Tras las riadas

Por Luis Arias

Por el Narcea, bajaban troncos, se multiplicaban los rabiones y la niebla se desplegaba hasta las orillas. Lo que hubo fue mucho más allá de lo que se espera de las tormentas primaverales. Fue una tromba de agua que apenas dejó tregua entre el pasado fin de semana y el martes de la actual. Los ríos crecían, los manantiales reventaban y muchos regueros reaparecían enloquecidos, al tiempo que nuestros ánimos se encogían y arrugaban, sintiéndonos inermes e indefensos ante lo que estaba cayendo.

Mirar al cielo deseando que parase de llover; observar las vegas y los caminos con temor y temblor por las inundaciones; recordar experiencias similares; estar alerta ante lo que pudiera ocurrir.

Pocas veces la inmediatez es tan abrumadora y absorbente. Pocas veces, la espera es tan intensa y se constri√Īe tanto en el espacio y en el tiempo.

Cuando escribo estas l√≠neas, el sol de junio se abre paso entre las nubes viajeras, que presentan resistencia a retirarse. El Narcea baja a√ļn muy crecido. El paisaje sigue presentando las secuelas de las lluvias. Tierras anegadas, barro, charcos, desprendimientos.

Hay quien recuerda que en “turbiadas” como √©sta, a√Īos atr√°s, las anguilas proliferaban de forma espectacular. Hay quien relata antiguas riadas. Hay quien repite que el agua desbordada es tan diab√≥lica como el fuego, siempre encuentra sitio para expandirse y no hay manera de controlarla.

Pero, más allá de lo inevitable, más allá del recordatorio de que, aunque creamos lo contrario, no dominamos la naturaleza, lo que se puso de manifiesto en estos días de desbordamientos es, como oportunamente recuerda este periódico en su editorial, el afloramiento de ciertas imprevisiones para las que nunca hay responsabilidad.

Nos visita la ministra y su pr√©dica es, claro est√°, solidaria. Pero, m√°s all√° del tiempo que se tardar√° en restablecer la normalidad en las carreteras, m√°s all√° de los da√Īos sufridos en las tierras de labor que a√ļn se cultivan, lo verdaderamente dram√°tico es el momento que viven aquellas personas cuyas casas han sido seriamente da√Īadas por el temporal, cuando no destrozadas, como ocurri√≥ en Bao.

¬ŅQui√©n les mirar√° a los ojos disculp√°ndose por las consecuencias de las imprevisiones? ¬ŅQui√©n asume que, al margen de las indemnizaciones que puedan recibir, el sufrimiento de estas personas es ya irreparable?

Y, en otro orden de cosas, no s√≥lo bajaban troncos y ramas, empujados por el r√≠o embravecido, sino que tambi√©n naufragaban pl√°sticos y otros materiales de desecho, arrancados por las lluvias de diversos basureros piratas. Y esto tambi√©n forma parte del cap√≠tulo de imprevisiones y de chapuzas de las que nadie asumir√° responsabilidad alguna. ¬ŅPara qu√©?

Les prometo que los veo, con sus tijeras cortando cintas, posando para la efímera foto. Les prometo que los oigo haciendo promesas que sabían de antemano que no iban a cumplir. Les prometo que me llega el eco de muchos de sus discursos hablando de desarrollo sostenible, de preocupación por el medio ambiente y de Dios sabe cuántas monsergas más.

Lo que sucede es que las lluvias torrenciales se encargaron de poner al descubierto la banalidad de sus peroratas. Se diría que, también ellos, naufragan, como los plásticos, sobre las aguas camino de ninguna parte.

Ayer me acerqu√© a Pravia. Lo cierto es que, si ya el Nal√≥n bajaba desbordado, el empuje del Narcea que llevaba incorporados el Pig√ľe√Īa y el Nonaya, termin√≥ por reventar todos los cauces, los de siempre y tambi√©n los improvisados. Lo cierto es tambi√©n que es tal el amor que uno siente por estas tierras que no puedo no encontrar belleza en cualquiera de los aspectos que el paisaje presente.

El restablecimiento de la normalidad ser√° lento. El recordatorio de estos d√≠as tardar√° en asentarse en el limbo de nuestra memoria. Las inquietudes sufridas no se ir√°n de forma fulminante como algunos sue√Īos cuyo relato no conseguimos atrapar tan pronto nos despertamos.

Y es que otra de las ense√Īanzas de lo ocurrido, no por sabidas menos provechosas y certeras, consiste en percatarnos de cu√°les son en verdad nuestras dependencias m√°s inevitables. Por ejemplo, con ese cielo que nos trajo a mal traer estos d√≠as; por ejemplo, con los itinerarios que recorremos diariamente y que, de repente, pueden presentar obst√°culos no siempre salvables.

Y, mientras tanto, con toda Asturias alterada por las consecuencias de las fuertes lluvias de estos días, a nuestro caudal de vivencias ha venido a sumarse el acontecimiento de las riadas y desbordamientos.

Tambi√©n somos lo que no pasa, tambi√©n somos seg√ļn asumimos lo que nos sucede.

Y, en un momento como éste, cuando un viento suave despereza las ramas de los árboles, cuando los pájaros cantan resguardados en la yedra, cuando el agua de las fincas anegadas brilla haciendo de improvisado espejo de una microscópica parte del paisaje, es imposible desentenderse de lo que acaba de acontecer, y uno piensa en las comunicaciones que se han cortado.

Ahora mismo el camino a Salas es m√°s estrecho y largo al estar cortada la 634 entre Cornellana y la capital del concejo. Ahora mismo, estos parajes viven m√°s a fondo su insularidad tan definitoria de lo que somos, de lo que es Asturias.

Y, en la misma medida que las carreteras se cortan, las aguas se abren paso como las llamas, tomando caminos imprevisibles, sin voluntad alguna de emprender la retirada.
http://www.lne.es/occidente/2010/06/19/riadas/931361.html

Categoría: Bajo Nal√≥n Comentarios(3) junio 2010

3 Respuestas a “Tras las riadas”

  1. Desde Pravia Says:

    Con las vegas abandonadas, con los regueros tupidos por las basuras acumuladas, con las cunetas de las carreteras desatendidas, cuando llueve mucho, las consecuencias est√°n a la vista.
    Lo √ļnico que no florece son los sonrojos de los responsables pol√≠ticos.

  2. Llóndriga del Narcea Says:

    Aquí lo más ofensivo no es la incompetencia, ni la ineficacia, sino la desconsideración con que nos tratan. Somos pocos, población envejecida, si las carreteras se hunden, ya daremos explicaciones diciendo que están en ello.
    ¬°Y se quedan tran frescos!

  3. Antón Says:

    A Areces no se le desbord√≥ ning√ļn r√≠o, a los Alcaldes, no se les ocurre exigir eficacia a los mandamases de su partido a los que sirven.
    Y, ante todo lo que se puso en evidencia, aquí nadie da explicaciones, ni tampoco nadie se pone al lado de las personas a las que dicen representar.

Escribir comentario