Candidato Cascos

Por Luis Arias

¬ęPara que haya aduladores es menester ser dos: el adulador y el que se deja adular. Ortega, como el personaje de Giraudoux, hace llevar sus defectos a sus propios amigos; lo que en √©l hayamos de tolerar, en gracia de otras cualidades, es insoportable en los ac√≥litos y edecanes que se surten de sus opiniones y de su vocabulario para representar un papel¬Ľ. (Aza√Īa).
Me cuesta entender que se haya venido soslayando el enorme componente literario que hay en la vuelta de Cascos a la pol√≠tica. El que fuera ex vicepresidente del Gobierno con Aznar regresa a Asturias en busca de un triunfo electoral que, hasta el presente, s√≥lo obtuvo m√°s all√° de Pajares como secretario general de un partido que gan√≥ las elecciones en Espa√Īa tras 14 a√Īos de gobiernos socialistas. El reci√©n nombrado presidente de Foro Asturias dio en su momento el salto a la pol√≠tica nacional sin haber obtenido en su tierra una victoria pol√≠tica. Y, para optar de nuevo a tal reto, se encontr√≥ con otro escollo: el partido en el que milit√≥ tantos a√Īos le neg√≥ encabezar la candidatura. As√≠ pues, para optar de nuevo a la Presidencia de Asturias, pag√≥ tambi√©n el peaje de una ruptura ruidosa y traum√°tica. El regreso a √ćtaca est√° plagado de tropiezos, es inevitable.

La trayectoria de Cascos estuvo siempre marcada por la adulaci√≥n y la hostilidad, sin t√©rminos medios, sin juicios sosegados, sin asomo de ponderaci√≥n. Lo novedoso, si es que as√≠ pudiera considerarse tal cosa, es que algunos de los que fueron antiguos panegiristas se convirtieron, a resultas de la pol√©mica de su vuelta a la pol√≠tica, en irreconciliables enemigos que no encuentran nada positivo ni en su trayectoria ni en su discurso. Pasaron, si se me permite la hip√©rbole, de considerarlo poco menos que el gran romanizador de Asturias, a negarle lo que hizo por su tierra cuando form√≥ parte del Gobierno de Espa√Īa. Un mero vistazo a las hemerotecas ilustrar√≠a esto que digo de forma abrumadora y sonrojante.

Parece que va en el gui√≥n que la presencia de Cascos agite la vida p√ļblica asturiana. As√≠ sucedi√≥ cuando se produjo la defenestraci√≥n de Marqu√©s en la que el ex ministro de Fomento tuvo el principal protagonismo, pero que cont√≥ tambi√©n con colaboradores imprescindibles que ahora se muestran escandalizados por aquello.

Además de ese componente literario al que me referí, la vuelta de Cascos al escenario donde comenzó su carrera política, sí que trae novedades con respecto a épocas anteriores.

El desencanto en la masa potencial de votantes de izquierda viene de antiguo. Sin embargo, no hace muchos a√Īos era impensable que, a resultas de ello, el se√Īor Cascos pudiera captar parte de ese electorado. Sin embargo, sea en mayor o menor n√ļmero, el 22 de mayo lo tendr√°. Y ello no significa que haya habido grandes cambios en la ideolog√≠a del pol√≠tico del que venimos hablando, sino que, antes bien, las mudanzas y las sorpresas proceden de una izquierda cuyas pol√≠ticas no se compadecen muy bien con sus siglas. Tanto el PSOE como IU, que insisten en la derecha rancia que Cascos representa, tendr√≠an que preguntarse por qu√© se ven en la necesidad de combatir a un pol√≠tico tan alejado de sus ideolog√≠as.

Esta tierra, en la que los partidos no estatales nunca tuvieron una presencia parlamentaria significativa, sufre a d√≠a de hoy la crisis y el paro de manera m√°s cruenta que otros territorios, factor que no es beneficioso para la continuidad del bipartidismo. En ese sentido, las referencias que hizo Cascos a Melqu√≠ades √Ālvarez en su discurso en Pruvia son pertinentes en tanto el que fuera l√≠der del Partido Reformista combati√≥ la que Ortega llamar√≠a vieja pol√≠tica del bipartidismo de la Restauraci√≥n canovista.

La presencia de Cascos supone una amenaza al bipartidismo, que hasta ahora fue omnipresente y hasta omnisciente, máxime desde que IU decidió convertirse en la práctica en una especie de segunda marca de un arecismo que vive un período agónico marcado por el despilfarro y los escándalos.

As√≠ las cosas, tengo para m√≠ que, en este regreso a su √ćtaca, cambi√≥ mucho m√°s Asturias que el propio Cascos, lo que no le impide al pol√≠tico conservador incorporar a su discurso cebos para un descontento del que son principales responsables los partidos que vinieron gobernando esta tierra. Y, en este sentido, hay otra cuesti√≥n en la que apenas se ha insistido: en clave espa√Īola, Cascos es un pol√≠tico que representa al PP m√°s derechista; en clave asturiana, sin embargo, hay otras lecturas muy vinculadas a lo que signific√≥ Fraga en Galicia en el sentido de que se le considera un pol√≠tico con el peso suficiente para poder ser escuchado en Madrid por parte del Gobierno de turno en ese momento. Y, en cuanto a su discurso supuestamente asturianista: fuera de aqu√≠ parece no entenderse que el asturianismo no es necesariamente nacionalista, menos a√ļn en su caso, sino que se trata de algo muy distinto como es que Asturias exista y tenga sitio en Espa√Īa. Y no va errado a la hora de conseguir votos si se vincula con ese clamor.

Si su admirado Jovellanos, seg√ļn la certera observaci√≥n de Juli√°n Mar√≠as, tiene estudiosos pero apenas cuenta con lectores, Cascos, que, m√°s que de seguidores, est√° rodeado de forofos; m√°s que adversarios, quienes lo combaten son enemigos.

Categoría: Opini√≥n Comentarios(1) marzo 2011

1 Respuesta a “Candidato Cascos”

  1. Jablaca Says:

    – El Sr. Cascos, sabe decir, con su punto de raz√≥n, lo que la gente quiere escuchar. Sabe muy bien, como pescador, que,a rio revuelto…

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