Ese discurso que se esgrime a tientas

Por Luis Arias

“Ya en tiempo de los Antoninos se advierte claramente un extraño fenómeno, menos subrayado y analizado de lo que debiera: los hombres se han vuelto estúpidos. Pero el síntoma y documento más terrible de esta forma, a un tiempo homogénea y estúpida, que adopta la vida de un cabo a otro del Imperio, está donde menos se podía esperar y donde todavía, que yo sepa, nadie la ha buscado: en el idioma… La sabrosa complejidad indoeuropea, que conservaba el lenguaje de las clases superiores, quedó suplantada por un habla plebeya, de mecanismo muy fácil, pero a la vez, o por lo mismo, pesadamente mecánico, como material; gramática balbuciente y perifrástica, de ensayo y rodeo, como la infantil? Es (el latín vulgar), en efecto, una lengua pueril o gaga, que no permite la fina arista del razonamiento ni líricos tornasoles. Es una lengua sin luz ni temperatura, sin evidencia y sin calor de alma, una lengua triste que avanza a tientas. Los vocablos parecen viejas monedas de cobre, mugrientas y sin rotundidad, como hartas de rodar por las tabernas mediterráneas» (Ortega y Gasset).
Lo sabemos, sí, somos, en el occidente de Asturias, una población cada vez más envejecida. Por eso no nos resulta extraño que, desde los medios públicos, se nos hable como si fuésemos duros de oído (y hasta de mollera). Pero, en el caso que nos ocupa, no se trata sólo de la música (del tono que se emplea cuando se dirigen a nosotros), sino también de la letra, es decir, de las perogrulladas que se nos dicen, especialmente cuando se solemnizan como si el discurso de turno fuese una de las últimas grandes aportaciones al pensamiento occidental. Eso ya es excesivo, oiga.

¿Por qué nos hablan así? ¿Por qué nos quieren hacer creer que, con las duras medidas que se están adoptando, no solo saldremos a flote, sino que, además, sin tardar mucho tiempo, todo irá a mejor? Aceptado lo obvio: que estamos padeciendo una fuerte crisis y que es necesario ahorrar dinero público, lo que toca es preguntarse, no ya por qué hemos llegado a esta situación y dónde están las causas y los causantes, sino si es ésta la forma, justa y necesaria, de combatir la crisis.

Vayamos a lo más llariego. Dado el alto porcentaje de pensionistas que hay en estas comarcas del occidente asturiano, dato que les sirve a algunos para exhibir la media verdad de que el paro no es alto (y no puede serlo porque mucha gente tiene que abandonar su entorno para encontrar trabajo), la congelación que se aprobó empobrecerá aún más nuestras vidas. Si además se tiene en cuenta que en muchos concejos pequeños, los ayuntamientos son las principales «empresas», el recorte en los sueldos de los funcionarios reducirá también considerablemente el consumo, con lo que un panorama que de por sí no era muy halagüeño aún se oscurece más.

Será muy interesante saber hasta qué extremo serán solidarios los políticos locales «liberados» con los duros tiempos que vivimos, es decir, habría qué conocer, con datos concretos, qué porcentaje de sus emolumentos será recortado. Porque el colmo de los colmos, que esperemos que no se produzca, sería que aquí todo el mundo se baje el sueldo menos los ediles de los ayuntamientos que cobran.

Tiempo hace que se hicieron públicos los patrimonios de los ministros del Gobierno de España, así como los de los alcaldes de los ayuntamientos de las grandes ciudades asturianas. En algunos casos, se desperdició una gran oportunidad de que cundiese el ejemplo en todas las instituciones. Esperemos que ahora, dado el cariz que toman los acontecimientos, se hagan públicos esos datos. Sería muy saludable para la vida pública.

Vuelvo, no obstante, a preguntarme por qué nos hablan así, por qué se actúa como si la ciudadanía fuese estúpida. ¿Cómo es posible que todo un presidente del Gobierno, que se declara de izquierdas, haya repetido hasta la saciedad que con él los trabajadores no verían lesionados sus derechos, y ahora sabemos que, con acuerdo o sin él, entre sindicatos y trabajadores, se abaratará el despido, con una reforma laboral que, me temo, la derecha nunca se hubiese atrevido a hacer?

Llevo muy mal que, en el discurso político, se pongan comparaciones futbolísticas, máxime cuando se trata de un deporte en el que el despilfarro y los endeudamientos también están a la orden del día, y ello por no referirse a la más que dudosa ejemplaridad de muchos de sus dirigentes.

Soporto aún peor que, en esta Asturias de los sobrecostes y de los retrasos en las obras públicas, se nos obligue a los empleados públicos y a los pensionistas a unos sacrificios en pro de una crisis que no hemos provocado, y que, para mayor baldón, ello se haga desde unos poderes públicos en los que, en todos sus ámbitos, la moderación en el gasto no es precisamente uno de sus rasgos distintivos más definitorios.

Si las administraciones no han sido capaces siquiera de calcular bien los presupuestos de sus obras, pues vivimos en la Asturias de los sobrecostes, somos otros lo que cargamos con todo ello, sin que ni siquiera se tomen la molestia de preguntarse lo que ello supondrá en nuestras vidas.

¿Estaremos viviendo una de esas épocas en las que, según Ortega, la Humanidad se vuelve estúpida y la vida pública se sustenta en discursos en los que el idioma y la inteligencia son insultados a un tiempo?

¿No estaremos, más bien, asistiendo a un momento histórico en el que fracasó un modelo económico y social y, en lugar de buscar alternativas, no se esgrimen más que discursos con un nulo poder de convicción porque se sustentan en un arsenal de ideas que están como esas monedas oxidadas con las que Ortega compara las palabras de aquel latín vulgar que daba cuenta, entre otras cosas, de una decadencia irremisible?

Ese discurso que se esgrime a tientas en el que casi todo sale malparado; a menudo, hasta la gramática.

Categoría: Opinión Comentarios(15) junio 2010

15 Respuestas a “Ese discurso que se esgrime a tientas”

  1. Mayte Says:

    Se agradece ver este artículo en el blog, con la entrada y el texto debidamente separados.
    Se le nota al autor que es docente y que se horroriza, aunque no lo diga, viendo que el espíritu de la LOGSE llegó a la política.

  2. Mario Says:

    Aunque lo que se dice en el artículo tenga un alcance extrapolable a todo el país, no tiene desperdicio lo que plantea con respecto al occidente de Asturias, donde la única política que se lleva a cabo es tratar a los jubilados como a niños a los que riñen y miman, lo que es puro paternalismo caciquil, mientras que al resto pocas más opciones les dejan que no sea emigrar al centro, o, incluso, fuera de Asturias.

  3. Manolo Says:

    Lo de preguntarse si los ediles de los pequeños Ayuntamientos intentarán pasar de largo de los recortes salariales es de lo más oportuno.
    Habrá que estar atentos a la jugada.

  4. María de la A Says:

    Alardear de que no hay paro donde la gran mayoría de la población son jubilados es una de la smuchas maneras de considerar estúpida a la ciudadanía.

  5. Belmontina Says:

    Añadan ustedes otro dato al alto número de población jubilada: entre las pocas familias jóvenes con hijos que hay por esta zona, más de una tuvo que trasladarse al centro de Asturias para evitar problemas de transporte escolar y cosas por el estilo para los chavales.
    Acabarán saliéndose con la suya: todo esto se quedará para minicentrales y canteras. La gente estorba.

  6. Carbayonina Says:

    ¿Y cuándo te piensas ocupar del Oviedín del alma al que perteneces? ¿O es que ya no te acuerdas?

  7. Obona Says:

    En una situación como ésta. todos los Ayuntamientos deberían comunicar oficialemente las rebajas en los sueldos de sus ediles “liberados”. No hacerlo es una burla intolerable a los funcionarios convertidos en víctimas de una situación económica que no provocaron.

  8. Vaqueiro en Madrid Says:

    Al leer el comentario que escribió Belmontina, aunque no me pilló de sorpresa, no pude evitar la indignación. Es verdad que actúan políticamente para forzar a marcharse a los pocos que quedan. Estarían encantados con hacer de nuestra zona dos parques: uno temático y el otro, geriátrico.
    Gracias por ser tan claro.

  9. Somedano Says:

    Los problemas de los Ayuntamientos pequeños son muy comunes, pero el mayor de todos ellos proviene de aquellos equipos municipales que llevan décadas en el poder. Crece el caciquismo y mengua la vida ciudadana. Parece algo irremesible y fatídico.

  10. El Curión Says:

    Tiene toda la razón, Somedano. Pero creo que aquí, en el concejo de Salas, el caciquismo es insuperable.

  11. Dulce Galbana Says:

    Una sociedad que envejece es un mundo en descomposición, que, pase lo que pase, no se muestra combativo, y es ahí donde se aprovecha este nepotismo nada ilustrado en el ámbito muncipal. Saben que tiene impunidad para hacer lo injustificable. Lo saben y lo comprueban.

  12. Xicu Says:

    La palabra no tiene ningún valor, y no me refiero al compromiso que suponía para las gentes, sino a algo mucho más reciente, al maltrato que sufre el idioma en la vida pública, y eso da la medida de esa estupidez en la que vivimos a la que se refiere este artículo.

  13. Candamín Says:

    La primera avanzadilla de la última invasión eólica ya llegó por aquí. Si no hay un cambi de rumbo rápido y radical, sin tardar mucho, Sierra Sollera va a convertirse en un parque eólico gigante y también en una montaña plagada de canteras.
    ¿En el concejo de Salas, tampoco hay voces contra esto?

  14. Ramón Says:

    Y, puestos a restringir gastos, ¿por qué no se reduce el número de Ayuntamientos? ¿Necesitamos que sean 78?

  15. Selene3000 Says:

    Discursos demagógicos, palabras huecas y figurines de fachada, todo para seguir manteniéndose en el poder. La pena de todo esto, es que daña severamente a los pueblos y la gente

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