Tras la dimisión del consejero Iglesias Riopedre

Por Luis Arias

Extraño verano éste, que tantos ceremoniales de despedida escenifica. Por estos lares, vemos el abandono de las obras de la interminable autovía de La Espina, sin operarios ni maquinaria. El presidente del Gobierno asturiano ya declaró oficialmente que no repetirá como candidato. Y ayer su viejo camarada Iglesias Riopedre presentó la dimisión por motivos de salud. El principio del fin del arecismo. La cuenta atrás de un ciclo político que concluye.

Lamento, de más está decirlo, que la dimisión de Riopedre obedezca a razones de salud. Y, dicho esto, somos muchos los docentes que nos preguntamos si es posible que con su marcha pudiera cumplirse aquello de que cualquier situación, por mala que sea, resulta susceptible de empeorar. Porque si hubo una constante en el Consejero que acaba de dimitir fue la de su nula relación con el profesorado. Porque hablamos de alguien que fue, sucesivamente, fraile dominico, comunista ortodoxo y consejero de sucesivos gobiernos titulados socialistas. Porque hablamos de alguien que perteneció a un Gobierno que llevó a término de forma chapucera la mal llamada carrera profesional. Porque hablamos de alguien que planteó una evaluación del profesorado que para nada contemplaba ni contempla otros méritos que no sean un alto número de aprobados, así como la participación en actividades de los respectivos centros, excluyendo investigación y publicaciones, igualando en importancia cursos impartidos por los respectivos centros de profesores con los que puedan recibirse en cualquier Universidad.

Porque hablamos de alguien para quien no existe la llamada carrera docente.

Hablamos de una trayectoria marcada por tres ortodoxias distintas, la frailuna, la marxista y la arecista, y de un solo Riopedre verdadero.

Ortodoxo a más no poder con el espíritu de la LOGSE y el de su hermanita pequeña la LOE. Heterodoxo, sin embargo, con el principio de igualdad a la hora de diseñar políticas educativas en el entorno rural, sin ir más lejos, en la localidad tinetense de los Semellones y, más recientemente, con la amenaza de la supresión, que luego se volvió atrás, del Bachillerato en el Instituto de Boal.

El llamado informe PISA no debió formar parte de sus lecturas de cabecera. Y, como buen ex comunista, mostró siempre una enorme debilidad por las estadísticas, subidas al altar de los datos en sus correspondientes hornacinas, importando mucho más eso que la realidad.

Entre las muchas cosas que quedarán para el recuerdo de su gestión se encuentra la de los sesenta y nueve asesores a principios de esta legislatura que ahora concluye, larga lista en la que figuraba un ex alcalde de Cangas del Narcea, que llevaba casi treinta años fuera de las aulas, lo que no fue óbice para que se considerase que sus tareas podrían marcar un antes y un después en la enseñanza en Asturias. Quien esto escribe se ocupó del referido asunto en varios artículos, pero don José Luis nunca consideró apropiado dar explicaciones al respecto.

Por otro lado, leyendo este periódico, no me pasan desapercibidas las valoraciones, que no son unánimes, que hacen los sindicatos acerca de su gestión al frente de la Consejería. Dicha la perogrullada de la libertad de cada cual para opinar como mejor considere, es inevitable tener en cuenta, en primer término, el alejamiento que existe entre unos liberados sindicales que sólo visitan los centros como vendedores de lotería y como solicitantes del voto y el profesorado al que dicen representar, aunque la afiliación que tienen sea significativamente baja. Unos representantes sindicales, liberados de la tiza, que, desde luego, no están en las mejores condiciones de conocer la realidad de los centros docentes.

Poco antes de las elecciones autonómicas y municipales de 1999, llegaba a los centros una comunicación del candidato Areces explicando sus proyectos para unas transferencias que en materia educativa estaban a punto de materializarse. Lo cierto es que, a lo largo de estos once años, las relaciones entre el profesorado y los responsables de las políticas educativas de don José Luis fueron manifiestamente mejorables. Los docentes asturianos seguimos encontrándonos entre los que menos cobran de España, por mucho que las titulaciones, el sistema de oposición y el trabajo a realizar sean idénticos. Pero no se trata del único problema, ni siquiera del más importante.

Porque el señor Iglesias Riopedre, desde que estuvo al frente de la enseñanza no universitaria en Asturias, primero en una Viceconsejería y, más tarde, como Consejero, en ningún momento se esforzó por mejorar las condiciones de trabajo ante los problemas de indisciplina que cada vez van a más. Con una jerigonza digna de formar parte de la borgiana historia universal de la infamia, el profesorado carece de autoridad para evitar que alguien decida reventar el desarrollo de una clase, con lo que eso supone de menoscabo de derechos no sólo para el docente, sino también para el alumnado, que no puede ser debidamente atendido.

Se trata de un problema que, en efecto, no sólo sucede en Asturias, pero aquí el responsable político era hasta el momento don José Luis.

Se trata de un problema que es obviado por los sindicatos, pues el reino de los responsables sindicales que desertaron de la tiza no es de este mundo.

Nos deja el señor Riopedre con la inevitable frustración que supone no haber apoyado, desde teóricos planteamientos de izquierdas, unas condiciones dignas de trabajo, así como no haberse volcado con los centros menos dotados y con las comarcas en las que las familias, como si fuesen una ciudadanía de segunda, apenas disponen de opciones para decidir dónde y cómo se forman sus hijos desde la infancia.

Categoría: Enseñanza Comentarios(5) agosto 2010

5 Respuestas a “Tras la dimisión del consejero Iglesias Riopedre”

  1. Asesora riopedriana Says:

    Estaba segura de que usted seguiría recordando el asunto de los 69 asesores de Riopedre hasta el momento de su despedida. Pero pierde usted de vista que se trató de un chiringuito más que se hizo, no contra el parecer del Consejero, sino de espaldas a él, que se lo tragó sin decir ni mu.

  2. Docente en frenesí Says:

    Le agradezco este artículo, distinto a la mayoría, que elogiaban una trayectoria indefendible.

  3. xosé Says:

    Les rates abandonen el barcu…y equí nos quedamos con esti maraviyosu panorama. Había que preguntar a esti señor si sabe algo de la salú que gasten miles de persones que tán al paru con fíos y familia. Qué más-yos da. Ellos ya tienen la vida solucionada. Y de los chiringuitos qué te voi decir. Recorten salarios y servicios sociales, infraestructures imprescindibles, pero ai non, los chiringuitos nin tocalos!!!

  4. Mayte Says:

    Como la mayoría de los docentes, creo que en el mandato de Riopedre las sombras pesan mucho más que las luces, nunca tuvo otro discurso que no fuera el de templar gaitas a remolque de lo que estaba sucediendo y apoyándose en unos sindicatos que sólo se representan a sí mismos.

  5. Isabel Says:

    Como profesora damnificada por la gestión de Riopedre y por los compadreos de los sindicatos, te doy las gracias por tu artículo.

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