¿Qué le pasa a Felipe González?

Por Luis Arias

“En el fondo, Felipe González Márquez era entonces, como casi todos nosotros, los de entonces que ya no somos los mismos, un joven con ambiciones, feliz consigo mismo y, como casi todos, indocumentado, lleno de lagunas que se suplían con vehemencia y fe en el futuro. Felipe González era, en suma, ‘un estilo ético’. Y en esas tres palabras nada más se reconciliaba toda una memoria histórica que hasta ese momento no era más que nostalgia y melancolía, desde los tiempos de la Ilustración hasta la II República, desde la tristeza del 98 a la muerte del general Franco”. (J.J Armas Marcelo. Los años que fuimos Marilyn)

Este país sufrió durante muchos años la pesadilla del sanguinario terrorismo de ETA. Para la mayor parte de los Gobiernos desde la muerte de Franco a esta parte, su objetivo más irrenunciable fue acabar con la banda terrorista, y llegó un momento en que tal propósito parecía imposible en el corto y en el medio plazo. Imposible no sólo con medidas policiales, sino también con negociaciones políticas. González, en los últimos meses, nos habló primero de la hipótesis de cargarse a la cúpula etarra en un lugar de Francia, cosa que desechó. Y ahora nos deleita con unas declaraciones en las que manifiesta que, de haber podido volar el coche de los etarras que atentaron en el Hipercor en Barcelona en 1987, lo hubiese hecho.

González no puede negar que hubo responsables políticos de la lucha antiterrorista procesados por corrupción. González no puede negar que un individuo como Roldán a punto estuvo de ser nombrado ministro. González no puede negar, en fin, que hubo quien se labró su fortuna desde cargos de la política antiterrorista.

Así las cosas, en el más benévolo de los supuestos, su incompetencia fue tan mayúscula que no se enteró ni del terrorismo de Estado, ni tampoco de los latrocinios al dinero público que se llevaron a cabo desde esos ámbitos en los que, teóricamente, se luchaba contra el terrorismo.

¿Hará algún día declaraciones en las que se muestre consternado por el terrorismo de Estado que, según manifiesta, nunca alentó? ¿Hará algún día declaraciones manifestando su bochorno por ser el máximo responsable de haber elegido cargos públicos que hicieron de la política una especie de Patio de Monipodio?

¿Quién nos iba a decir que aquel González del 82, que simbolizaba el sentido ético, según el libro de Víctor Márquez Reviriego, al que hace alusión Armas Marcelo en las palabras que encabezan este artículo, llegaría a ser el Presidente de un Gobierno en el que el Director de la Guardia Civil huía de la Justicia y en el que un ex Gobernador del Banco de España bajo su mandato ingresaba en prisión?

No dejo de preguntarme si el ciudadano González puede sentirse satisfecho de haber malbaratado tantos sueños, de haber frustrado tantas expectativas, de haber conseguido que, tras catorce años de Gobierno, la gran mayoría de la sociedad llegase a considerar que casi todos los políticos son iguales.

Pero lo peor de todo es que este señor está demostrando no haber aprendido de sus errores. La cosa es asombrosamente simple: la historia atestigua y certifica no sólo que existió terrorismo de Estado bajo su mandato, sino también que tal atrocidad no sirvió para acabar con la barbarie de ETA. Se juntan los horrores con los errores, y, a pesar de eso, sigue intentado justificar su política, al tiempo que pone de manifiesto la impotencia resultante de sus fracasos.

En más de una ocasión escribí que lo menos malo que se puede decir de González es que no quiso irse del poder siendo tan odiado como Azaña y que, al final, se fue como Lerroux, es decir, como un político cuyo periodo de mandato estará siempre ligado a la corrupción. Corrupción que salpicó a muchos ámbitos del país. Sedicentes filósofos hubo, autores de libros de ética, que parecieron no enterarse ni del terrorismo de Estado, ni tampoco de la corrupción. Medios de comunicación hubo que lo defendieron y taparon más allá de la prudencia, demostrando no tener demasiado respeto a sus lectores, y así un largo etc.

En un momento como el presente, en el que Zapatero vive su declive dando tumbos, las irrupciones de González en el debate público, intentando justificar lo injustificable, no hacen más que añadir argumentos para el deterioro de la vida pública.

Si el presente del PSOE es caricaturesco, haciendo una vez más políticas que la derecha puede que no se atreviese a llevar a cabo, las intervenciones de González son espectrales, recordándonos una etapa reciente de nuestra historia que estuvo marcada de principio a fin por la impostura y la corrupción.

*Luis Arias Argüelles-Meres es autor del libro ‘La España Descabezada’, Alba, Barcelona, 1999, que aborda la etapa comprendida entre 1982-1999.

Categoría: Opinión Comentarios(4) diciembre 2010

4 Respuestas a “¿Qué le pasa a Felipe González?”

  1. Barón rojo Says:

    Yo diría que se queda usted corto. ¿A qué espera este señor para arrepentirse de lo que se robó durante su mandato? ¿A qué espera para disculparse del terrorismo de Estado?

  2. Félix Says:

    Totalmente de acuerdo.

  3. Jablaca Says:

    – Si se juntan los errores,propio de los humanos, con los horrores, diabólicos,y,además con las malas compañias…el resultado como mínimo es frustrante. Y peor aún, con la “imprudencia” con la que se pasea, sin pararse a pensar en el detrimento al “Sistema”.

  4. Selene3000 Says:

    Yo creo que, lo que le pasa a González, es lo mismo que les pasa a muchos políticos de otros partidos, como puede ser el caso de Aznar, Cascos etc. Se resisten a retirarse. No se dan por vencidos y juegan al cucú como los niños pequeños para llamar la atención, hacernos guiños y distraernos.
    Son ambiciosos, la vanidad los pierde.
    En vez de ser honesto y pedir disculpas por todos los errores comtidos, siguen creyéndose el ombligo del mundo.

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