cada 6 de agosto.

Ante ello no pude no preguntarme si es usted conocedora de que nuestro ilustrado no fue precisamente un entusiasta de la fiesta de los toros. Ya ve, el autor de «El Delincuente Honrado» da para mucho a la hora de las citas en los discursos, pero no queda otra que arreglárselas sin él a la hora de defender la fiesta nacional.

De sarao en sarao, doña Carmen. ¡Qué despliegue de actividades! Los toros, el homenaje a Jovellanos, la presencia en la inauguración de la Feria de Muestras. Las peleas en los plenos, las guerras declarativas.

Lo cierto, doña Carmen, es que desde el 22 de mayo, tanto en Asturias como en Gijón, la vida política es mucho menos monótona. Y tengo un interés enorme en conocer con qué discurso político la van a atacar a usted, más allá de encontronazos puntuales, desde una izquierda de siglas que, salvo excepciones, lleva demasiado tiempo sin discurso, más allá de las invectivas, por lo común muy estridentes, a las que nos tenía acostumbrados el muy versallesco señor Sariego.

Lo cierto, doña Carmen, es que me conformaría con que usted eliminase «chiringuitos» y canonjías, digo eliminar y no sustituir a unas personas por otras, porque eso sería una decepción más. En ese sentido, tanto nepotismo, tanta endogamia, tanto privilegio, etcétera, asfixiaba demasiado la vida pública, y es de esperar que, cuestiones ideológicas al margen, aunque sólo sea por razones de eficacia y hasta de decoro, usted se conduzca de otra forma. Fácil le han puesto que las cosas mejoren. Y tengo para mí que, una vez más, Gijón puede marcar la pauta de la política asturiana, en lo que se refiere a que se ponga fin a largos mandatos que terminan velis nolis por ser un régimen.

Como puede ver en la cita de don Valentín Andrés que encabeza este artículo, la ciudad en la que usted oficia como regidora las cosas llegaron antes. De modo que se sigue cumpliendo la tradición que planteó el gran escritor y economista asturiano con el sentido del humor que siempre le caracterizó.

Y, hablando de tradiciones, doña Carmen, le tocará a usted ser Alcaldesa el próximo año, es decir, en el centenario del nacimiento del Partido Reformista que en su día fundó Melquíades Álvarez, al que los prohombres de FAC citan mucho últimamente. Y, fíjese usted lo paradójico que resulta que en aquel momento el gran tribuno gijonés fundó su partido en contra del viejo bipartidismo de la restauración canovista, lo que Ortega llamaría vieja política.

Digo que resulta paradójico porque el señor Álvarez-Cascos empezó sus trabajos y sus días de la política en la transición, que fue justamente la que tanto favoreció el bipartidismo al que ahora mismo combate, no sólo con sus discursos, sino también apostando por personas como usted que llegan a la política tras una dilatada vida profesional alejada de las intrigas partidarias y de los cargos que se reparten en los «chiringuitos».

Por lo demás, es entretenido verla de sarao en sarao, de feria en feria. Y confío en que usted también se divierta en medio de las hostilidades que su cargo le acarrea.

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