Fertilidad e indefensión en Asturias

Por Luis Arias

El agua de nuestras fuentes y arroyos que se funden con la mitología; la de los ríos que lavaron durante tantos años el carbón; la de los manantiales salutíferos; la del deshielo de nuestras cumbres; pese a ser tan consustancial a esta Asturias lluviosa, no ha llamado abundantemente a la inspiración jurídica, donde el vacío literario es manifiesto. Una curiosa sequía en un territorio pródigo en agua”. (Leopoldo Tolivar Alas, Leyes de aguas y aguas sin ley en el Principado de Asturias)

Conozco bien esa historia, la de un pueblo que pone gran parte de las expectativas de sus cosechas en el regadío de las tierras y que, al mismo tiempo, se ve en la necesidad de proteger su vega ante el peligro de unas riadas que, como la experiencia muestra, pueden arrasar con todo. Para un ribereño del Narcea, algo así forma parte de los trabajos y los días de muchas generaciones y, por supuesto, está en la memoria colectiva. Pues bien, Leopoldo Tolivar Alas, en su discurso de ingreso en el RIDEA, puso de manifiesto, entre otras cosas, que tal fuente de riqueza y, al mismo tiempo, peligro, no tuvo, históricamente hablando, un tratamiento legislativo adecuado para activar el potencial de desarrollo y para preservar las inundaciones ruinosas, ello al margen de la precariedad lógica de los siglos pasados en materia tecnológica. Aquí se incide en las lagunas jurídicas.

No deja de ser llamativo que el bisnieto del novelista que dio vida literaria a aquella Vetusta en la que tanto llovía, que también fue autor de relatos inolvidables donde hay pinceladas paisajísticas verdaderamente antológicas sobre lo que son nuestros valles y montañas, haya acometido una investigación, desde su especialidad académica, en la que aborda, con erudición y amenidad, sobre qué pilares legales se vino asentando cuanto se hizo durante siglos para potenciar esa riqueza y para defendernos de esos peligros.

Lo cierto es que hay muchas formas de pensar Asturias. Lo cierto es que Leopoldo Tolivar, desde el lirismo con el que su bisabuelo describió esta tierra; desde el gran ejemplo que supuso su abuelo en su condición de profesor universitario de auténtica referencia; desde la acrisolada erudición de su padre; desde el recuerdo de su madre, recientemente fallecida, que atesoraba todo esto que venimos consignando, acometió la tarea de explicar, desde una investigación rigurosa y lúcida, en qué parámetros legales se ha movido Asturias con respecto a ese asunto tan determinante que abordó en su discurso en el RIDEA.

No se trató sólo de ir desgranando las leyes por las que se vino rigiendo todo esto; no se trató sólo de un tránsito, que llevó a cabo con admirable capacidad de síntesis, por la historia del derecho en nuestra geografía en la materia que le ocupó, sino que además el sentido del humor, un repertorio de episodios bien traídos, asomos de elegante mordacidad, etcétera completaron un discurso en el que el interés no decayó en ningún momento, en el que se tenía la impresión de estar asistiendo a una forma de sentir y pensar Asturias aportando un conocimiento que explica en no pequeña parte nuestros afanes y nuestros días, que da cuenta de una pasión y lucidez que contribuyen a conocerla mejor.

Leyes contradictorias, necesidades casi nunca cubiertas, lluvias torrenciales que se llevaban por delante puentes, que arrasaban cosechas, aguas de las que se hacían usos no siempre encaminados hacia el beneficio común. Y, en tan largo recorrido, sí hubo momentos en los que las referencias fueron obligadas, entre ellas, claro está, la de Jovellanos, cuya sensatez estuvo al servicio de su tierra cuando se ocupó de algunos contenciosos relacionados con el asunto que aquí nos trae.

Gracias a la investigación de Leopoldo Tolivar Alas de la que se ocupó en el discurso al que venimos aludiendo, contamos con un instrumento muy valioso y operativo para sumar al repertorio de las carencias que a lo largo de la historia hemos padecido. Un instrumento que da cuenta de una paradoja: fertilidad e indefensión de Asturias.

Al terminar el acto, tan pronto puse los pies en la plaza Porlier, no pude dejar de tener en cuenta que me hallaba en el mismo corazón de la novela clariniana en la que tanto y tanto llovía. Al atravesar el puente de Lanio, recordé las alusiones que Leopoldo hizo en su discurso a las consecuencias de algunas riadas en el pueblo donde resido y que me vio nacer. Al llegar a casa, no pude evitar la sensación agridulce que me produce una Asturias que ni en el pasado ni en el presente supo y sabe valorar lo mejor que tuvo y tiene, si bien sigue estando a nuestro alcance saber dónde se localiza y focaliza ese filón que aún perdura que da cuenta de nuestra auténtica potencialidad.

Hay personas como Leopoldo Tolivar que por lo que atesoran y por lo que plasman ejemplifican admirablemente en sus trabajos y sus días el filón al que acabo de aludir

Categoría: Libros, Opinión Comentarios(0) julio 2011

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