Del triunfo de Cascos y otras digresiones intempestivas

Por Luis Arias

“No me arrepiento ni enmiendo de haber concedido y esperado demasiado de la inteligencia de los demás y de la rectitud y de la honestidad de todos. Nosotros no podemos concebir la política más que como una emoción del bien público, regida con lucidez. Lo demás es chabacanería”. (Azaña)

Fuera de Asturias, no resulta fácil explicar que un político como Cascos, tan estrechamente vinculado al aznarismo, pueda haber arrancado tantos votos y escaños al PSOE. Fuera de nuestra tierra, es muy complicado entender que el asturianismo que enarboló el líder de FAC no es un mensaje nacionalista, sino en gran medida todo lo contrario: se trata de que Asturias sea tomada en serio y exista para los dos grandes partidos nacionales; se trata, en fin, de denunciar un síndrome de insularidad que tiene un enorme arraigo en esta tierra.

Que a nadie le quepa la menor duda de que son muchos los votantes de FAC que no dejan de repetirse que jamás se hubiesen imaginado darle su voto a una formación política encabezada por Cascos. En este sentido, la izquierda de siglas tendría que preguntarse por qué ha sucedido esto, por qué en la campaña electoral una de las proclamas más repetidas por don Javier Fernández fue que FAC y el PP pactarían. ¿Acaso en una situación de normalidad un partido de izquierdas podría temer que su electorado diese su confianza a un personaje tan destacado del aznarismo?

Antes de que el señor Gutiérrez nos deleitase con sus clases magistrales acerca de la ideología de Cascos, hubo quien tiró de hemeroteca para recordar antiguas declaraciones de don Francisco ciertamente poco críticas hacia Franco. Es escalofriante que un demócrata se muestre comprensivo con la figura del dictador. Pero si, esgrimiendo las hemerotecas, exigimos coherencia, podríamos preguntarnos qué queda de aquel izquierdismo del PSOE que apostaba por la República y por unas reformas económicas que ni siquiera intentaron hacer ni González primero, ni Zapatero después. ¿Qué queda de aquel PSOE al que le costó renunciar al marxismo y que se declaraba republicano? Si Franco es para Cascos lo que Marx para el PSOE, la cosa no da para mucho.

Asturias, sin un solo partido nacionalista en el Parlamento autonómico que se formará tras el 22 de mayo, es una comunidad pionera a la hora de romper con el bipartidismo; sólo Navarra, con muy distintos matices, podría tener parangón. Si a ello le sumamos que Cascos pronunció discursos en la campaña que estuvieron muy por encima de los de sus oponentes, citando a figuras como Pérez de Ayala y Valentín Andrés, habrá que concluir que la mediocridad de sus adversarios le facilitó no poco el camino.

Otro asunto muy llamativo es el enfrentamiento entre Cascos y sus antiguos compañeros de partido en Asturias, los mismos que hasta julio de 2010 lo cubrieron de halagos, los mismos que dejó aquí don Francisco tras la ruptura con Marqués. Las hemerotecas guillotinarían el discurso de muchos de los que culpan al ex ministro de aquella ruptura, cuando en su momento lanzaron artillería pesada contra don Sergio. Una de las cosas de las que no podrá sentirse muy orgulloso el flamante triunfador de las elecciones del 22 de mayo es la de haber dejado al frente de su partido a personas que no merecen más que su desprecio.

Y, en lo que al PP astur se refiere, el batacazo fue tan tremendo que puede incluso ser el detonante de una desaparición del mapa político de Asturias en el supuesto de que Cascos siga adelante con su partido y se haga con la práctica totalidad del voto conservador.

No se entiende que nadie en el PP haya puesto su dimisión sobre la mesa. ¿Qué puede esgrimir en su favor la señora Fernández Pardo para seguir al frente del partido conservador en Gijón, tras la debacle electoral que acaba de sufrir? ¿Qué autoridad moral le queda a Gabino de Lorenzo para continuar siendo la máxima autoridad de facto en el PP astur? ¿De qué le sirve ir de gracioso y de majo de zarzuela en versión llariega? ¿Ante qué y ante quiénes puede justificar la señora Espinosa su fracaso tras ver su grupo parlamentario reducido a la mitad? ¿Qué le queda por decir al señor Aréstegui para convencer a alguien de lo necesario que sigue siendo su concurso en la política asturiana? ¿Y qué decir de don Ovidio Sánchez? ¿Encontrará satisfacción en sus derrotas y ninguneos? ¿De qué les sirvió traer a Rajoy a Asturias en la campaña?

Y, en lo que respecta al PSOE, ¿hará autocrítica el señor Fernández, entre otras cosas por la lista electoral que configuró, así como por el «caso Riopedre»? La dimisión de Paloma Sainz, lógica tras los resultados electorales, lleva a la AMSO a una situación de interinidad que no la faculta mucho para afrontar decisiones importantes. Veremos qué deriva siguen el señor Carreño y compañía y veremos también si algo se mueve entre la militancia de la AMSO.

En cuanto a don Jesús Iglesias, no acierto a explicarme por qué considera un triunfo quedarse tal cual estaba tras el mayor mazazo electoral del PSOE. ¿Cómo es que no captó votos de ese descontento? ¿Cómo se atreve a criticar los recortes de Zapatero cuando su grupo sostuvo a un Gobierno autonómico que los aplicó a rajatabla? ¿Cómo no se lamenta de haber apoyado a un Gobierno que se caracterizó por el despilfarro y el nepotismo, así como por la sumisión más indigna a Madrid?

Y no quisiera terminar sin aludir al soplo de aire fresco que aportan a la vida pública asturiana personas como la doctora Moriyón y Arturo González de Mesa, cuyas trayectorias nada tienen que ver con la profesionalización de la política, y que ventilan no poco la asfixiante atmósfera de nuestra vida pública.

¡Ojalá que en la vida pública sean cada vez más las personas que hagan suyas las palabras de Azaña que encabezan este artículo!

Categoría: Opinión Comentarios(2) junio 2011

2 Respuestas a “Del triunfo de Cascos y otras digresiones intempestivas”

  1. Xosé Says:

    Me parece que visto lo visto hay que debatir los conceptos de izquierda y derecha. Ta claro que para los ciudadanos, vista la actuación de todos los grupos políticos, cada día es más difícil diferenciar estos dos términos. Para los de la FSA, a través de ese Sócrates que ye el Sr. Gutiérrez, sigue siendo el ¿único? argumento sólido para alertar de la llegada de Cascos. Un ejemplo de por qué están donde están…Creo que a la mayoría de los ciudadanos les importa ya un pepino el viejo cuento de la izquierda y la derecha. Yo también soy unu d’esos indigaos con una clase política gris, chusquera y caciquil, que quiere que quienes gestionen las res pública sean personas con cierta coherencia y mucha ética, cosa que ahora mismo es como pedir peras al olmo. Para los que nos se nos olvida aquel fastuoso día en que Pepiño Blanco, rodeado del fervor de los alcaldes del suroccidente, vino a cortar la cinta del tramo de la Doriga para luego anunciar la paralización de la autovía a La Espina, esta nueva etapa política es de esperanza aún estando a años luz del ideario casquista. Y ojalá sea el primer paso para que tantos manifiestos estériles de uno y otro lado sean sustituidos por una visión más realista de la vida, donde por fin los problemas de los ciudadanos sean atendidos en detrimento de tantos años de amiguismos, clientelismos y chulerías que favorecían a unos y hacían a otros ciudadanos de tercera…

  2. Ribadesilos Says:

    Como usted siempre encabeza sus artículos con sugerentes y acertadas citas me voy a permitir la licencia de incluir como comentario un fragmento del libro “La tragedia del Estado Español” de Alvaro de Albornoz publicado en el año 1925 y que nos puede servir de reflexión para buscar la causas por las que los ciudadanos vuelven a encontrar atractiva la figura de un “cirujano de hierro”:
    “No sólo no hemos superado los ideales y horizontes del mundo clásico, sino que hemos llegado a un proceso degenerativo, al régimen de las oligarquías parlamentarias. Tenemos un romanismo sin la grandeza de Roma; el imperio sin emperador; un senado sin senadores: Es el régimen de las mayorías, que a veces unge con el poder supremo a hombres que en Roma tendrían por ocupación limpiar las cloacas. Es el borreguismo democrático, a veces conducido por hombres que serían esclavos en Atenas. Es sino un retroceso, una degeneración. Ser subdito de César, de Federico o de Napoleón nos parece mas honroso que serlo de las oligarquías parlamentarías en que actualmente se expresa la potencia pública.”

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