Del discurso de Cascos en Valencia de don Juan y otros eventos de la vida pública astur

Por Luis Arias

«El peligro de la libertad moderna es que llenos de goce de nuestra independencia privada, y dedicados a nuestros intereses particulares, renunciemos fácilmente a nuestro derecho de participación en el poder público». (Benjamín Constant)

Tiempo hacía que no vivíamos en Asturias tamaña efervescencia política. Esto, si se tiene en cuenta el inmovilismo que hemos venido soportando en los últimos once años, «fierve». Aun en pleno mes de agosto informativamente hablando, la vida política llariega no está de vacaciones. Ítem más: el domingo con el que se iniciaba el mes veraniego por excelencia, la atención política estuvo puesta en el discurso de un hipotético candidato del PP, el señor Álvarez-Cascos, y, también en la intervención de Javier Fernández, que oficialmente encabezará la lista del PSOE en las próximas elecciones autonómicas.

Con independencia de que no sepamos si el PP se decantará o no por Cascos como candidato a presidir el Gobierno asturiano, lo que resulta innegable es la importancia de su discurso. En primer lugar, porque manifestó claramente que estaba dispuesto a volver a la política activa, mostrando su voluntad de colaborar en la recuperación del Gobierno asturiano y ofreciendo su experiencia y afán por contribuir al proyecto de Rajoy en España.

Menor expectación suscitó la comparecencia de Javier Fernández, por una razón muy simple: su candidatura es oficial. Su discurso, sin ser brillante, sí resultó esclarecedor, aunque no sorprendente: si llega a gobernar Asturias, su política se parecerá muy poco al arecismo. Quedan importantes incógnitas por despejar, pero para ello se cuenta con tiempo más que suficiente: de aquí a mayo, ya iremos conociendo su programa electoral y su proyecto sobre Asturias, que tiempo tuvo a madurarlo.

Según Ortega, al que Cascos citó, hay tres cosas que un orador no debe hacer: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí. Pues bien, se podría decir que ni don Javier ni tampoco don Francisco, por fortuna, incurrieron en nada de eso en sus respectivos discursos.

En todo caso, no sería pertinente comparar ambas intervenciones, más allá de la coincidencia de la fecha, toda vez que uno se dirigía a sus votantes, mientras que el otro tenía como principales receptores a las gentes de su partido. De uno se esperaba que debutase como candidato, mientras que se contaba con que Cascos deshojase definitivamente la margarita de sus intenciones. Y, en ese sentido, el uno y el otro, con mayor o menor brillantez, cumplieron sus cometidos.

En cuanto a Cascos, hay que decir que su discurso, además de la declaración de intenciones de la que venimos hablando, alcanzó un nivel más alto del que estamos acostumbrados. Hablamos del texto en sí. Distinta cosa sería contrastarlo con la realidad política de un pasado reciente en el que tuvo un indudable protagonismo. Cuando habló de aquel Congreso de su partido en Sevilla del que salió «un proyecto ganador», habría que preguntarse si la gestión de los gobiernos en los que participó como Vicepresidente primero y como Ministro de Fomento después, fue tan modélica como sostiene, porque, sobre todo, a la segunda legislatura de Aznar se le podría aplicar perfectamente aquella máxima de Azaña en virtud de la cual «lo más difícil de administrar es una victoria política». Tengo para mí que aquella mayoría absoluta tan amplia no fue muy bien administrada, sino todo lo contrario.

Las incógnitas políticas que vive Asturias tendrán que ser despejadas por el PP cuando haga público a qué candidato elige para nuestra tierra. Y es que, aunque el curso político esté oficialmente acabado, hay una tarea para septiembre que no puede ser soslayada.

Y, por otro lado, no podemos dejar de preguntarnos cómo es posible que el partido conservador no se haya conducido en este asunto con más sensatez. Cuando Gabino de Lorenzo se refirió estos días a la normalidad que supone la existencia de un debate interno para elegir a la persona que esté al frente de la candidatura, pasó por alto una obviedad mayúscula: que un debate deja de ser interno cuando se emiten comunicados de rechazo a un hipotético candidato. Ese espectáculo, sumado a la ausencia del Presidente del partido asturiano cuando algo así se hace público, no favorece la buena imagen pública de un partido.

El «acontecimiento Cascos» sigue siendo, hasta que se descarte o se confirme su candidatura, el principal asunto político de esta tierra, seguido de otro no menos trascendente, como es el resultado de la encuesta del CIS que publicó LA NUEVA ESPAÑA acerca de lo que los asturianos piensan del estado autonómico.

Sin entrar en otras consideraciones, que tendrían que ser abordadas en un artículo aparte, el hecho de que en esta tierra no se considere que son muy útiles las instituciones autonómicas supone un estrepitoso fracaso de todos los Ejecutivos llariegos que hasta ahora hemos tenido, particularmente del arecismo que lleva once años gobernando Asturias.

De éso, los candidatos, una vez que estén oficialmente nominados, deberían tomar buena nota, porque lo que está en juego no es ya que su proyecto sea más o menos convincente, sino algo mucho más profundo: que la existencia misma de un Gobierno autonómico tenga sentido para una ciudadanía asturiana que lo sustenta con sus impuestos, sus trabajos y sus días.

Categoría: Opinión Comentarios(6) agosto 2010

6 Respuestas a “Del discurso de Cascos en Valencia de don Juan y otros eventos de la vida pública astur”

  1. Aquiles Says:

    Buen artículo, don Luis, como en usted es habitual. La pena es que no lo haya dedicado enteramente a analizar el discurso de Cascos que, como tal, fue bueno y que, cn perdón para un republicano de pro como usted, mostró que el rey estaba desnudo, es decir, el bajo nivel del discurso político, especialmente en Asturias.

  2. María de la A Says:

    Eso es, buen artículo sobre un asunto que no parece tener un gran atractivo estético, pues no deja de ser un rifirrafe entre politicastros, aunque el análisis es impecable, marca de la casa.

  3. Julia Says:

    A mí también me parece que el discurso de Cascos es bueno y que además tapa la boca a quienes decían que sólo estaba enredando, pues es claro que se manifiesta disponible.
    Lo que no me encaja es que hable contra las camarillas, cuando él también las tiene y las tuvo.

  4. Ferdinando Says:

    El silencio como respuesta más cabal a una pregunta inexistente. Rajoy tiene todo un dilema: o que sigan en el PP los apoltronados perdedores, o apostar por Cascos sabiendo que le saldrá contestario desde Asturias.
    Mientras tanto, lo que no parece preocupar a nadie es Asturias.

  5. Asturólogo Says:

    Los del PP asturiano están que lo vierten. Prefieren que gobierne el PSOE, antes de que gane Cascos. ¿A quién sirven?

  6. mariñana Says:

    Descarado,está claro que lo que menos les importa es nuestra tierra….hay que agarrase a los sillones………

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