Fumaderos y fumadores

Por Luis Arias

“Vendrán a ti mis ojos y mis manos/ y estarás y estaremos/ como si siempre hubiéramos estado/ al otro lado de la sombra del sueño” (José Ángel Valente)

Dentro de muy pocos días, serán historia los cartelitos de la mayoría de los bares y cafeterías donde se explicita que está permitido fumar. Desde la última ley a esta parte, la mayor parte de los empresarios de hostelería no dispusieron que sus establecimientos fuesen para no fumadores. Ahora el Ministerio de Sanidad, previa aprobación del Parlamento democrático, decide por ellos. Es éste uno de los pocos casos donde no se invoca el mercado con sus elementos correctores. Aquí manda el Gobierno, mire usted.

El furor estadounidense contra el tabaco ya habita legalmente entre nosotros. La tarea de nuestros gobernantes, es decir, del poder temporal, consiste en velar por la salud de nuestros cuerpos. La salvación de las almas pertenece a otro ámbito. ¿Quién dijo que en España no había una separación clara entre la Iglesia y el Estado?

¡Cómo han cambiado los tiempos! Seguro que son muchos los que recuerdan que la democracia arrancó siendo muy permisiva con el tabaco, hasta el extremo de que en su momento se fumaba en el Parlamento. ¿Cómo olvidar los puros de Peces Barba? ¿Cómo olvidar la fotografía que inmortalizó uno de los primeros encuentros de Suárez y González en la Moncloa, en la que uno le daba fuego al otro? ¿Y qué me dicen de Carrillo, fumando continuamente?

No habrá el cigarrillo del “después de”… desayunar o comer. (La prohibición, de momento, se circunscribe a los establecimientos públicos) No se conspirará en los cafés con la nebulosa del humo del tabaco. Los literatos sedicentes ya no sueñan con ver su imagen fumando en la contraportada del libro que, con la ayuda de Dios -y de alguna subvención- ansían publicar. No tendrá sentido que el padrino reparta puros al final del banquete nupcial. Como, por fortuna, está abolida la pena de muerte en nuestro país, no hubo que legislar si al condenado, antes de que el pelotón de fusilamiento le disparase, se le iba a permitir fumar unas caladas, aunque, bien pensado, como se trata de un espacio al aire libre, puede que se le concediese ese deseo. Vaya usted a saber. Tertulias sin humo. Partidas de tute sin que ninguno de los jugadores reparta las cartas con el puro en la boca. No se pondrá encender el pitillo en un bar en el momento de mayor tensión del partido de fútbol que se retransmite. No se podrá pedir lumbre a nadie y, con ello, entablar conversaciones que Dios sabe en qué pueden derivar, algunas, como se sabe, dieron de sí.

Lo mucho que el tabaco tiene de droga compartida desaparecerá casi por completo de la vida social. Será un acto no sólo nocivo para la salud, sino también onanista, lo que acentuará aún más su carácter pecaminoso para la moral colectiva. El fumador a la intemperie despertará la conmiseración de los viandantes y también gestos de lamento por tan perjudicial hábito.

Podrán verlos -a los fumadores- en plena calle, expulsando su humo durante su monólogo gestual. Podrán verlos en la vía pública, porque no habrá “fumaderos” en los bares, como los que no hace mucho se instalaron en los aeropuertos.

Dado que todo es susceptible de perfeccionarse, me pregunto si a alguien se le ocurrirá sugerir que algunas fotos legendarias de fumadores empedernidos como Sartre, Ortega, Camus, Bogart y un larguísimo etc., deben ser trucadas de tal modo que desaparezcan los cigarrillos de esas imágenes por aquello del mal ejemplo que suponen para las generaciones venideras.

En todo caso, los fumadores se quedarán sin fumaderos en los establecimientos públicos. En todo caso, habrá que saber si convendrá obviar de aquí en adelante la omnipresencia del tabaco en los usos y costumbres de los últimos siglos en la cultura occidental.

Nunca se tuvo noticia de que en el cielo se fumase, tampoco en el purgatorio, nada se sabe del limbo. Pero lo que parece claro es que en el occidente del planeta tierra tampoco se les quiere a los fumadores. No les queda más que la vía pública ante la mirada reprobatoria del tiempo presente en el que las prohibiciones están a la orden del día.

¿Qué piensa un sesentayochista ante los carteles, que no señales de tráfico, que anuncian prohibiciones? ¿Se acordarán del prohibido prohibir?

Categoría: Opinión Comentarios(3) diciembre 2010

3 Respuestas a “Fumaderos y fumadores”

  1. Selene3000 Says:

    Sí, totalmente de acuerdo con lo del furor estadounidense.Resulta que, ahora son los EEUU los que deciden por nosotros: viejos y decantes europeos.
    Dentro de poco prohibirán la fabada, los callos, el rabo de toro, les pates o le uñes de gochu.. por considerarlos non gratos y guarros.
    Cultura de asépsia, comida blanda, bebidas calóricas y estimulantes de laboratorio, lo que prima y tenderá a primar.
    Yo no soy fumadora, pero me da un poco de pena, el destierro que sufren. Han conseguido que los viéramos como a los leprosos.
    Podrían haber buscado otras soluciones. Los bares son lugares de encuentro, y los sufridos fumadores ya estaban acostubrados a colocarse en las zonas indicadas o a salir a afuera a echarse un pitillo. Creo que no les afectará demasido, pues.

  2. Dra. Rauschii Says:

    Por nuestro bien nos prohiben el placer del cigarrito con el café y la copa de orujo acompañando la tertulia de las sobremesas. Y lo mejor para nosotros es en cualquier caso, mantenernos lejos de la funesta manía de pensar y decidir. Somos libres de vivir como ellos legislen. Pero por nuestro bien nos prohiben vivir y hasta morir como se nos antoje.
    No comas, no fumes, no bebas, eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca …
    Nos moriremos igual pero ¡¡¡Se nos va a hacer de largo!!!!

  3. Julia Says:

    No entiendo como hemos ido admitiendo tanta intromisión en nuestra privacidad. No he fumado nunca y si eso de los fumadores pasivos fuese tan malo ya estaría muerta y conmigo toda mi generación. Me inquieta todo eso, ahora se meterán con el vino, con la carne -ya hay trementas campañas en contra- y en ese contexto incluyo la furia antitaurina y sus derivados, aunque nunca fui a ver toros. Tengo la teoría de que la gente sin vicios o que hace ver que no tiene vicios se vuelve fascista. En fin, que nos libramos de los dogmas antiguos para caer en la dictadura médica, higiénica y buenista que nos acabara ahogando.

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