Tras el 75 aniversario de la guerra civil

Por Luis Arias

“Un Parlamento de derechas deshizo cuanto pudo de la obra de la República. Derogó la Reforma Agraria, amnistió y repuso en sus mandos a los militares sublevados el 10 de agosto de 1932, restableció en los campos los jornales de hambre, persiguió a todo lo que significaba republicanismo. Réplica: in­surrección proletaria en Asturias, e insurrección del Gobierno catalán. El Gobierno no se contentó con sofocar las insurrec­ciones. Realizada una represión atroz, suprimió la Autonomía de Cataluña y metió en la cárcel a treinta mil personas. Era el prólogo de la Guerra Civil. Los dislates cometidos desde 1934 daban ahora sus fru­tos. Extremas derechas y extremas izquierdas se hacían ya la Guerra. Cayeron asesinadas algunas personas conocidas por su republicanismo y otras de los partidos de derechas. Los que esperaban golpe rápido, que en cuarenta y ocho horas les diese el dominio del país, se convirtió en guerra civil, en la que inmediatamente se insertó la intervención extranjera» (Azaña. Causas de la guerra de España)

Un aniversario más sobre la guerra civil, esta vez cifra redonda. Y, por mucho que en lo histórico, en lo literario y en lo cinematográfico, las referencias a este acontecimiento histórico sean oceánicas, se diría que se sigue viendo aquella contienda como un recuerdo espectral que despierta nuestros peores demonios, como algo a lo que resulta peligroso enfrentarse. Ello a pesar de que han transcurrido ya tres cuartos de siglo.
Aquel tópico tan repetido en los inicios de nuestra transición en virtud del cual había transcurrido poco tiempo para juzgar con objetividad nuestra guerra civil sigue presente. Añadamos que los serios intentos que hubo en lo últimos años por rescribir históricamente ese periodo para llegar a conclusiones similares a las que defendieron los mayores hagiógrafos del franquismo sirvieron de pretexto para el debate político entre los dos grandes partidos, lo que pone de manifiesto, entre otras cosas, lo atípica democracia que tenemos. ¿Alguien se imagina a la derecha francesa defendiendo a Pétain?
El primer gran problema al que nos enfrentamos consiste en que, en el momento mismo en que se considera que la guerra civil fue inevitable, se está justificando el franquismo. Y, por lo que parece, se está utilizando el 75 aniversario del asesinato de Calvo-Sotelo en esa misma línea. De más está decir que fue el aquel crimen contra el político conservador fue una atrocidad, que no hay manera de justificar que, desde las fuerzas de seguridad del Estado, se organizase semejante salvajada. Que hubo responsabilidades políticas innegables. No obstante, hay un dato que se quiere obviar: la sublevación militar contra la República ya estaba en marcha antes de que se produjese aquel horrendo asesinato.
Cierto es que la violencia en los meses anteriores a la contienda era algo más que retórica. Cierto es que aquella República que había llegado con alborozo y sin derramamiento de sangre no pasaba por sus mejores momentos. Cierto es que el deterioro era muy grande.
Azaña, tras el triunfo electoral de febrero de 1936, había dejado escrito que “una vez más hay que segar el trigo en verde”. Lo sucedido en el año 34, tanto la insurrección obrera en Asturias, como la brutal represión que vino tras ella, había creado un ambiente poco menos que irrespirable.
A este respecto, cuando se dice por parte de historiadores favorables al franquismo, que el origen de la guerra civil está en 1934, considerando a la insurrección minera de Asturias una especie del golpe de Estado, obvian, entre otras muchas cosas, que en 1932 tuvo lugar la intentona fallida de Sanjurjo, que en el llamado “bienio negro” se frenaron todas las disposiciones reformistas de la República y que la represión posterior a aquellos sucesos del 34 fue tan desmedida como brutal.
La República cometió, sin duda, errores. Pero no debe olvidarse que el golpismo español desde el siglo XIX nunca necesitó más excusa que la ley y el orden al servicio de una España reaccionaria y de espaldas a Europa.
Hablamos de un fascismo y de un comunismo que eran minoritarios en la España republicana. Hablamos de un proyecto golpista que no contaba con una respuesta tal que convertiría aquello en una guerra civil de casi tres años de duración. Hablamos de un proyecto golpista que no hubiera triunfado sin la ayuda extranjera.
Hablamos de un proyecto republicano que apostó desde el primer momento por la modernización de España y que se encontró con unas fuerzas políticas tradicionales que se opusieron con algo más que palabras a las reformas necesarias para que este país saliese del atraso y la miseria. Hablamos de un país que, tras siete años de dictadura, no estaba dispuesto a que, una vez más, las expectativas de justicia y libertad se abortasen por una baza de espadas y de sotanas.
Hablamos de un Estado, el de la 2ª República, que lo tuvo casi todo en contra, interior y exteriormente, no sólo por la crisis económica mundial, sino también por el auge de los totalitarismos en Europa. Hablamos de un sueño de la razón, el que Azaña representaba, que se volvió pesadilla por los demonios interiores y exteriores. Hablamos de una guerra civil que, en realidad, no se terminó hasta el 20 de noviembre de 1975.
Por eso, desde planteamientos democráticos, no cabe más que la condena ante una guerra que fue una tragedia para nuestro país que, a su vez, tuvo como correlato una de las dictaduras más duraderas del siglo XX.
Por cierto, fue Franco el único dictador europeo que nombró sucesor. Por cierto, hora es ya de que la República deje de ser un tema casi tabú en el debate público.
Una República cuya legitimidad histórica sigue estando viva, al menos mientras el pueblo español no diga lo contrario en un referéndum.

*Luis Arias es autor del libro Azaña o el sueño de la razón. Nerea. Madrid, 1990.

Categoría: Libros Comentarios(1) julio 2011

1 Respuesta a “Tras el 75 aniversario de la guerra civil”

  1. Júlia Says:

    Como no se volvió a la República legal y hasta ahora casi no se habló de ella, todo se ha arreglado -o no- tarde y mal. Lo peor es que por todas partes había muy poco deseo de democracia real, que, además, ser antifranquista no siempre ha querido decir ser demócrata ‘ni de bon tros’, como decimos por aquí y que hoy estamos haciendo un intento de memoria histórica interesada, maniquea y simplista. Sin embargo, mirando hacia atrás sin ira incluso diría que ‘no estamos tan mal’.

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