Carta abierta a Ana Rosa Migoya

Por Luis Arias

“Yo soy un demócrata convencido, hasta el punto de seguir defendiendo la democracia aun cuando sea insuficiente, corrupta y corra el riesgo de precipitarse en los dos extremos de la guerra de todos contra todos o del orden impuesto desde arriba”. (Norberto Bobbio)
Siempre sigo, doña Ana Rosa, con interés las retransmisiones que la televisión autonómica ofrece de los actos que tienen lugar en el Parlamento asturiano. Puedo decirle que, en su última comparecencia, la vi crispada, lo que, teniendo en cuenta lo bochornoso de los acontecimientos que se abordaban, no es nada ilógico. Sin embargo, he de confesarle que hubo algo en una de sus intervenciones que me resultó afrentoso. Y fue cuando usted le espetó al señor Cañal que los nombramientos de libre designación, más conocidos con otras palabras mucho más descriptivas, fueron más numerosos cuando el PP gobernó Asturias.

En un momento como éste en el que estamos liderando la subida del paro, esa discusión de quién tiene el dedo más grande es obscena a más no poder. Ustedes no quieren darse cuenta de ello, pero se están comportando como una casta privilegiada que actúa al margen de los problemas de una ciudadanía a la que dicen representar.

Para nadie es un secreto que en los ayuntamientos, gobiernos autonómicos, ministerios, etcétera, se hace uso -y creo que abuso- de los nombramientos de libre designación, nombramientos que, en la mayor parte de las ocasiones, suponen unos sueldos la mar de generosos, máxime en un tiempo y un país en el que el paro es una lacra que está yendo escandalosamente a más.

Cierto es que sus adversarios políticos carecen de autoridad moral para reprocharles a ustedes usos y abusos en los que también ellos incurren de continuo. Cierto es que don Gabino de Lorenzo no es precisamente un ejemplo de austeridad. Cierto es que oír hablar de adelgazamiento de los gastos a doña Isabel Pérez-Espinosa, viniendo de donde viene, supone todo un sarcasmo. Cierto es que los discursitos de sus socios de Gobierno acerca de su preocupación por los más desfavorecidos, cuando son colaboradores de sus políticas, producen hilaridad.

¿Cómo pueden justificar ustedes que todos los gastos que acarrea el conjunto de altos cargos que han venido nombrando no sólo no sirven para que paro disminuya, sino que además sigue aumentando? ¿Cómo se podría argumentar la eficacia de esos altos cargos que no han tenido que pasar, como el resto de los funcionarios, por un sistema de concurso-oposición?

Ustedes, doña Rosa, los políticos profesionales, disfrutan de unos ingresos que están muy por encima de lo que les correspondería si ejerciesen su profesión (los que la tienen fuera de la política, que ésa es otra) y, no contentos con eso, se permiten el lujo de nombrar cargos de confianza que suponen un gasto más para el sagrado dinero público que, a juzgar por los hechos, no les debe doler mucho.

Yo ni siquiera pongo en duda la legalidad de los nombramientos que vienen haciendo los sucesivos gobiernos del arecismo, si bien se publicaron informaciones al respecto ciertamente inquietantes, lo que me limito a decirle, todo lo alto y claro que me es posible, es que tendrían que plantearse si lo que nos están costando a todos se encuentra en consonancia con una eficacia que, por muy buena voluntad que en ello se ponga, no parece traducirse en hechos.

Por mucho que don Javier Fernández premie sus actuaciones al incluirla en un lugar de privilegio dentro de la candidatura socialista, lo cierto es, doña Ana Rosa, que su comparecencia parlamentaria a propósito del llamado «caso Renedo» distó mucho de estar a la altura de las circunstancias.

El dedo más grande, señora Migoya, quién nombra más altos cargos, quién les paga mejor, y así un deprimente etcétera. Ante ello, la indignación de una ciudadanía que ve cómo se pelean y se acusan ustedes, al tiempo que es consciente de que el momento que vive Asturias no es nada bueno, entre otras cosas, por el abandono del Gobierno español, de su mismo partido, que paraliza obras en marcha, que sustituye trenes, y así un largo listado de agravios que sufrimos un día sí y al otro también.

¿No le parece que ya está bien de actuar como una casta privilegiada que, además, es inoperante ante los problemas que se compromete a resolver? ¿Qué les dirán ustedes a los ciudadanos, con qué argumentos les pueden pedir confianza para los próximos cuatro años? Le pondré dos ejemplos, entre muchos posibles, uno que depende de ustedes y otro del Gobierno de Madrid. Se trata de dos carreteras, la autonómica entre Bárcena del Monasterio y Pola de Allande en la que las obras están paralizadas, y el paseo más caro que se conoce, que tiene que ver con el tramo entre Salas y La Espina en su segunda calzada, cuyo contrato fue rescindido por el ministro Blanco.

Ante un balance así, convenzan al electorado de la eficiencia de los dineros que nos cuestan ustedes y sus asesores.

Nos lo fía muy largo, señora Migoya.

2 Respuestas a “Carta abierta a Ana Rosa Migoya”

  1. Jablaca Says:

    – Excelente pincelada de una cruda realidad Sr.Luis. No se como puede contener su pluma para no provocar una “riada” de sobrados argumentos. Es increible el estado de languidez de las nuevas generaciones, y, hacia donde estan abocadas.

  2. Pilar Says:

    Sobresaliente maestro,como siempre,de mayor quiero escribir como tú.

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