A golpe de tacón

Por Luis Arias

“La Historia es el registro de lo que un período encuentra digno de mención en otro. (Burckhardt).

“Grises años gastados / tercamente aprendiendo a no sentirse sordos, / ni más solos tampoco de lo que es humano / que los hombres estén… Pero el silencio / es hoy distinto, porque está cargado. / Nos vuelve a visitar la confianza, / mientras imaginamos un paisaje / de vagonetas en las bocaminas / y de grúas inmóviles, como en una instantánea”. (Jaime Gil de Biedma, Asturias, 1962)

Aquella huelga minera de Asturias del 62 no sólo tiene en Ana Sirgo alguien que la recuerda con valor, lucidez y coraje, sino que cuenta además con el corto «A golpe de tacón», de la cineasta asturiana Amanda Castro, donde se plasman con envidiable precisión el temor y el temblor, pero también la dignidad y el espíritu de lucha de sus principales protagonistas. Pues, bien, la cuarta edición del premio «Trece rosas» a la igualdad que concede el sindicato Comisiones Obreras recayó sobre la testigo de aquellos días tan duros y sobre la cineasta que acertó a reflejarlo en el corto al que acabamos de hacer mención.

No son muchas las ocasiones en las que se produce una convergencia tan grande entre la justicia histórica y la justicia poética. No viene nada mal en tiempos como éstos poder mostrar que hubo ocasiones en las que la izquierda, política y sindical, sindical y política, no sólo tenía discurso, sino que además luchaba por ponerlo en práctica, jugándose en el envite mucho más que una canonjía de turno, tal como sucede ahora.

No son muchas las ocasiones en las que alguien que padeció acontecimientos de represión e injusticia no sólo vive en libertad para poder contarlos, sino que además encuentra la complicidad de quien pone su talento y creatividad a disposición de que ese testimonio llegue al público, esta vez, a través de una obra cinematográfica.

En más de una ocasión consigné que, a pesar de la enorme importancia que tuvieron las cuencas mineras en nuestra historia contemporánea, está por escribir la gran novela de la minería, esto es, el «Germinal» de Asturias. Mimbres poéticos e históricos no faltan para esa gran novela que, insisto, está sin escribir, o, en todo caso, sin publicar.

Zola, cuatro días después de la publicación de su novela» Germinal», el 6 de marzo de 1885, declaró en una entrevista: «Debo decir, aunque me acusen de ser un socialista, que cuando he estudiado la miseria de los trabajadores de las minas me he sentido dominado por una inmensa piedad. Mi libro es una obra de piedad. ¿Habré logrado hacer comprender, en mi novela, las aspiraciones de los miserables hacia la justicia?» Sin duda alguna, lo logró.

Al conocido poema de Jaime Gil de Biedma sobre la huelga de la minería asturiana en 1962, hay que sumarle el corto de nuestra cineasta: una huelga que tiene presencia en la poesía y en el cine, y que no sólo nos debe servir como recordatorio, sino que, mucho más allá de eso, a la Asturias de 2011 le vendría muy bien reflexionar sobre aquellos acontecimientos, sobre la dignidad y el espíritu de lucha de personas como Ana Sirgo.

Y es que, al hilo de la cita de Burckhardt que encabeza este artículo, el corto premiado de Amanda Castro contribuye de manera muy importante a que, a día de hoy, dirijamos nuestra mirada a determinados acontecimientos que conformaron no pequeña parte de lo mejor de nosotros mismos.

Si, según Renan, la historia de una nación se forja, entre otras cosas, sobre una serie de glorias comunes en el pasado, la lucha de aquellas mujeres que estuvieron en primera línea en aquellos episodios, más allá del recordatorio propiamente dicho, debe servirnos de guía para la recuperación de una dignidad de la que no andamos precisamente sobrados en esta democracia manifiestamente mejorable que tenemos.

En una de las mejores novelas de Antonio Muñoz Molina, llevada magistralmente al cine por Pilar Miró, «Beltenebros», se dice algo que viene muy al caso de lo que venimos planteando: «Y mi memoria era a veces un trémulo sistema de espejos comunicantes».

Pues bien, gracias a este reconocimiento a Ana Sirgo y a Amanda Castro, ese sistema de espejos comunicantes, trémulo por el dolor de lo que entre ellos se comunica, que es nuestra memoria común de la Asturias contemporánea, funciona mejor y está más cerca de nosotros.

Sólo nos queda dedicarle tiempo y reflexión y buscar el sentido de lo que somos en ese horizonte de dignidad al que no debemos dar la espalda, so pena de incurrir en un entreguismo en el que no tendrían cabida ni la lucha, ni el valor, ni el coraje.

Seguro que no es eso lo que queremos que se registre de nosotros en el futuro. ¿Verdad que no?

Categoría: Opinión Comentarios(0) abril 2011

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