En la muerte de Carlos Álvarez-Ude (Tecleando al dictado del desgarro)

Por Luis Arias

«Un vaso en la tierra nunca se llena, / pero rebosa una lágrima que coges caliente / y, luego, se hace vapor, respiración, anhelo / y palabra, sobre todo, palabra y, por si se pierde, / un gesto, un simple gesto de amor infinito». (Carlos Álvarez-Ude)

Nunca dejaré de lamentarme por no haber acudido al homenaje que se te rindió no hace mucho en el Círculo de Bellas Artes. Ni creía ni quería creer que la cuenta atrás de tu vida, queridísimo amigo, se había puesto en marcha. Pero el hecho cierto, objetivo, como diría José Hierro, es que tu muerte se produjo el viernes 16 de abril. Y, por fortuna, en la prensa se están publicando artículos que te hacen justicia, entre ellos, el de Ruth Toledano y el de José Luis Ferris.

Conservo tu carta, dirigida desde la revista «Ínsula», en la que hiciste una labor tan encomiable, donde me pedías colaborar para un número extraordinario, en la primavera de 1990, sobre Azaña cuando se cumplía el cincuentenario de su muerte, y yo, por entonces, estaba escribiendo un ensayo sobre el que fuera presidente de la 2.ª República, ensayo que fue mi primer libro. Y a partir de entonces, siempre que visitabas Asturias, hacías lo posible para que nos viésemos.

Amigo Carlos, una de las delicias de las tardes de los domingos consiste para mí en leer con calma varios periódicos. La de hoy, sin embargo, rompe del todo con eso que te cuento, pues me encontré con la noticia de tu muerte.

Decir que me supuso un mazazo es poco. No pude no recordar tu presencia en esta casa en alguno de los últimos veranos de los noventa. Y revivo con dolor e impotencia, pero también con emoción y gratitud, las conversaciones que aquí mantuvimos. Siempre apostaste por la generosidad y apenas reparabas en las mezquindades tan frecuentes como imperdonables en el mundillo literario.

La poesía no sólo te debe tu obra de creación, sino también lo mucho que fomentaste su estudio con un rigor admirable que se puede comprobar a poco que se transite tu labor en la revista «Ínsula», que concluyó de una forma tan inesperada como injusta a finales de 2005.

Pero no es éste el momento de ocuparse de tu importante trayectoria como poeta y editor, ni tampoco de las injusticias de las que fuiste objeto. Las presentes líneas, marcadas por el estremecimiento y el dolor, sólo aspiran a ser el homenaje emocionado de alguien que se siente orgulloso de haber sido tu amigo.

Y es que contigo no sólo disfruté de la conversación de un hombre lleno de lucidez, sensibilidad y talento, sino también de esa bondad tuya que te hacía ser tan generoso y próximo. Hoy, hablando de ti, coincidimos en que, nada más conocerte, se tenía la sensación de que llenabas la atmósfera de un especial «decíamos ayer» por la proximidad que tenías con todos. Tan pronto se establecía una charla contigo, se sentía que eras un amigo de toda la vida.

Al tener noticia de tu muerte, son muchos los recuerdos que se agolpan, juntos, como latidos de un corazón que acaba de recibir una noticia desgarradora. Acude a mi mente aquella tarde en Oviedo en la que me hiciste entrega del número extraordinario de «Ínsula» dedicado a Clarín en el centenario de su muerte. Siguiendo en Oviedo, jamás olvidaré que la última vez que estuve en el ya desaparecido Café de Alfonso allí departimos Leopoldo Sánchez Torre, tú y yo.

Amigo Carlos, en los últimos años, nos comunicamos por correo electrónico y por teléfono. Percibí en ti, como siempre, empuje e ilusión, a pesar de las injusticias de las que fuiste objeto y en todo momento me llegó tu infinita nobleza.

Carlos Álvarez-Ude, poeta, editor y, sobre todo, amigo. Tu grandeza fue una gran lección en estos tiempos de mezquindades. Tu conocimiento del mundo literario, también de sus miserias, nunca te llevó a instalarte en la acidez, porque tus afanes siempre volaron alto, muy alto, como esa mirada tuya que generaba tranquilidad y bienestar.

En tu inmenso corazón, amigo Carlos, había sitio para todo, también para esta tierra a la que querías y conocías. Nada humano ni literario te era ajeno, tampoco lo que sucedía en Asturias.

En ocasiones, amigo Carlos, y ésta es una de ellas, escribimos con las tripas, con las entrañas, lo que vamos tecleando lo hacemos al dictado del desgarro.

Cigarrillos, sidra, confidencias, aspiraciones, desengaños, contigo compartidos que llevaré conmigo en todo momento, que tu magnanimidad hizo que se convirtiesen en incorporaciones que tanto y tanto me aportaron, que me aportaste.

Como te digo, Carlos, al dictado del desgarro te escribo estas líneas, marcadas por el dolor y la impotencia, sustentadas en un hermosísimo montón de recuerdos que gracias a tu generosidad siempre estarán conmigo.

Estoy seguro, Carlos, de que todos los que tuvimos la suerte de conocerte, en el momento mismo de enterarnos de tu muerte, sentimos con hondura a Miguel Hernández. Porque todos al unísono deseamos hablar contigo, hablar contigo mucho y de muchas cosas, compañero del alma, compañero.

Y es que sin ti el mundo se pierde a uno de los mejores conversadores que tuve el privilegio de conocer.

Y, por último, amigo Carlos, vas a permitirme que no entone adioses ni despedidas. Sé que lo que tú esperas de tus amigos y conocidos es que sigamos deseando que, como diría Serrat, la vida, soltándose el pelo, nos saque a salir con ella a escena.

Y, ante el dolor y el desgarro por lo sucedido, quieren oponerse y se oponen los gratos momentos que hemos pasado quienes disfrutamos del privilegio de tu compañía, amistad y conversaciones.

Te abraza tu amigo.

Categoría: 1 Comentarios(7) abril 2010

7 Respuestas a “En la muerte de Carlos Álvarez-Ude (Tecleando al dictado del desgarro)”

  1. Isabel Says:

    Más allá de la fuerte carga emotiva de este texto, se nota que está escrito, en efecto, desde el desgarro, y en ningún momento pierde un estilo poco frecuente en el lenguaje periodístico estandarizado.

  2. Cris Says:

    Le generosidad en el mundillo literario, que debería presuponerse más que en otros ámbitos, sí que necesita de un Diógenes que, tras muchos esfuerzos, pueda encontrarla. Le felicito por haber dado con ella en la persona de la que hace una necrológica tan sentida como hermosa.

  3. Feijooniano Says:

    Se nos habló mucho en nuestros años de carrera de la Revista “Ínsula” como una de las principales referencias críticas de la literatura que entonces se hacía. Y no podíamos figurarnos entonces que, andando el tiempo, llegase a publicarse, unos 40 años después, un número extraordianrio en todos los sentidos sobre la figura de Clarín, y que el alma de aquella revista, ya en tiempos democráticos, fuese una persona que llevase a Asturias muy adentro.

  4. Grano de Pimienta Says:

    Me sorprende que hasta el momento, en los medios asturianos sólo usted se haya ocupado de este poeta y editor cuando, por lo que parece, tan ligado estuvo a esta tierra.

  5. Margarita Camelia Says:

    Gracias por transmitir a través de este texto un sentido de la amistad tan inequívoco y hondo.

  6. Selene3000 Says:

    Es duro perder a un amigo, su necrológica lo expresa muy bien.
    No hace mucho enterré a una amiga muy querida. Cuando recibí la noticia, corrí al tanatorio. Un grupo de amigos, estaban recogiendo en un cuaderno, dedicatorias para entregarselo después a su anciana madre.
    Me quedé en blanco y lo único que fui capaz de escribir fue: “Hostia, hostia, hostia”
    Me senti avergonzada, ahora que leo la suya, me hubiera gustado haberle escrito algo así

  7. Clara Says:

    El texto es magnífico por el canto que se hace a la amistad y por lo bien escrito y jalonado que está de principio a fin.
    Y lo que cuenta Selene no pasa desapercibido. No tuvo motivos para sentirse avergonzada, expresó asombro, rabia e impotencia.
    De eso se trataba.

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