José María Martínez-Cachero: una vida para la literatura

Por Luis Arias

El pasado jueves a mediodía, al llegar a mis manos LA NUEVA ESPAÑA, me enteré de la muerte de don José María Martínez Cachero. Por mucho que supiera que su estado de salud no era óptimo, la noticia de su fallecimiento, además de ser un mazazo, no dejó de sorprenderme, sobre todo porque me resultaba inconcebible imaginarme al catedrático de Literatura inactivo en sus investigaciones. De hecho, en la última conversación telefónica que mantuvimos, me habló de que preparaba una reedición actualizada de la obra en que Españolito se ocupaba de los escritores asturianos de principios del XX. Y, desde entonces, daba por hecho que continuaba con esa tarea.

Pasaron años, muchos años, desde la primera clase suya a la que asistí en la antigua Facultad de Filosofía y Letras. Años en los que mi admiración, respeto y afecto hacia el profesor Cachero no sólo se mantuvieron, sino que fueron a más.

Don José María me dio clase en 2.º, 4.º y 5.º de Filología Española, también en un curso de doctorado y, además de eso, tuve la suerte de haberle tratado desde entonces. Le estoy agradecido no sólo como alumno, sino también por la generosidad que en todo momento me mostró.

Si mi memoria no me falla, creo recordar que en algún momento manifestó en una entrevista que el mejor recuerdo que se llevaba de su vida universitaria era el de sus alumnos, algo en lo que sin duda hay reciprocidad. A este propósito, me permito hacer un breve recordatorio de aquellas clases suyas, para mí inolvidables.

Tras el cambio de gafas, con su meticulosidad acostumbrada, ponía sobre la mesa los apuntes y algún libro. Antes de entrar en materia, se aludía siempre a la sesión anterior. Y así empezaba cada clase, con datos precisos, con un tono de voz en el que nunca asomaba la estridencia, lo que no estaba reñido, claro es, con alguna ironía que se deslizaba, sin que con ello buscase una hilaridad colectiva. Y, por lo común, sostenía un bolígrafo en su mano como acompañante inseparable en sus disertaciones.

Nunca olvidaré su rigor y erudición, siempre tendré presente la cortesía, sólo distante en apariencia, que tenía con sus alumnos. En todo momento le agradeceré la pulcritud tan sistemática con que nos transmitió la historia de la literatura en sus clases.

Hemos perdido a un catedrático e investigador en cuya trayectoria docente y científica jamás hubo lugar para lo agrio. Se nos acaba de ir la persona que tuvo el valor y el impagable mérito de reivindicar el valiosísimo legado literario de Clarín cuando las resistencias a la obra de Alas eran muy fuertes por razones muy distintas a la estética. Y es que nadie que esté mínimamente informado puede negar que Cachero contribuyó de forma decisiva al merecido prestigio que goza universalmente la obra de Clarín.

Dicho esto, no se le haría justicia si se le recordase sólo como un gran especialista en Clarín, porque su obra de investigación es mucho más amplia. Ahí están sus estudios sobre la novela española de posguerra, sus investigaciones sobre la literatura ultraísta, sus análisis sobre otro excepcional escritor asturiano, Pérez de Ayala, concretamente sobre las llamadas «Novelas poemáticas de la vida española», y así un largo etcétera.

Invito al lector a que lea el prólogo que escribió don José María a un delicioso libro de Azorín que tiene por título «Las confesiones de un pequeño filósofo». En esa introducción no está sólo el estudioso de la obra del escritor alicantino, sino que también hay una prosa de excelente calidad, propia de un escritor de oficio.

Entre los muchos libros publicados por don José María Martínez Cachero, está el que dedicó a Andrés González Blanco, que tiene por título «Una vida para la literatura».

Pues bien, podría decirse que la vida del catedrático ovetense fue, ante todo y sobre todo, para la literatura. Para la buena literatura, en lo que fueron sus trabajos y sus días dedicados a Clarín. Pero, en este caso, hay que insistir en que su mérito no radica sólo en haber sido el investigador que más coadyuvó a que «La Regenta» esté justamente considerada como una de las obras maestras de la literatura en nuestro idioma, lo que ya es extraordinario, sino también en haber llevado esta tarea a contracorriente, o, en el más favorable de los supuestos, en circunstancias no muy propicias.

Pues bien, las dificultades, llamémoslas ajenas a la literatura con las que se encontró, nunca fueron utilizadas por Cachero para esgrimir un discurso de victimismo como pudieron hacer otros con razones mucho menos poderosas. Y esto que digo es una prueba inequívoca de una elegancia de la que no andamos muy sobrados.

En algún momento habrá que preguntarse si Asturias fue justa con Cachero. Alguien tendrá que dilucidarlo. Sea como fuere, la huella que dejó a lo largo de sus muchos años de docencia es omnipresente en nuestra tierra.

Y no quisiera terminar este artículo sin hacer mención a un momento que fue muy especial para mí. En el primer trimestre de 2007, en la sede del RIDEA se celebraron unas jornadas en memoria de Valentín Andrés Álvarez en el 25.º aniversario de su muerte. Habían pasado muchos años, y, en aquella ocasión, tuve el privilegio de estar al lado del profesor que tanto me había enseñado sobre la literatura española del siglo XX, un periodo histórico y literario que me sigue asombrando y fascinando.

Gracias, infinitas gracias, don José María.

4 Respuestas a “José María Martínez-Cachero: una vida para la literatura”

  1. Poetisa de Vetusta Says:

    Su andar cansino, su tono profesoral, su flema, su erudición. Con Cachero se va un profesor irrepetibe, un estilo propio, un referente de aquella antigua Facultad de Filosofía y Letras a la que hace mención en su artículo.

  2. Estudiantón Says:

    Lo más dificultoso de los exámenes de Cachero eran sus preguntas sobre las lecturas obligatorias, que si no tenías una idea de conjunto no se sabía por dónde afrontarlas.
    Era una forma de enseñar a leer de forma exigente y rigurosa.

  3. Carbayonina Says:

    La Vetusta clariniana formaba parte de ese enorme archivo andante que fue Cachero. Pero también supo asomarse a otros horizontes literarios de los que obtuvo todos los datos importantes para historiarlos.
    Lo malo es que ese archivo se fue con él.

  4. un lector asiduo Says:

    Gracias por expresar de un modo tan delicado y respetusos el recuerdo de un profesor al que muchos hemos admirado.

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